Política

Elizabeth Gómez Alcorta: “Mientras el poder siga siendo masculino, es muy difícil que tomen decisiones entendiendo las necesidades de las mujeres”

Elizabeth Gomez Alcorta por Mariana Dahbar 01/12/2021
Elizabeth Gómez Alcorta: "Cuando el Presidente me dijo que quería crear el primer ministerio y que, tanto él como la Vicepresidenta, querían que yo fuese quien estuviese a cargo, no lo dudé."

Nació en San Isidro. Es abogada, feminista, militante, docente en la UBA y pertenece a la comisión directiva del CELS. Además, por si esto fuera poco, es miembro fundadora de la Sociedad de Abogados de Derechos Indígenas. Su nombre alcanzó notoriedad cuando defendió a Milagro Sala, pero su trabajo relacionado con las problemáticas de género y las disidencias comenzó mucho antes. Quienes la conocen aseguran que su mejor título es el de defensora de los Derechos Humanos.

En una charla íntima con Infobae, Eli -así la llaman- cuenta cómo fue construir un ministerio desde cero y qué pensó el día que Alberto Fernández le propuso convertirse en la primera titular del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Argentina.

Sencilla, sin protocolo, con un vestido negro, chatitas y de muy buen humor, la ministra llegó a la terraza del piso 12 del edificio de la calle Balcarce136 acompañada de la Directora de Comunicación, Carolina Atencio. La abogada se distendió y contó cómo es ser mamá, militante y ministra al mismo tiempo. Con énfasis e ironía plantea: “Me encantaría que cuando entrevistan a los ministros les pregunten: ¿cómo hace para ser ministro y tener un hijo?”.

En lo personal, asegura que le duele cada femicidio y se indigna porque no comprende cómo, todavía, incluso en la política, muchos consideran esta problemática como un tema de segundo orden.

Entusiasmada por el gran desafío histórico del cual es protagonista, es consciente y se responsabiliza por ello. Sabe que hoy le toca estar en ese lugar, pero no para ocupar un puesto, sino para hacer cosas. El día que no las pueda hacer -dice-, se irá.

—¿Dónde estamos?

—Estamos en lo que funcionó durante mucho tiempo como el comedor del edificio del Ministerio de Economía, que también es Ministerio de Transportes, Ministerio de Obras Públicas y, desde enero del 2020, también funciona una parte del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, gracias a la gentileza de Martín Guzmán que nos prestó un sector hasta que terminemos de construir nuestro propio edificio. Aunque ya se inauguró una primera parte. Así que, como post COVID no se rehabilitó el comedor, lo usamos, porque además está bien ubicado.

—Están a metros de la Casa Rosada…

—Estamos cerca del Presidente.

—¿Cómo es construir un ministerio de cero?

—Bueno, no sé cómo es construir cualquier ministerio de cero, el nuestro, por lo menos, con mucho esfuerzo, sobre todo porque hay muchas cosas que es muy difícil que se vean, es un trabajo enorme; de hecho, esto que decía, tenemos que construir un edificio de 8.000 m2 en tiempo récord. La Jefatura de Gabinete nos asignó llamar a licitación, pero implica comprar computadoras, armar los equipos, pensar el diseño, porque es un ministerio que no tiene diseño.

Distribuimos las misiones y funciones de cada coordinación de cada Dirección. Pensar las políticas que íbamos a llevar adelante, los programas, muchos requerían decretos, resoluciones, presupuesto. Ahora lo pienso y lo siento, además, a los tres meses de comenzar nos encontró la pandemia y la gente lo que necesita y entiende es un ministerio, además este es un ministerio que está por la calle, entonces había una demanda y una expectativa muy grande.

Armamos unos equipos muy hermosos, y hay una importante parte de las funcionarias que además son militantes, entonces, no solo lo entendemos como un trabajo, cumplir el horario. Pero al encontrarnos la pandemia lo que teníamos pensado tuvimos que cambiarlo, tuvimos que declarar esencial a la línea 144 y hacer el primer convenio con una empresa para poder tener un teléfono de WhatsApp, que tenga un bot de atención, porque, al principio, no podíamos atender el teléfono. No teníamos todavía nivel jurídico porque tardamos como seis meses, no teníamos presupuesto porque se prorrogó el presupuesto del 2019, solo teníamos un presupuesto de lo que era el Instituto Nacional de las Mujeres. Más allá de esto, lo seguimos construyendo. Sin embargo, la verdad es que cuando hay decisión política, sobre todo en las máximas autoridades, todo eso es más fácil.

No teníamos autos, pero no porque queríamos tener un chofer, sino para ir a los lugares. Íbamos a hacer actividades en los municipios, hemos viajado a Entre Ríos con autos propios. Hicimos el primer “Ni una Menos”, en menos de tres meses de gestión. Cultura y las compañeras del CCK, pusimos un montón de ideas, pero no teníamos plata. Ese fue el modo en el que pudimos también construir, durante un primer año muy difícil, en términos sociales, políticos, sanitarios, un ministerio, porque hubo muchos aliados y mucha decisión política de avanzar, de que todo tenía que estar acompañando el proceso que es histórico. Siempre lo comparamos con el Ministerio de Trabajo, porque son pocos los ministerios conquistados desde un movimiento. En general, la estructura se ha dado por arriba, no por abajo. Los trabajadores conquistaron el primer Ministerio de Trabajo y acá también es lo mismo. Entonces hay una relación más dialéctica entre la calle, la organización y el Estado, que no se da en todos los ámbitos.

Elizabeth Gomez Alcorta por Mariana Dahbar 01/12/2021
Elizabeth Gómez Alcorta en entrevista con Infobae: "Hoy me toca estar en este lugar, pero no para ocupar los lugares, sino para hacer cosas. Si está en juego lo que puedo hacer me voy a hacer cosas a otro lugar."

—¿Se acuerda cómo le ofrecieron el cargo de ministra y qué fue lo primero que se le cruzó por la mente?

—Yo al presidente Alberto Fernández lo había visto algunas veces, había tenido algunas conversaciones en el ámbito político, incluso algunas antes de que él fuese candidato. Para noviembre del 2019, los primeros días, ya habiendo sido electo, hubo una reunión del Grupo de Puebla, que se hizo acá en la Ciudad de Buenos Aires, en una fecha muy paradigmática porque fue la fecha en la que dejaron en libertad a Lula y un día previo al golpe de Estado en Bolivia, así que estábamos todos los que integramos ese comité jurídico. En un almuerzo que se hizo en ese contexto estaba Dilma, Lugo. Cuando lo saludo a Alberto me dijo: “Necesito hablar con vos la semana que viene”. Yo sinceramente no me lo esperaba.

Cuando me lo propuso, a los pocos días, yo tenía planes, porque para mí los cuatro años del macrismo fueron duros en términos sociales, en términos políticos, pero también mi sensación era de haber puesto mucho el cuerpo. Muchas luchas por muchas razones. Incluso en algunos momentos muchas marchas. Mi sensación era: “Voy a descansar los próximos cuatro años, quiero hacer mi tesis de doctorado, me voy a dedicar más al estudio jurídico, va a venir una mejor época”.

Cuando Alberto me dijo que quería crear el primer ministerio y que, tanto él como la Vicepresidenta, querían que yo fuese quien estuviese a cargo, no lo dudé. No lo dudé de inconsciente, digo. Así que lo primero que pensé fue: “Bueno, no voy a descansar los próximos cuatro años. No va a ser una época de descanso. Sí de aprendizaje”.

Elizabeth Gómez Alcorta jura como Ministra de Asuntos de la Mujer, Género y Diversidad
Elizabeth Gómez Alcorta jura como Ministra de Asuntos de la Mujer, Género y Diversidad

—Como ministra, ¿qué es lo que más le duele?

—Bueno, nos duele y me duele, personalmente, cada femicidio, cada travesticidio, y yo los cuento porque el área de comunicación del observatorio que tenemos en el ministerio manda dos reportes diarios, al mediodía y a las 8 de la noche, sobre tentativas de femicidio, travesticidio o búsqueda de personas, de mujeres. Yo recibo en el momento el mensaje con un relato muy chiquitito de cada uno de los hechos. Entonces, trabajamos sobre la realidad de un modo muy cercano, y es absolutamente terrible. Eso es lo que más, sin lugar a dudas, me duele. Después, más que dolerme, me da mucha bronca como todavía, incluso para gente piola, progre, sigue siendo un tema de segundo orden. No pienso en el sector, no pienso en la política.

—¿Opina como ciudadana?

—Sí. O empresarios o sindicalistas, jugadores de fútbol. Sin importar. En algún punto hay conciencia de que es un problema, pero de segundo orden. Eso, además, lo que hace es que se siga perpetuando la violencia, no hay ninguna duda de eso, me da bronca y me indigna. Porque además es muy notorio. También hay ciertos sectores en los que hay un poco de cobertura: “Es grande, es una persona de otra época”; “Bueno, todavía no está probado”; “Bueno, pero viste cómo son las mujeres”; “No, política olvidate, esto es una interna”. Se da en cualquier ámbito, cualquier situación, en un sindicato o un diputado, hoy está pasando en Santiago del Estero, por ejemplo, que hay un diputado electo condenado por una violación y con otro juicio abierto por una violación en el marco de sus funciones públicas, ¿cómo es que da lo mismo? ¿Podemos tener un diputado así? Y lo pienso también para Alperovich, lo pienso sin importar el partido, la procedencia. Hay algo ahí de complacencia, quizás es eso, que no es tanto impunidad, sino más bien complacencia.

Me da mucha bronca que el femicidio sigua siendo un tema de segundo orden en todos los sectores

—Mencionó a Alperovich. ¿Cómo se enteró y cómo tomó, en lo personal, la designación de Juan Manzur como jefe de Gabinete?

—Bueno, primero hay que decir que durante el año y siete meses que fui ministra tuve varios encuentros y varias actividades con el actual jefe de Gabinete en su calidad de Gobernador y todas han sido muy buenas y cordiales. Hay que decir que, en los días previos a que supiéramos quién iba a ser el nuevo jefe de Gabinete, el nombre de Manzur había salido en varias reuniones, en varias situaciones, incluso, se decía que iba a venir algún Gobernador, así que no fue una sorpresa, no es que me enteré a las 10 de la noche la opción.

Al día siguiente, yo estuve con el Presidente, a la mañana tempranito. En realidad fui a verlo por una cuestión más vinculada a la composición del Gabinete, no por la designación que él hizo. Yo lo único que le hice saber, porque me parecía que era importante que él supiera, era que efectivamente había hecho una denuncia, no contra él, sino contra varias personas incluyéndolo a él, acerca de un hecho, y relatábamos las posibles responsabilidades, y nosotros entendíamos que la responsabilidad podía llegar perfectamente hasta el Gobernador. El Presidente me dijo que le parecía perfecto, también era una responsabilidad llevarme a ser ministra. Yo le dije, además, que iba decir en todos lados que lo volvería a hacer. De hecho, hicimos varias denuncias a funcionarios, jueces, siendo ministra, y el día que deje de serlo, ante todo, soy una militante de derechos humanos y feminista. Me dijo que no había ningún problema y que, además, una parte muy importante de su identidad estaba vinculada a las políticas de género y de diversidad, es el Presidente que promovió y trabajó para que tengamos la Ley de Aborto, que pareciera que ya pasó, pero es una demanda histórica del movimiento de mujeres. Entonces me dijo que ninguna de las políticas con las que venimos trabajando se iba a ver empañada. Y la realidad es que en los meses que venimos trabajando no hubo ni un solo problema.

El tema de Alperovich no es tanto impunidad sino más bien complacencia

—¿Qué significó la designación de Manzur para las feministas?

—Obviamente había algo, porque para el mundo feminista…

—Era una contradicción.

—Totalmente. Muchas lo que se preguntaban, que no era ilógica la pregunta, era: ¿están en juego las conquistas?, ¿la agenda? Obviamente que si hubiesen estado en juego no seguiría siendo la ministra, porque soy una militante y hoy me toca estar en este lugar, pero no para ocupar los lugares, sino para hacer cosas. Si está en juego lo que puedo hacer me voy a hacer cosas a otro lugar.

La designación de Manzur fue una contradicción para el mundo feminista

—¿Cuál es la mayor desigualdad que siente hoy?

—La pobreza. Somos muchas más las mujeres pobres que los varones. Hay que hablar de pobreza, porque genera desigualdades en el acceso a infinitos derechos y al trabajo, sin lugar a dudas. Lo vemos en los barrios, nosotras tenemos un ministerio muy territorial y además a mí me gusta ir. No consiguen laburo, porque además tienen a cargo a los pibes. Entonces, ¿dónde los dejás?¿Tenés lugar? No hay lugar. Acá en plena Ciudad de Buenos Aires, la ciudad más rica, ni siquiera tienen vacantes para jardín de infantes. Y el trabajo es fundamental, porque la posibilidad de tener independencia económica genera la posibilidad de tener independencia en todos los ámbitos de nuestras vidas. Y, sobre todo, cuando pensamos las lógicas del poder. Vuelvo un minuto atrás, mientras el poder siga siendo masculino, como sigue siendo hoy, como está capitalizado por los varones, es muy difícil poder pensar que tomen sus decisiones entendiendo las necesidades de las mujeres y del colectivo LGBTI+.

Nos pasa a todos, a mí me cuesta ponerme en el lugar de otros o de otras, más allá de que uno tiene que poder pensar a la política pública para todos y todas, bueno, es lógico que cuando hablás con voz propia, esa voz te hace pensar en el colectivo, en el cual somos varios partidos, no representamos uno solo. Entonces, ocupar esos espacios cada vez es más importante. Y si no logramos tener independencia económica, si no logramos sacarnos algunas mochilas… cuando vos pensás por qué si somos más las matrículas en las universidades de mujeres que de varones y nos recibimos, por qué si tenemos mejores tasas académicas, tenés, creo que de 18 universidades, solamente dos son rectoras mujeres. ¿Por qué? Bueno, hay razones. En el Poder Judicial, hay 25 titulares de ministerios públicos fiscales, todos las jefaturas de los fiscales en el país están en manos de un varón. ¿Por qué si hay más mujeres trabajadoras?

—¿Y por qué?

—Porque nosotras tenemos que necesariamente, por un lado, compatibilizar la actividad pública y la actividad privada y, además, recae en nosotras el mandato familiar: sos una mala madre si te vas un mes a hacer… o decidís estudiar un posgrado cuando tenés pibes chiquitos, pero la realidad es que para ser jueza vos vas a necesitar estudiar un posgrado.

Hay un estudio muy bueno del área de género del Ministerio Público Fiscal que muestra los ingresos y salidas que tenemos las mujeres, porque en ciertos momentos hasta una edad avanzás, hasta otro momento no avanzás y después volvés a avanzar, y ¿cuándo pasa? Cuando los pibes ya se fueron, empezaron a tener autonomía. Todavía no me lo preguntaste, el otro día me preguntaban también, ¿por qué nos preguntan a nosotras cómo hacemos para ser ministras y tener hijos?

—Se lo iba a preguntar… y encima mamá de un hijo varón.

—¿Es una pregunta que se le hace a un ministro? A mí me encantaría que cuando entrevistan a los ministros, a los académicos, a los sindicalistas, a los empresarios, apareciera la pregunta: y usted, ¿cómo hace para ser ministro y tener un hijo? ¿Lleva a su hijo a la escuela?

Tengo varios compañeros que llevan a sus hijos e hijas a la escuela, y de eso doy fe. Pero, la pregunta que subyace es: ¿cómo estás en un lugar de toma de decisión siendo mujer? Porque no es un lugar que todavía nos sea natural.

Elizabeth Gomez Alcorta por Mariana Dahbar 01/12/2021
Elizabeth Gómez Alcorta: "La regla número uno que debe tener en cuenta una mujer que sufre violencia de género es saber que se puede salir de esa situación"

—Hablando de hijos, ¿cómo es como mamá?

—Sabés que nunca nadie me hizo esa pregunta. Soy, creo, muy amorosa. Soy de las madres que le dicen a su hijo que es hermoso 75 veces en el día. Y le digo que lo amo 75 veces en el día. Fui mamá más bien grande, a los 39 años. Entonces fue un niño muy esperado, muy deseado, muy amado. Eso me lleva a ser así.

—¿Cómo se llama?

—Camilo.

—¿Cómo es?

—Es medio un personaje porque es un niño que es hijo mío e hijo del padre que vive politizado. Que entiende algunas cosas y otras se hace como más el grande. Él lo vive raro, y eso que yo intento que, en la cotidianeidad, no influya en nada mi función pública. Intento llevarlo a la escuela manejando yo, los días que lo llevo a la escuela, porque vive con el padre la mitad del tiempo, conmigo la otra mitad, entonces intento organizarme para que esos días lo lleve yo, no ir con Fernando, que es el chofer del ministerio, que lo usamos cuando salimos. Camilo va a una escuela pública, entonces, no es habitual que a uno lo lleve un chofer a la escuela. Intento mucho y le dedico mucho, y eso lo hago para que su vida no se vea alterada. Sin embargo, él está re acostumbrado a la idea de que su mamá tiene una imagen pública, sobre todo en la defensa de Milagro…

—¿Alguna vez le preguntó algo que no supo qué responder o que la sorprendió?

—No, hablamos mucho. A veces capaz hablamos demasiado. Y pregunta todo, es el niño que te pregunta de lo que se te ocurra. Con el papá aprendimos a contestar exclusivamente lo que pregunta, porque sino, además, es medio una esponjita. Una cosa cómica, en términos del ministerio, por ejemplo, él no vino a la jura. Yo le conté que iba a ser ministra, que iba a trabajar, él sabía de mi estudio, los casos, sabía que defendía en los juicios y todo, y un día, la maestra me dijo que él dijo que la mamá iba a ser “industria”, en lugar de decir “ministra”, que era el chiste en casa. Hace poco se lo conté a Alberto, estábamos con Wado y Alberto, y nos matábamos de risa.

—¿Cómo ve el futuro del país para su hijo?

—Qué buena pregunta. Yo amo la Argentina. Yo veo que hay, sobre todo, un pueblo que es absolutamente maravilloso, un pueblo con un nivel de resiliencia comunitaria y social que es admirable. Amo esa capacidad de reinventarse y de luchar. Es un pueblo muy, muy, muy luchador. Y que tiene muchas particularidades, digo, yo lo pienso siempre en el modo en que hemos procesado la dictadura cívico-militar, cada 24 de marzo, cuando estamos en la marcha y admiro a nuestro pueblo. Admiro el movimiento de mujeres y la diversidad, que es vanguardia en el mundo, yo lo digo siempre, nos miran en el mundo, pero nos miran de verdad, nos mira Europa, aprenden, nos aman.

Yo confío en que va a vivir en una sociedad mucho más libre en un montón de sentidos. Él ya es más libre, su educación es diez veces más libre, y no digo que sea por la madre que le tocó o el padre que le tocó, también es por la sociedad, por la escuela, por lo que le cuentan en la escuela, va a vivir en un mundo más libre, él va a poder elegir mucho más que lo que pudimos elegir nosotras, de eso no hay ninguna duda.

—¿Existe la violencia institucional?

—Sí, claro que existe. La violencia institucional, en general, y la violencia institucional por motivos de género. Entiendo a la violencia institucional como cuando al Estado, por medio de sus agentes, que puede ser un agente policial, un agente judicial, un agente de la administración pública, un agente que trabaja en un hospital, con su acción y con sus prácticas vulneran los derechos gravemente

—Por ejemplo…

—El caso Lucas González.

—Le cambio el ejemplo por un tema de actualidad: las restricciones al pago en cuotas para los viajes al exterior.

—¿Eso es violencia institucional?

—Para mí que quiero viajar y no puedo, ahora, es un derecho que no tengo.

—No, violencia institucional es cuando los agentes vulneran los derechos, no tiene que ver con las decisiones políticas, porque al vivir en sociedad el Estado, sin importar qué gente y si es el Estado nacional, provincial, regula la convivencia social. El Estado toma todos los días decisiones. Hay decisiones en donde entran en puja, digamos, posiciones o intereses. Siempre hay algún interés que está en puja. Pero no es que cada vez que tomás una decisión es una violencia institucional. Violencia institucional es un caso de gatillo fácil, un caso de apremios ilegales, un caso de maltrato en un hospital.

Hay un caso muy paradigmático que se llama el “sándwich de Comodoro Py”. Era un preso que lo habían sacado a las 4 de la mañana, tenía una declaración indagatoria, lo hicieron recorrer comisarías para dejar a todos los otros presos, llegó, lo tuvieron 12 horas sentado, había un sándwich y se lo comió, y le hicieron una causa penal por eso. A eso es lo que llamamos violencia institucional. Hay violencia institucional motivada en el género, por ejemplo, cuando la policía se ensaña con la población travesti trans, quienes ejercen la prostitución.

De hecho, está en la Ley 26.485, que establece los tipos y las modalidades de violencias. Dice que hay violencia en el ámbito laboral, hay violencia en el ámbito mediático, hay violencia en el ámbito doméstico, hay violencia institucional, y cuando la violencia es institucional se refiere a acciones u omisiones que generan daño y vulneración de derechos en una persona y son llevadas adelante por los agentes estatales.

No es violencia institucional limitar los viajes al exterior

—¿Cuál es la regla número uno que debe tener en cuenta una mujer que sufre violencia de género?

—La regla número uno es saber que se puede salir de esa situación. Hay muchas, muchas mujeres que creen que de esa situación no se puede salir y que están condenadas, por decir así, a quedarse en esa relación.

Lo segundo es buscar acompañamiento, redes, sea una amiga, una compañera de trabajo. Siempre en el barrio hay una organización. Es poder contarlo. Si hay algo que tienen este tipo de violencias es responsabilizarse por esa violencia recibida: “Hay algo de lo que yo hago, que yo hice o que tiene razón”. Entonces, lo importarte es poder romper esa lógica.

Tercero, llamar a la línea 144. ¿Por qué? Porque la línea 144 está las 24 horas del día los 365 días. Hay que tener en cuenta que el llamado puede ser anónimo y no es necesario decir dónde viven. También tienen un número de WhatsApp que se encuentra en la página, por si alguna no puede llamar o no se anima. Te atienden profesionales que orientan, que contienen, que les dicen cuáles son los pasos a seguir, pueden llamar 10, 5, 8 veces a ese mismo lugar y pedir hablar con la misma persona. Esa orientación, da el camino para empezar a salir. Siempre se puede salir, pero es muy difícil salir solas.

Entonces, siempre hay que pensar eso, que no estás sola y que el Estado nacional, muchas de las provincias, los municipios, sobre todo, muchas mujeres que trabajan en organizaciones están ahí para acompañarlas. A veces lo que hay que hacer es dar ese primer paso.

También, me gustaría aclarar algo importante: muchas veces puede no ser la persona que está en la situación de violencia la que llame a la consulta. El otro día hice un ejercicio en un auditorio bastante grande, en donde tenía que levantar la mano quien alguna vez conoció a alguien que hubiese estado en situación de violencia de género, y el 90% la levantó. Alguna compañera del trabajo, una vecina, escuchar los gritos, la hermana de una amiga. Entonces, como es un fenómeno muy extendido, es bueno que se sepa que no es algo que le pasa a una persona aislada. En el año 2020, en la provincia de Buenos Aires, solamente en el fuero de familia, hubo 160.000 denuncias. Son miles y miles y miles de mujeres que padecen eso y se tienen que quitar el peso de que además es culpa suya. ¿Y qué es lo que podemos hacer? Bueno, empezar a tejer esas redes, ya que son las que salvan.

Matias Arbotto
Argentina Unida contra las violencias de género. Elizabeth Gómez Alcorta (Matias Arbotto/)

—¿Cómo es la agenda 2022 para el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad?

—Bueno, fortalecer y federalizar las políticas vinculadas a violencia, que han avanzado muchísimo. Tenemos 89.500 mujeres en el Programa Acompañar. Hemos avanzado un montón. Eso hay que federalizarlo más. Y lo que queda es la agenda de igualdad, que cuesta porque, de hecho, la pandemia nos hizo retroceder más. Esto significa: agenda de cuidados. Mientras sigan recayendo en nosotras las tareas de cuidado y todos los trabajos dentro del hogar, va a ser siempre muy difícil que podamos tener las mismas posibilidades de conseguir laburo que un varón. Esto se puede ver en todas esas fotos horribles que vemos, fotos de empresarios, fotos de sindicalistas, fotos de políticos, foto de los rectores de las universidades nacionales, las que quieras, son fotos que no reflejan a la sociedad en donde ese sector interviene. Son fotos de varones, podríamos agregar, de varones blancos, profesionales… Entonces, hay que pensar algunas cuestiones vinculadas a reformas normativas, la creación de una ley de sistema de cuidados. Tenemos que avanzar con licencias. Estamos lográndolo, pero creo que el año que viene y el otro se va a notar más que estamos transversalizando y aún un poco más fuerte la perspectiva de género en todas las carteras. Por ejemplo: Producción tiene perspectiva de género en casi todas las políticas de producción e industria. Tienen incentivos, tienen políticas específicas para mujeres. Tenemos que avanzar. Economía también tiene muchísimo trabajo. Lo que tenemos que lograr es que el sistema que genera desigualdad, pueda empezar a generar menos desigualdad, porque sino la brecha se hace cada vez más grande.

— Para finalizar, ¿Elizabeth Gómez Alcorta es igual a qué?

—Es igual a una mujer que milita y que tiene muchos ideales.

Elizabeth Gomez Alcorta por Mariana Dahbar 01/12/2021
Elizabeth Gómez Alcorta en entrevista con Infobae

Foto y video: Alejandro Beltrame- Edición: Tomás Morrison

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