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La trágica muerte de Monzón: caviar y champagne; Mónaco y Batán

Carlos Monzón se mató en un accidente automovilístico el 8 de enero de 1995
Carlos Monzón se mató en un accidente automovilístico el 8 de enero de 1995

Lo recuerdo acarreando ladrillos sobre una carretilla para levantar su propia casa en Santa Fe. Y al mismo tiempo lo veo salir del Palacio de Mónaco acompañado por la Princesa Carolina tras almorzar con su padre, el Príncipe Rainiero.

El niño parido sobre el piso de tierra de una casucha promiscua en San Javier es el mismo hombre a quien Alain Delón habrá de llenarle la copa de Dom Perignon para acompañar los bocados de caviar del mar Caspio. Que noche aquella en el Lido de Paris, después de vencer a Mantequilla Nápoles por nocaut.

Es sorprendente mirar hacia atrás y evocar los contrastes que dibuja la parábola de su vida. Aquel Carlos Monzón raquítico y marginal es el mismo que llegó a ser el más grande campeón mundial que dio el boxeo argentino y uno de los cinco mejores campeones del peso mediano de la historia. Pero la tragedia jamás dejaría de rondar su destino pues fue consumando su vida con más instinto y violencia que razonabilidad.

El maestro Amilcar Brusa le enseñó a boxear y fue el boxeo quien le dio identidad, le dio nombre y apellido. Había dejado de ser el vendedor de diarios, el negrito que lustraba calzado, que vendía diarios, que repartía leche; ya no era tampoco el raterito callejero castigado en alguna comisaria, el buscador incesante de un dinero incierto para ganarse el pan día a día. Los animales de alguna islita del río San Javier le habían transmitido al niño pobre cómo era la lucha por la subsistencia. Luego, ya hombre y sobre el ring, transformó a los adversarios en enemigos y fue sobre ellos con la paciencia y la impiedad de las fieras al acecho.

Lo estoy viendo pelear, lo estoy viendo sobre el ring: alto (1.81), flaco, brazos largos, frio, ojos muy abiertos con mirada amenazante, jab de izquierda marcando la distancia larga, especulador, paciente, de traslado lento, inteligente administrador de energías. Monzón, además, no se exponía a tomar riesgos hasta el 9° o 10° asaltos (los títulos mundiales eran a 15 rounds); o sea, no peleaba para que el público disfrutara, peleaba para ganar. Y fue así como llegó al récord de 14 defensas de su corona mundial entre 1970 y 1976.

Vienen ahora a mi memoria algunas actitudes del Monzón que evocamos a 27 años de su trágica muerte:

-El 5 de Mayo de 1973 mientras se hallaban en Roma, una cruel llamada desde Buenos Aires le informó a Lectoure –su empresario– que habían matado de una cuchillada al hermano mas cercano de Carlos, llamado Zacarías. El suceso ocurrió en un campo y en duelo criollo. Solo faltaban 15 horas para que Monzón combatiera frente al norteamericano Roy Dale en el Palazetto dello Sport. Por cierto Lectoure se lo comentó a Brusa para darle la infausta noticia y luego ambos despertaron a Monzón antes de las 7 de la mañana para anoticiarlo. Fue Brusa quien con tono paternal pero lúgubre le dijo:

— Mirá Carlos, llamaron desde Santa Fe para decirnos que habían matado a tu hermano Zacarías y por supuesto sos vos quien decide si peleas esta noche o nos volvemos…

— Monzón se sentó al borde de la cama del hotel Sporting, se tomó las sienes y preguntó: ¿y cómo fue?, ¿le dijeron Don Amilcar cómo fue eso?

— Sí, fue en una pelea mano a mano con cuchillos

— ¿Y quién fue el que lo mató ? ¿se sabe?, preguntó Monzón.

— No, no sé el nombre; sólo me dijeron que era un paisano como de unos 60 años…

— ¡60 años!, ¿al Zacarías lo mató un viejo de 60 años?, se lamentó Monzón sin congoja

— Bueno, eso nos dijeron. Así que si querés que suspendamos la pelea, ya mismo la paramos…, insistió Lectoure.

Una postal de lo que fue el multitudinario sepelio de Monzón (Gentileza El Litoral)
Una postal de lo que fue el multitudinario sepelio de Monzón (Gentileza El Litoral)

Monzón cubrió su rostro con las manos, permaneció en silencio y unos segundos después respondió: “Voy a pelear igual, total no puedo hacer nada”. Luego repitió: “¡60 años, lo mató un viejo de 60 años!, ¿Cómo va a perder con un tipo de 60 años…?”. Para él, la vergüenza de una derrota en duelo criollo resultaba mas fuerte que el dolor por la pérdida de un hermano.

Por cierto que Monzón ganó esa noche por nocaut a los 2′.40″ del 5to asalto y pocas veces se lo vio actuar con tanta ferocidad.

Un año más tarde (5-10-74′) dos meses después de haber filmado La Mary, Monzón enfrentó en el Luna Park al australiano Tony Mundine a quien venció por nocaut en el 7° round. Fue esa noche para la cual Monzón le había pedido a Lectoure 6 entradas de cortesía pero en sectores opuestos del ring side. “Por favor Tito que ni se vean”, remarcó el campeón.

Fue así cómo en tal velada estuvieron por primera vez en el mismo lugar y rodeados por la multitud Susana Giménez en el sector B (espaldas a la Av. Corrientes) y Pelusa García con sus hijos mayores Silvia y Abel en el D (espaldas a Lavalle). A partir de ese momento y tras muchas fotos de por medio, se rompía el matrimonio y nacía un romance de época, el de Carlos con Susana. Por cierto que al año siguiente (30-06-75′) Monzón fue a pelear al Madison de Nueva York contra Tony Licata –a quien derrotó por KOT en el 10°– y para entonces solo había una mujer acompañándolo: Susana Giménez.

La recurrente apelación a un comportamiento mas instintivo que racional en Monzón tiene muchos más ejemplos. Veamos uno más. Fue en oportunidad de un glamoroso combate en Paris ante Grattien Tonná el 13 de Diciembre de ese mismo 75′. En ese momento Susana Giménez era parte de la comitiva y Alain Delón debutaría como organizador pues ya se había asociado a Rodolfo Sabbatini, el histórico promotor italiano de los combates de Monzón en Europa.

En las charlas previas, Monzón nos había confesado que iba a noquear a Tonná para dedicarle el triunfo a Susana. Y efectivamente fue así: noqueó a Grattien Tonná –peleador auspiciado por la mafia marsellesa– en el 5° asalto. Tras la caída final, Susana que estaba sentada al lado de Delón se puso de pie, le abrió los brazos cual gesto de algarabía y Monzón, sobre el ring, respondió el mensaje pero sin sonrisa, como si algo no estuviese bien. Subí al ring para hacerle el clásico reportaje emotivo y exento de originalidad, felicité a Carlos:

”Muy bien campeón, gran triunfo y esta vez aceleraste el ritmo yendo rápidamente al ataque, te felicito…”, le dije. Y su respuesta fue alucinantemente sincera, propia del impulso. Manifestó brutalmente: “Es un cagón, se tiró, ¿no viste que se tiró? Es un cagón…!!!”. Se sentía indignado por la poca resistencia de su rival y prefería decirlo aunque tal confesión disminuyera el valor de su triunfo.

Monzón y Susana Giménez mantuvieron un recordado romance (Laurent MAOUS/Gamma-Rapho via Getty Images)
Monzón y Susana Giménez mantuvieron un recordado romance (Laurent MAOUS/Gamma-Rapho via Getty Images) (Gamma-Rapho via Getty Images/)

Viajes en primera clase, hoteles de 5 estrellas, Mercedes Benz, relojes de Cartier, trajes de Ted Lapidus, cigarrillos norteamericanos L&M “extra large”, perfume Aramis, whisky Johnnie Walker Blue, champagne Cristal, camisas italianas de seda comenzarían a esfumarse. También las reuniones con los amigos en La Cuyanita de Martínez, del Gallego Iglesias, su amigo más fiel que nos dejó el año pasado atesorando objetos, trofeos y cartas de Monzón… Nada de aquello perduraría tras el homicidio de Alicia Muñiz que hoy sería Femicidio penado con prisión perpetua. La parábola de la vida de Monzón había comenzado su retorno al punto de partida: la abyección. El 3 de Julio de 1989 la jueza Alicia Ramos Fondeville lo condenó por homicidio simple a 11 años de prisión a partir de febrero de 1988.

Estuvo privado de libertad en las cárceles de Batán, Junín y Las Flores. Nos vimos en las tres y en todos los casos Carlos evitó redundar sobre el tema y rechazar siempre las propuestas de prestigiosos abogados. Ellos le prometían antes y aún después del fallo, “una rápida excarcelación” a cambio de honorarios que superaban los 100 mil dólares.

Cherquis Bialo visitó a Monzón en las distintas cárceles donde estuvo recluido
Cherquis Bialo visitó a Monzón en las distintas cárceles donde estuvo recluido

Fue en el penal de Las Flores donde logró que le concedieran un régimen mas abierto, más apropiado para quienes están cumpliendo el segmento final de su condena. En el caso de Monzón, el sindicato de la UPCN gracias a una gestión de su Secretario Alberto Maguid, le ofreció que enseñara a boxear a los afiliados interesados. Esto le permitía salir durante el día y regresar cada final de tarde a su celda. El permiso también contemplaba tener algún fin de semana para ver y convivir con su familia. Fue así que muchas personas aseguran haberlo visto cenar la noche del sábado 7 de enero de 1995 en el Quincho de Chiquito, adonde alguna vez el boxeador llevó a comer a Alain Delón.

La crónica sobre el suceso fue escrita magistralmente por Carlos Irusta y publicada por la revista El Grafico en su edición N° 3927 del 10 de enero de 1995. Y decía:

El accidente automovilístico ocurrió cerca de las 18.00 del domingo 8 de enero de 1995, en una recta de la ruta provincial santafecina N° 1, en el paraje Los Cerrillos, a diez kilómetros de la localidad de Santa Rosa de Calchines, ubicada a 50 kilómetros de la ciudad de Santa Fé. El Renault 19 que conducía Monzón volcó cuando el ex campeón mundial perdió el control luego de haber mordido la banquina. El cadáver de Monzón presentaba un gran hematoma en la zona del cuello, lo que hace suponer que se desnucó.

Monzón volvía de su ciudad natal, San Javier, en donde había disfrutado de sus 48 horas de libertad de fin de semana –desde las 10 del viernes hasta las 20 del domingo-, y se dirigía precisamente al penal de Las Flores, donde cumplía su condena. En febrero de ese año 95′ se iban a cumplir las tres cuartas partes de la pena, lo que significaba su inminente libertad condicional.-

Dos personas acompañaban en el auto a Monzón, un hombre identificado como Gerónimo Mottura, que también falleció como consecuencia del accidente, y una mujer, Alicia Guadalupe Fessia, de 35 años, que se encuentra herida en el hospital “José María Cullen” de Santa Fe, con numerosos cortes y politraumatismos, pero ya fuera de peligro…- (Afortunadamente la señora Fessia vive).

Monzón fue encontrado por Abelardo Saratti, un productor agropecuario del paraje Los Cerrillos. Saratti halló al Renault 19 volcado sobre una zanja, con los tres cuerpos a unos 50 metros del automóvil, y fue quien trasladó a la mujer que viajaba en el auto hacia un centro asistencial. “Yo no lo reconocí – dijo Saratti -, recién cuando escuché que otros que estaban conmigo decían ‘¡Es Carlitos, es Carlitos ¡’, me di cuenta quién era”, relató.

El cadáver estuvo depositado hasta las 22.25 del domingo en la Morgue del Hospital Rural N° 10 de Santa Rosa de los Calchines. Allí fue reconocido por su hijo Abel.-

El destino fue riguroso con Monzón. La parábola de su vida se cerró trágicamente, como “estaba escrito”. No disfrutó de sus amores, ni de su gloria. Y de todas las cosas que debió sufrir, la menos tormentosa fue la muerte.

Carlos Monzon Muerte revista tapa el Grafico
La tapa de El Gráfico tras la muerte de Monzón (Archivo: Maximiliano Roldán)

Archivo: Maximiliano Roldán

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