Política

Tras la crisis de Gabinete por la derrota en las PASO, el Frente de Todos revisa la campaña con miras a las elecciones generales

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El Presidente fue el único orador en el escenario del Complejo C tras la derrota en las PASO; después se desató una crisis en el Gobierno

Mientras “relanza” el Gobierno e intenta sanar las heridas políticas que dejaron las severas fricciones internas de la semana pasada por la derrota en las PASO, el Frente de Todos revisa y busca reconfigurar los equipos y la estrategia de la campaña titulada “La vida que queremos” de cara a las elecciones legislativas generales.

En un ambiente de indefinición y hermetismo, después de dos semanas de autocrítica y pases de factura por el revés en 18 provincias, quienes participaron de la experiencia pre-PASO, con algunas bajas, preparan un rediseño profundo para las elecciones que tendrán lugar dentro de dos meses, el 14 de noviembre, que incluso podría modificar el slogan principal y el estilo de las puestas en escena.

Mientras se calmaban los ánimos tras la batalla campal interna, los conductores intentan ponerse de acuerdo sobre cómo continuar. Revertir el catastrófico resultado es un desafío sobre el que nadie se anima siquiera a especular. Hay quienes apuestan a una leve mejora del oficialismo frente a Juntos por el Cambio y quienes aspiran, por lo menos, a no empeorar. Más allá de los objetivos, estudian cambios en la conducción, el mensaje y la distribución de poder de los equipos proselitistas.

En rigor, las modificaciones empezaron con los cambios en el Gobierno. Particularmente, con la salida forzada por Cristina Kirchner del secretario de Comunicación de Alberto Fernández, Juan Pablo Biondi, que participaba de los encuentros en el búnker del Complejo C y fue reemplazado por Juan Ross; con la renuncia, ayer, del secretario de Medios y Comunicación Pública, Francisco Meritello, que también incidía en las decisiones proselitistas y será sustituido por Valeria Zapesochny; y, sobre todo, con el desplazamiento del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que juró al frente de la Cancillería el lunes y fue sucedido por el gobernador de licencia Juan Manzur.

Recién se firmó la tregua entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández y la conducción de la campaña aún es un misterio. En el primer tramo electoral, el Presidente había designado a Cafiero como conductor. Pero después de su corrimiento por la derrota -también a instancias del kirchnerismo-, en el Gobierno dan por descontado que no continuará en ese rol y la gran pregunta es por su sucesor. En la Casa Rosada se especulaba con la posibilidad de que Manzur, quien reemplazó a Cafiero en el cargo público, ocupe su rol también en el ámbito proselitista.

Otros apuntaban que se harán responsables el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, y su par de Obra Pública, Gabriel Katopodis, ambos hombres de confianza del Presidente, que ya participaron en la campaña nacional. Desde sus entornos mantuvieron la reserva.

Cristina Kirchner y Alberto Fernández en el cierre de campaña del Frente de Todos en Tecnópolis
(Presidencia)

“Hay que ver si un gobernador del norte puede calar en la provincia de Buenos Aires”, se preguntaba anoche un funcionario que le bajaba el precio a la participación de Manzur. En el distrito electoral más importante, la campaña para las PASO estuvo loteada entre referentes de Axel Kicillof, de La Cámpora, con cierta injerencia del gobierno nacional. “No creo que Manzur haya venido para no plantarse. Pero es muy pronto para saber si va a ser el Jefe de Campaña”, se atajaron en el Complejo C, la sede electoral que se mantuvo a la espera de que se calmaran las aguas y se reactivaría en los próximos días. “Las definiciones no pasan de esta semana”, sostuvo, escueto, un funcionario. Hoy habrá un importante acto en José C. Paz, que fue convocado por Alberto Fernández el lunes, durante la jura de ministros con la que buscó poner paños fríos a la ahora latente crisis política. Organizada a último momento entre la Casa Rosada y los movimientos sociales, fueron invitados Máximo Kirchner y Axel Kicillof, se usará para mostrar iniciativa ante la militancia y tender puentes internos.

Además de los cambios de nombres, se evaluaban varios factores y opciones. En compartimentos separados, los líderes de la campaña dirimían si persistirá bajo un formato centralizado desde la Ciudad de Buenos Aires, o se delegarán más acciones y libertad a los gobernadores y los intendentes. Si el Presidente continuará teniendo centralidad, o pasará a un plano secundario, después de la considerable baja en su imagen por la gestión sanitaria y económica; por los errores comunicacionales y por el escándalo de Olivos. Si seguirá siendo una campaña colegiada, como se planteó antes de las PASO con participación de los jefes de comunicación de La Cámpora, del Frente Renovador, del círculo de Axel Kicillof y del Gobierno, o si habrá un liderazgo claro y único. Si se mantendrá el eje de concentrarse en el futuro sin dejar de plebiscitar la gestión, o si se dará la vuelta por completo de la etapa previa. Y si las vacunas tendrán un lugar en el discurso, o se dejará de lado esa reivindicación para concentrarse exclusivamente en los aspectos económicos.

Más allá de los aspectos estructurales, lo más probable, aventuraban en Gobierno, es que apunten todos los cañones y las medidas económicas a las áreas más pobladas, que definen la elección: la Primera Sección bonaerense, donde perdieron en las PASO; y la Tercera, donde ganaron pero bajaron significativamente la performance.

“La campaña se está reacomodando, pero solo va a cambiar si cambia realmente la comunicación del Presidente”, deslizó un importante asesor, que se mostró poco optimista al respecto. “Tendremos que ver si los cambios en los cargos se traducen en cambios de fondo. Lo más importante es que el Presidente cambie su estilo de comunicación”, agregó un hombre fuerte de la campaña.

En días de mudanzas del personal de la Jefatura de Gabinete, los ministerios y la Secretaría de Comunicación, así como en el gobierno bonaerense, había pocos detalles definidos y reinaban las especulaciones en el Frente de Todos, tanto a nivel nacional como provincial.

El golpe de las PASO no solo causó un cimbronazo en las oficinas de la Casa Rosada, sino también en la sede de la gobernación, en La Plata, donde el jefe provincial Axel Kicillof se vio obligado a remover a dos figuras de su mayor confianza. El jefe de gabinete, Carlos Bianco; y la ministra de Gobierno, María Teresa García, fueron eyectados de sus cargos la semana pasada, y reemplazados ayer, respectivamente, por el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, cercano a La Cámpora; y por la diputada nacional María Cristina Álvarez Rodríguez, de buena relación con el kirchnerismo.

Ayer hubo un primer atisbo sobre lo que vendrá. En paralelo al lanzamiento desde la Casa de Gobierno de la “quita de barbijos” en espacios públicos que anunció el Gobierno, desde las redes sociales del Frente de Todos se apoyaron en esa medida para emitir un mensaje de optimismo, con alusiones, también, al Día de la Primavera.

La liberación del tapabocas era uno de los planes para la famosa “pospandemia” que los equipos de Gobierno, que eran también los de la campaña, venían planificando desde hace meses; la bala de plata comunicacional que guardaban para cuando fuera la ocasión oportuna. Ese momento llegó, aunque quienes la dispararon fueron actores diferentes.

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