Política

Reivindicación del populismo y el enfrentamiento con “el pueblo oligárquico”: así piensa el sucesor de Juan Zabaleta en Hurlingham

Damián Selci
Damián Selci, intendente de Hurlingham

Con la llegada de Juan Zabaleta al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en reemplazo de Daniel Arroyo, la intendencia de Hurlingham pasó a ser gobernada por La Cámpora. Damián Selci, militante y referente intelectual de la agrupación liderada por Máximo Kirchner, quedó al frente del Poder Ejecutivo municipal.

El cierre de listas en Hurlingham fue de los pocos tensos que sucedieron en el Frente de Todos donde en la mayoría de los distritos se pregonó por la unidad. Allí, el intendente cercano a Alberto Fernández se había presentado como candidato a concejal tras no llegar a un acuerdo con el kirchnerismo. Finalmente, la situación se destrabó y hubo lista de unidad entre el PJ y La Cámpora.

Sin embargo, “Juanchi” Zabaleta fue el elegido por el Presidente de la Nación para reemplazar a Daniel Arroyo en Desarrollo Social y pese a las disputas de semanas atrás, la intendencia de Hurlingham pasó a manos de la agrupación K. Tras la salida del jefe comunal, automáticamente el cargo fue ocupado por el titular del Concejo Deliberante. Damián Selci asumió funciones el pasado lunes luego de que se aprobara la licencia de Zabaleta.

Selci, de 38 años, es referente local de La Cámpora. Llegó a la gestión en el distrito de la mano de Martín Rodríguez, actual subdirector ejecutivo del PAMI y ex presidente del Concejo Deliberante de Hurlingham, quien primero lo ubicó en la Dirección de Cultura municipal, cargo en el que estuvo desde 2015 hasta 2017 cuando rompió con el oficialismo local a raíz del acuerdo entre Zabaleta y Florencio Randazzo para los comicios legislativos de ese año. Tras el fracaso del ex ministro de Transporte en las elecciones, “Juanchi” retornó a las filas de Unidad Ciudadana y en 2019, con todo el peronismo bonaerense unido, Selci encabezó la lista de concejales del Frente de Todos.

Escritor, crítico literario y músico, es autor de cuatro libros. En dos de ellos -La organización permanente y Teoría de la militancia, organización y poder popular- analiza la política y la militancia de base desde una óptica filosófica.

En Teoría de la militancia, Selci hace explícito su pensamiento político y se encarga de fundamentar el populismo y explicar las razones del fin de los regímenes de Cristina Kirchner, Hugo Chávez, Lula Da Silva, Rafael Correa y Evo Morales.

juramento de Alberto Fernandez  Jorge Taiana y Juan Zabaleta
El pasado martes Alberto Fernández le tomó juramento a Juanchi Zabaleta para asumir al frente del Ministerio de Desarrollo Social

En su obra destaca a Ernesto Laclau -autor de La razón populista- como el filósofo que pudo llenar el vacío teórico que había en relación a los gobiernos populistas que irrumpieron en América Latina a principios de ese siglo. ”Con Laclau, el populismo dejó de ser un agravio, y pasó a designar una forma (legítima, es decir, a priori neutral) de construcción política”, sintetiza en la introducción titulada “Por qué perdimos y qué significa ganar”. También toma el materialismo dialéctico de Slavoj Žižek y la fidelidad militante de Alain Badiou para indagar en la teoría de la militancia y la conformación política de las sociedades contemporáneas.

Con el fin de los mandatos populistas en América Latina sostuvo que “las experiencias populares” en la región fueron “interrumpidas” y reemplazadas por “gobiernos ultraneoliberales”: “Si en Argentina la gente votó a Macri, si en Brasil el pueblo permitió el golpe blando de Michel Temer, terminando así con gobiernos que lo beneficiaban y dando paso a gobiernos que lo agreden, ello puede obedecer a mil razones, pero en todo caso demuestra que la Voluntad popular puede ir contra sí misma, que el Pueblo es contradictorio, que existe un Pueblo ‘popular’ pero también un Pueblo ‘oligárquico’, y que esta cristalina y perfectamente maoísta ‘contradicción en el seno del pueblo’ constituye un paso lógico inevitable: ninguna otra cosa que la interiorización del antagonismo que define al populismo, ninguna otra cosa que la ‘asunción’ de que el problema está adentro nuestro”.

Plantea este concepto de grieta entre el pueblo popular y el pueblo oligárquico y remarca que hay “polos de contradicción” en el mismo pueblo: hay una parte que toma conciencia, y es el Politizado; hay otra parte que se “oligarquiza”, y es el Cualunque. En ese sentido considera que hay un “Otro”, “responsables de los males del pueblo”, al que también define como “el Enemigo”, y el “Frustrador universal”: “La Oligarquía”.

Selci explica que la oligarquía representa “un accidente externo para la sustancia (el pueblo)” y que bien podría no existir: “El Pueblo podría vivir sin la Oligarquía, pero la inversa no es posible: no hay modo que exista una Oligarquía sin el Pueblo. ¿Por qué? Porque la Oligarquía no puede mantenerse a sí misma. Vive a costa del Pueblo. Todo lo que es frustración en el Pueblo, es satisfacción en la Oligarquía. Así que si el Pueblo es la Inocencia, la Oligarquía es el Parásito”.

Al revisar la gestión de su jefa política, Cristina Kirchner, opina que “el kirchnerismo gobernaba con relativa comodidad” y que “sus logros económicos eran nítidos” pero que en 2008 en medio de la disputa con el campo por la Resolución 125, se provocó “una protesta iracunda de los terratenientes que rápidamente se convierte en una alianza con los medios de comunicación, la Iglesia y todos los sectores conservadores”. Consideró que ese hecho “olió” a golpe de Estado “blando”. Con el “voto no positivo” de Julio Cobos, Selci explicó que surgió el “antagonismo en su máximo esplendor: para la derecha era ‘el Gobierno contra el campo’, y para el movimiento popular era ‘el Pueblo contra las corporaciones’”.

Cristina Kirchner junto a Lula Da Silva y Hugo Chávez
Cristina Kirchner junto a Lula Da Silva y Hugo Chávez

Para el ahora intendente de Hurlingham, aquella disputa del gobierno con el campo tuvo de enemigos al kirchnerismo a “los medios de comunicación, las patronales agrarias, el poder financiero, el Poder Judicial y eclesiástico y los servicios de inteligencia”. La sesgada descripción fue acompañada de otra explicación en términos de grieta: hay un pueblo “politizado” cuyo “involucramiento se vuelve indispensable” y hay un “pueblo que no tiene el antagonismo como tal” de manera que “el antagonismo le termina pareciendo un malentendido y, por lo tanto, algo que se puede arreglar con palabras (o como suele pontificar la monserga socialdemócrata, ‘con instancias de diálogo’)” e ironiza que “en el Mundo Normal, hay que pagar cuentas, educar hijos, trabajar, dormir, ser explotado por el patrón, mirar deportes, ¡pero es que no queda otra! ¡Y este es el orgullo: aceptar lo que es como lo que es! ¡Sin soñar con ideales nocivos! Quien piensa así es el cualunque”. “Si el discurso politizado afirma que hay que hacerse cargo de la lucha, el discurso cualunque responde: dejen trabajar y vivir en paz”, sintetiza.

Luego pregunta “¿Se puede convencer a un Enemigo?”, y responde “evidentemente, no”. “Como nuestra relación con él es antagónica, eso significa que no hay lenguaje común entre nosotros, así que tampoco hay lo que se llama ‘diálogo’. Pero la contradicción politización-cualunquismo no es antagónica, sino ‘en el seno del Pueblo’, de manera que puede haber lenguaje común. Y esta posibilidad de lenguaje común es lo que permite articular la noción misma de batalla cultural”.

Para Selci, las falencias de los gobiernos populistas no es por culpa de sus presidentes sino de la oligarquía que “en bambalinas sigue manejando los hilos del país y boicotea las políticas de gobierno”.

Sin embargo, supone que el presidente populista tiene “un activo fundamental”: “Fue quien satisfizo el mayor número de demandas: trabajo, educación, salud, desarrollo, justicia social”. Sin embargo, la gestión de este tipo de regímenes “no alcanza” y “sus propias bases siguen demandando cosas cada vez más sofisticadas”. ”El que antes pedía trabajo, ahora quiere no pagar impuestos; el que antes pedía salud, ahora reclama viajar al exterior, etc. No valoran el increíble esfuerzo realizado hasta ese punto, ni estiman el enorme peligro de que la catarata de demandas termine derribando al gobierno populista. Simplemente demandan”, opina y cuestiona al pueblo que “en lugar de ponerse junto al gobierno, que bueno o malo va a representarlos mejor que ninguna otra opción disponible, siguen demandando”.

Y además critica que la gente no se involucre para “librar nuevas luchas políticas” frente a las nuevas demandas que el propio pueblo busca saciar. “Empiezan a sentir insatisfacción y en este momento, ya son materia disponible para la Oligarquía, que puede colocar sus demandas en una lógica antipopular y lanzar eficientes golpes contra el gobierno”. De esta forma Selci resumió el “impasse populista” de Brasil, Ecuador y Venezuela y que hasta hace poco tiempo atrás también atravesó Argentina y Bolivia.

El referente intelectual de La Cámpora cree que el problema está “en la noción misma de la satisfacción de demandas”. Sostiene que la estrategia del populismo es hacer política a partir de las demandas insatisfechas y que las dificultades surgen cuando hay “demandas imposibles de satisfacer” porque “nunca son directamente lo que dicen ser” y que son emitidas con el objetivo de probar hasta dónde el Gobierno puede responder.

“El gobierno de un lado, el pueblo del otro –de manera que la idea de un ‘gobierno popular’ se vuelve una quimera o un oxímoron, o sea: una mentira que la militancia se cuenta a sí misma, una autojustificación para darle un barniz de legitimidad a lo que no es más que el propio deseo de hacer política. O eludiendo cualquier mala intención, ¿será acaso un ideal inalcanzable? ¿Debemos conformarnos con esta zanahoria llamada ‘gobierno popular’ que nos hace caminar, pero nunca atraparemos?”, reflexiona.

Damian Selci

“En resumen, ¿qué es lo que hace fracasar a una experiencia populista? Precisamente, lo mismo que la hizo triunfar: las demandas. La demanda involucra la delegación de la responsabilidad, y la delegación de responsabilidad supone que el pueblo no se encarga directamente de las cuestiones importantes, que participa cada vez menos. Y entonces se despolitiza. Se convierte cada vez más en una pura demanda vacía, imposible de colmar, que cuanto más obedecemos, más nos castiga”, continuó.

En otra de sus críticas al pueblo cuestiona “la rimbombancia demagógica de que el pueblo ‘siempre tiene razón’, o en que ‘nunca se equivoca’”. Dice en su libro que la confianza en el pueblo radica en tratarlo “como un adulto”, es decir que también “es responsable de lo que sufre; la responsabilidad de su bienestar o de su malestar le cabe en primer lugar a él”. Aunque aclara que su definición no es para “excusar dirigentes o militantes”.

Así piensa el nuevo intendente de Hurlingham que estará al frente del municipio mientras se extienda la licencia que tomó Zabaleta para asumir en Desarrollo Social. Pese a que con estos giros, “Juanchi” dejó el Poder Ejecutivo local en manos de La Cámpora, existen un par de razones que avalan sus movimientos. Con su pase a la cartera que administra una de las cajas más preciadas -la de los planes sociales- Alberto Fernández suma a alguien de estrecha confianza en el Gabinete. Por otra parte, Para Zabaleta, haberse tomado la licencia a tiempo le permitiría intentar ir por una nueva reelección en Hurlingham, algo que no podría realizar si continúa al mando del distrito debido a la ley que limita las reelecciones.

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