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Superó la anorexia, siguió los pasos de su padre y hoy se anima a aventuras extremas: Catu Bonadeo, la periodista que escalará el Aconcagua

Catu Bonadeo
Catalina y Gonzalo le dieron continuidad a la dinastía del periodismo que inició Diego Bonadeo

Ella corre. Sin importar en qué circunstancia de su rutina se encuentre, Catu Bonadeo se mantiene a un ritmo veloz y constante. “Perdón por conectarme un poco más tarde, pero vine volando de una nota en San Martín”, se justifica en diálogo con Infobae, mientras aprovecha para almorzar una nutritiva ensalada.

Sin darse cuenta, la periodista lleva el ADN runner en todo lo que hace. Su rol como notera la obliga a moverse de un lado para el otro en busca de la noticia. Cuando no está entrenando, su trabajo la lleva al lugar de los hechos para narrar las historias que conmueven a diario a los espectadores. Y lo hace corriendo.

Como si se tratara de una mesa improvisada, el almuerzo sirve para mantener una conversación más relajado. En este caso no hay una conductora glamorosa que haga preguntas incómodas, sino que se trata de una charla sin filtro que protagoniza la cronista con la espontaneidad que la caracteriza. “Como siempre estoy apurada, ahora puedo aprovechar para comer más tranquila”, desliza con una sonrisa cómplice.

Ella es la tercera generación de periodistas en una familia que formó una dinastía en el rubro de la comunicación. Y a pesar de haber intentado eludir su destino, su vocación siempre estuvo en los medios. “Durante mucho tiempo me escapé de la profesión por miedo al qué dirán. Cuando terminé el colegio me puse a estudiar medicina y cursé durante dos años en la UBA. No quería hacer lo obvio, porque rechazaba la idea de continuar la carrera que había empezado mi abuelo y después siguió mi papá. Odiaba que me preguntaran si era la hija de Gonzalo Bonadeo”, confiesa con una naturalidad llamativa.

Catu Bonadeo
Gonzalo Bonadeo, junto a su hija Catalina y su padre Diego

Hoy, con 29 años, Catu comprende que de joven “era muy inmadura”. “Me ponía muy celosa cuando íbamos a comer y le pedían fotos a mi viejo”, revela. Como no quería depender económicamente de su familia, durante su adolescencia analizó la posibilidad de modificar el rumbo de sus estudios. “No quería llegar a los 30 viviendo en casa”, asegura. Y ese deseo significó un cambio rotundo en su vida.

—¿Por qué no conseguís un trabajo de media jornada?—le había preguntado su padre luego de una charla profunda.

—¡Dale! Voy a buscar, pero si sabés de algo avisame—fue la respuesta de su hija.

Fue entonces cuando incursionó por primera vez en Radio Vorterix. En la emisora que pertenecía a Mario Pergolini necesitaban un redactor junior, y después de varias entrevistas Catu ingresó al mundo mediático. Durante un semestre complementó la cursada con su nuevo rol laboral, hasta que “en un momento de sensatez” se dio cuenta cuál era su verdadera vocación. “Fue algo que se dio de forma natural. En la radio disfrutaba del entorno y crecía a pasos agigantados. Entendí que ese era mi lugar y busqué seguir aprendiendo. Además, como no tenía tanta exposición, no sentía el ojo ajeno sobre las posibles comparaciones con mi viejo”, explica con orgullo.

Aquellos primeros pasos fueron muy diferentes a los que dio cuando le surgió la oportunidad de sumarse a la televisión. “Ahí sentí mucho más las miradas de las personas que trabajaban en el canal. No me conocían y probablemente pensaban que por ser la hija de un reconocido periodista iba a sentirme superior. En tiempos en donde la meritocracia es cada vez más importante, al principio lo sufrí; pero después logré hacer amistades porque vieron cómo me rompía el lomo”, recuerda la cronista.

Catu Bonadeo
Padre e hija comparten su amor por Boca

Durante su carrera entendió que también debía eludir los exámenes que le imponían su apellido. “Me pasó lo mismo que le pasó a mi viejo cuando empezó: a él lo comparaban mucho con mi abuelo. Y todo el mundo me dice que Diego era mejor periodista que Gonzalo. Sin embargo, llegó un momento en el que mi papá dejó de ser el hijo del famoso. No creo que a mí me pase lo mismo, porque la vocación que tiene mi viejo es única en el mundo. No encuentro a una persona que tenga tanta dedicación como él. Hoy siento un orgullo continuar con la profesión familiar”, subraya Catu.

Los entrenamientos también forman parte de su apretada agenda. Cuando el despertador suena a las 6 de la mañana, ella parte hacia Montaña de la Cruz para hacer trekking o sale a correr por las calles de Buenos Aires para preparar una nueva carrera. “Pero si en alguna semana me toca un cumpleaños, algún evento social o una Sinopharm que me voltea, los días de ejercicio disminuyen”, aclara entre risas.

Un desayuno ligero con algún suplemento y pan con queso es lo que necesita para arrancar su jornada. Y cuando regresa a su casa, cerca de las 10, completa la primera comida del día. Si bien mantiene una dieta saludable, Catu se niega a emplear la palabra “estricta” en su alimentación porque en el pasado sufrió serios inconvenientes relacionados a la anorexia. “Durante mi infancia era más rechonchita. Si bien no tenía sobrepeso, tengo una genética que me hacía engordar. Cuando tenía 15 o 16 años he llegado a pesar casi 80 kilos. No me sentía cómoda y tenía una relación muy fea con la comida”, recuerda.

Sus días durante la etapa escolar fueron los más duros. “Me castigaba mucho, hasta que empecé con una nutricionista y me fui para el otro lado. Toda mi vida me sentí incómoda con la ropa y mi apariencia. Entonces, cuando comencé a adelgazar, gané más confianza, pero no pude poner un límite. Por suerte no derivó en algo grave de internación, pero llegué a ser anoréxica”, remarca como si aquella cicatriz que quedó grabada en el pasado no le representara ningún dolor.

Fue Carmela, la pareja de su padre, quien detectó la enfermedad en Catu y la ayudó a superar el difícil momento. “Yo era una adolescente rebelde y la quería matar cada vez que me decía algo. No quería que se metiera en mi vida, pero agradezco todo lo que hizo, porque si no hubiese sido por ella la cosa no hubiera terminado bien”.

Catu Bonadeo
El abrazo paternal luego de una carrera

Pasaron varios años hasta que logró recuperarse al 100%. Aquella chica tímida y antisocial, que se escapaba de las reuniones y las fiestas porque era marginada de los grupos más populares de la escuela, se fue transformando en la divertida y carismática mujer que superó constantes adversidades. Y en la actualidad, esa obsesión que sentía por su cuerpo forma parte de un recuerdo imborrable para que no vuelva a suceder. “Me fijaba hasta las calorías que tenían las pastillas de menta y mis almuerzos eran a base de lechuga y puré de zapallos”, remarca.

La contención familiar fue clave en su proceso de superación. El orgullo que demostraba su papá por verla hacer deporte fue acompañado del apoyo de Carmela, quien le hizo “abrir los ojos” cuando la llevó a un centro de desórdenes alimenticios. “Ahí entendí cómo iba a terminar si no me calmaba. Cuando me explicaron los tratamientos, me rebelé y me escapé asustada, pero luego comprendí de qué se trataba esa enfermedad”.

En la actualidad ella corre. Y lo hace a un ritmo frenético y sin pausa. Como la vez que participó lesionada de la media maratón de Berlín. Aquel inconveniente en su rodilla jamás le iba a impedir atravesar la línea de meta en la capital alemana, porque era algo que había planeado junto a su hermana durante meses. “Es una ciudad que tiene un vínculo especial con mi familia. Mi abuelo me hablaba siempre de ese lugar, y cuando lo conocí me explotó la cabeza. Fue una de las experiencias más lindas de mi vida. Y cuando terminé, me lloré la vida”, recuerda con nostalgia.

Catu Bonadeo
Catu Bonadeo lleva el ADN runner a todos lados

Ella corre sin detenerse. Como la vez que atravesó 100 kilómetros en 3 días, y lo considera “una locura”. Lo hace en la calle o en las montañas. Incluso el próximo 26 de marzo formará parte de la experiencia Run Altas Cumbres en Mina Clavero, una competencia que combina tres disciplinas en una (nado, run y ciclismo en mountain bike). “Va a ser mi primera carrera del año y estoy muy entusiasmada porque nunca competí en esa zona. Espero ver unos paisajes increíbles, porque Córdoba tiene una variable fabulosa”, dice con entusiasmo. El Camino de Cura Brochero (o Camino del Peregrino) y el Río Mina Clavero serán algunos de los atractivos del trazado.

“Cuando empezás a correr en la montaña te das cuenta de que es un viaje de ida. No hay vuelta atrás. Ahora tengo pendiente hacer una maratón completa, pero la montaña es algo distinto, porque nunca sabés con lo que te vas a encontrar. Para hacerlo, hay que sacarse el chip de la calle y de los objetivos parciales que uno se va poniendo. Y si bien por momentos te surge el temor de lo desconocido, es lo más lindo que te puede pasar, porque se trata de superar esas adversidades. Te da una fortaleza que no te la da ninguna otra disciplina. Durante mi vida he sufrido experiencias personales horribles, y gracia a estas actividades pude forjar una personalidad con una fortaleza muy grande”, analiza Catu.

Catu Bonadeo
Catu Bonadeo tendrá su primera carrera en Run latas Cumbres de Mina Clavero

A falta de aventuras en su día a día, la periodista también se atreverá al desafío de escalar el Aconcagua junto a un grupo de ex atletas olímpicos con fines solidarios. “Espero que ésta no sea una nota que se publique post-mortem”, afirma entre risas sobre la travesía que protagonizará junto a la Peque Pareto, David Nalbandian, Santiago Lange, Cecilia Carranza, Walter Pérez y Federico Molinari. “Queremos llevar a la bandera olímpica a lo más alto, y la idea es que la recaudación vaya para los comedores de Braian Toledo en Marcos Paz. Es una manera de tenerlo presente, porque siempre se lo recuerda con gran cariño por su humildad y solidaridad”, explica Bonadeo.

Apasionada, extrovertida, dedicada y comprometida, la cronista logró combinar el amor por el deporte con su trabajo. Con TN Running expone sus vivencias más íntimas en las que se muestra tal cual es. “Es como esa frase trillada que dice que hay que elegir algo que te guste para no tener que trabajar por el resto de tu vida. Es algo hermoso que me da la posibilidad de motivar a la gente a que se sume a este tipo de actividades. Creo que es muy importante que el running tenga un lugar dentro de los medios masivos de comunicación”, analiza.

Ya sea a través de la cámara o en plena competencia. Ella corre. En el periodismo continúa los pasos que dieron su abuelo y su padre. Todavía lamenta la charla que le quedó pendiente con Diego sobre la profesión, porque cuando falleció ella todavía no se había decidido en abordar el mundo mediático. Pero con Gonzalo habló mucho: “Él me ayudó a sacarme esas inseguridades cuando me dijo que si una no se come a la TV, la TV te termina comiendo. Sus palabras me ayudaron a mantenerme con los pies sobre la tierra y a no perder la esencia. Siempre trato de llevarme bien con el equipo técnico, los productores y los colegas, porque se trata de no encandilarse con la luz de la fama. Por eso, todos los días trato de seguir siendo la Cata que fui siempre”. Y mientras tanto, ella sigue corriendo.

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