Política

Definiciones, turbulencias, dudas y sorpresas a trece días del cierre de listas

Alberto Fernández y Cristina Kirchner comparten un acto en Ensenada
De izquierda a derecha: Verónica Magario, Axel Kicillof, Sergio Massa, Alberto Fernández, Cristina Kirchner, y Jorge Ferraresi (Presidencia) (ESTEBAN COLLAZO/)

Horacio Rodríguez Larreta llegó solo a la pizzería emblema de los 90 en la esquina de Libertador y Tagle. En una mesa a prueba de miradas inoportunas lo esperaban Jorge Macri, Emilio Monzó y Joaquín De la Torre. Un trío político con nada en común hasta que la llegada de otro capitalino a la provincia, Diego Santilli, los unió en defensa propia.

“La interna va a ser una sangría. ¿Vos sacaste la cuenta que, aunque ganes, el PRO va a terminar perdiendo en números reales concejales, diputados y senadores provinciales?”, le preguntaron. El jefe de Gobierno porteño -que en esta etapa de su armado prefiere oficiar como su propio operador político- intentó explicaciones y análisis varios pero, en términos reales, se mantuvo imperturbable: “no hay que tenerle miedo a la interna, nos puede oxigenar”.

El cronograma electoral indica que el próximo miércoles cierran las alianzas y en trece días, el 24 de julio, las candidaturas. Oficialismo y oposición son un literal hervidero de especulaciones y tensiones varias. Ninguna por ideas. Todas por nombres propios o posicionamientos a futuro.

Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli
Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli

En el medio, Martín Guzmán en Europa logró que el G20 haga propio el reclamo de Argentina para que el FMI deje de cobrar sobre tasas a los países sobre endeudados (como el nuestro), un éxito diplomático que sigue pero el acuerdo o no acuerdo con el Fondo -central para el horizonte estratégico del país- parece no penetrar la agenda ni mediática ni política. El 2022 está a la vuelta de la esquina. Y con él el compromiso que Argentina firmó para pagar 19.020 millones de dólares a lo largo de ese año. Está clarísimo que esa plata no está ni estará. Pero ni los que se endeudaron ni los que tienen que pagar logran debatir mas allá de las chicanas.

Ayer se cristalizó finalmente el regreso político de María Eugenia Vidal a la ciudad de Buenos Aires, como habíamos adelantado hace un mes en esta columna. Horacio terminó comprando barata la rendición de Patricia Bullrich. El alrededor de la ex ministra estaba demasiado hambriento para tolerar dos años mas de desierto y ella no estuvo dispuesta a rifar en una interna su cucarda de Presidenta del PRO que le permite cabalgar (en bici o a caballo) por todo el país logrando atracción mediática.

Pero en la provincia no todo está a la venta. Y la foto intermedia termina siendo insólita. Porque la oposición camina hacia una interna que enfrentará un outsider como Facundo Manes que siempre coqueteó pero nunca se animó, con un político de toda la vida como Santilli. Sin embargo, atrás de Manes está el radicalismo y un armador de la política tradicional como Monzó que ya anunció que jugará con el neurocientífico porque no quiere reiterar los “errores macristas”. Y, atrás de Santilli, un armado PRO mas gerencial al estilo Macri-Larreta que de sumatoria de punteros distritales.

Lo mas probable es que Santilli le gane a Manes. El PRO es fuerte en el conurbano donde se concentra el 80% de los votos y el radicalismo en el interior. Pero igualmente que a Larreta se le haya escapado Monzó no es un dato menor. El jefe de gobierno se diferencia discursivamente de su jefe político pero en ocasiones termina cometiendo los mismos errores que Macri. Aunque parezca insólito, en política no todo se compra. Y Monzó más que por una candidatura a diputado o por un director del Banco Ciudad, se acerca a Horacio para sentirse parte de un proyecto político. No para ser empleado. Si quiere llegar a Presidente el Jefe de Gobierno debería aprender rápido estas sutilezas.

En tanto, en las filas oficialistas está claro que no hay espacio para internas. Ahí el juego se debate pero termina siendo vertical. Mientras Leandro Santoro se encamina por prepotencia de dialéctica televisiva a convertirse en el candidato del Frente en la ciudad de Buenos Aires, la cabeza de lista en Provincia sigue siendo una incógnita. La irrupción de Manes los desafía a no mostrar candidatos del pasado y la de Santilli a conseguir un perfil más empático que confrontativo.

CAFIERO
El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, (Presidencia)

Todas las fichas en ambos sentidos caen en Santiago Cafiero. Otros apuestan por Sergio Berni. En uno y otro caso el problema es Alberto Fernandez. No quiere desprenderse de su Jefe de Gabinete y se lleva como el tujes con el ministro de Seguridad bonaerense. Desde ya que en el menú hay mas alternativas. El tema será debatido por el Presidente y el Gobernador posiblemente esta misma semana.

Pero la discusión de nombres estaría siendo un tema menor en el Frente de Todos. Gobernar en medio de la pandemia y con un virtual default obliga a tomar decisiones amargas todos los días. Aliviados por el ritmo de vacunación en general, ahora el tema conflictivo son los chicos con comorbilidades. Y ahí Fernández tuvo que apelar a un DNU para conseguir vacunas pediátricas borrando con el codo lo que el Congreso había votado por unanimidad.

Vilma Ibarra lo convenció de que era la única salida posible. Y Alberto firmó -según cuentan- sabiendo que no era la solución sino el mal menor.

El “detalle” provocó escozor en las filas oficialistas. Máximo Kirchner fue quien primero levantó la voz en el Congreso. Pero más que que una chicana para el Presidente el diputado intentó acorralar discursivamente a la oposición. “Yo no quiero un país que tenga que ceder a los caprichos de los laboratorios extranjeros. Si un laboratorio nos obligó a cambiar todo el andamiaje legal, ¿qué vamos a hacer con el FMI? Si no nos ponemos de acuerdo a la hora de negociar esta deuda, la inversión que necesita el sector privado va a ser imposible”, reclamó el líder de la Cámpora.

La negociación por la deuda y la discusión política atrás de las distintas posibles salidas es una obsesión de Máximo. Esa misma noche Alberto lo llamó para felicitarlo por el discurso. Y al otro día intentó retomar sus palabras en la celebración en Tucumán del acto por el Dia de la Independencia. Pero al no hacer referencia directa a las palabras de Máximo sus dichos fueron leídos casi como una justificación o una respuesta.

Contrariado y disgustado por sentir que la prensa lo estaba enfrentando al diputado, el Presidente no sólo volvió a llamarlo para compartir su indignación sino que le recriminó telefónicamente a uno de los periodistas que había escrito sobre el tema y con quien chatea habitualmente.

“Los dos sentimos que Pfizer nos sometió a una disputa exagerada. Por eso los dos nos quejamos del peso de las corporaciones. El a su modo y yo a mi modo. No entiendo como interpretan las cosas. Los dos nos quejamos en cómo a oposición presiona para que cedamos por el pedido de una corporación. Pero los dos marcamos que Pfizer en argentina le vende el 80% de su producción al Estado. Él se quejó de como nos endeudaron y yo también lo hice. Nuca fuimos tan coincidentes (sic)”, explicaba, palabras mas palabras menos, Alberto a quien quisiera escucharlo.

Esta claro que una vez lanzada la campaña van a tener que afinar la puntería, al menos, para achicar el margen de maniobra de las “interpretaciones” libres.

Bonus Track 1

A pesar de los años de coaching Mauricio Macri tiene una autocensura demasiado light. Y sobre todo, cuando se siente cómodo con sus interlocutores. Así se sintió en Madrid en plena presentación de su libro “Primer tiempo”.

“Uno generalmente gana con el mensaje, hasta con el nombre y la palabra ‘Cambio’. El cambio también genera ambivalencias, es fascinante y a la vez te genera miedo. Nuestra tarea es demostrarle a la gente que no hay vuelta atrás. O sos parte del cambio o desaparecés…” Por el bien de todos Mauricio, autocensurando la palabra “desaparecer”.

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