Política

El historial de escándalos que envolvieron al Credit Suisse en los últimos 20 años

Suisse Secrets
El edificio de la casa central de Credit Suisse en Suiza

Ubicada en el corazón de Europa, en medio de montañas alpinas y la reputación exquisita de sus chocolates, Suiza hizo del secreto bancario su mayor atractivo. Lo oficializó allá por 1934 para atraer a grandes fortunas y desde entonces, cualquiera que quiera romper ese férreo candado informativo, puede pagarlo con la cárcel.

Con 170 años de historia, en el corazón de esa industria financiera está el Credit Suisse, el segundo banco más importante de Suiza, con 50.000 empleados y sucursales en todo el mundo. Gestiona activos por 1,5 billones de francos suizos de 1.5 millones de clientes. Pero su éxito financiero tiene su contracara, tal como reveló la investigación internacional Suisse Secrets encabezada por el periódico alemán Süddeutsche Zeitung y OCCRP, y de la que participa Infobae junto a otros 47 medios de todo el mundo.

Documentos filtrados por una fuente anónima y obtenidos por los periodistas, identifican a miles de clientes extranjeros que ocultaron su dinero en Credit Suisse. Los registros distan mucho de ser una lista completa de los clientes del banco, pero brindan una visión reveladora de lo que esconde la cortina del secreto bancario suizo.

Pese al alto riesgo de cientos de esos clientes de distintas partes del mundo, el Credit Suisse mantuvo cuentas a su nombre y obtuvo ganancias con sus millones de dólares durante décadas, a pesar de las promesas de que extremaría sus controles para no albergar dinero ilegal o de origen dudoso de sus bóvedas. Así según surge de esta nueva filtración global con información sobre sus cuentas bancarias que involucran más de USD 8.000 millones en cuentas ligadas a políticos corruptos, delincuentes condenados, espías y dictadores. Pero igual operó con ellos.

El Credit Suisse sintió el impacto de la filtración que comenzó a publicarse el domingo pasado, y sus acciones cayeron por las revelaciones de la investigación internacional.

Suisse Secrets no es el primer escándalo en el que se ve implicado este banco cuya casa matriz es un imponente edificio de gran belleza arquitectónica en Zurich. Pese a su compromiso público de extremar los procesos de cumplimiento y debida diligencia sobre sus clientes como exigen las normas internacionales, a lo largo de dos décadas, acumula más de una veintena de ellos en cuatro continentes.

¿Los motivos? Desde haber permitido el lavado de dinero proveniente de la corrupción o la evasión fiscal, hasta sobrevaluar bonos para obtener ganancias fraudulentas o estafas con hipotecas basura. Los escándalos van desde Suiza a Nigeria; desde Estados Unidos a Rusia y Hong Kong; desde Francia a Singapur y Mozambique; de Alemania a Brasil, pasando por Venezuela y Argentina, según el relevamiento realizado por Infolibre, el único medio español que participa de la filtración de cuentas de la entidad suiza.

La última vez que el Credit Suisse Group había estado en los titulares de los portales de noticias fue en enero pasado, luego de que su entonces flamante presidente de Credit Suisse Group, Antonio Horta-Osório, renunciara después de solo nueve meses al frente de la entidad. Fue después que se dscubriera que incumplió en varias ocasiones la cuarentena y restricciones sanitarias por el Covid-19. El directivo había llegado al Grupo, tras un escándalo de espionaje a empleados que terminó con la renuncia de su predecesor.

Antonio Horta-Osório en Suisse Secrets
Antonio Horta-Osório, el banquero portugués británico que fue presidente de Credit Suisse hasta el 17 de enero de 2022

La defensa del Credit Suisse

En una declaración emitida desde su sede mundial en Zúrich, Suiza, el Credit Suisse afirmó que los hechos presentados en Suisse Secrets son predominantemente “históricos”, que algunos datan de la década de 1940 y que de manera general lo que se afirma “es parcial, inexacto o con información seleccionada puesta fuera de contexto, lo que resulta en interpretaciones tendenciosas de la conducta del banco”.

La entidad señaló que la consulta de OCCRP para la investigación, la llevó a “revisar una gran cantidad de cuentas potencialmente vinculadas con los temas expuestos y aproximadamente el 90 % de ellas están hoy cerradas o estaban en proceso de cierre antes de que se reciban las peticiones de la prensa”. El banco aseguró que un 60 % de todas esas cuentas habían sido cerradas antes de 2015. “Sobre el resto de cuentas activas, nos sentimos cómodos puesto que se ha actuado con la diligencia debida y se efectuaron controles conforme a nuestro marco actual. Seguimos analizando los hechos y tomaremos pasos adicionales si es necesario”, dijo.

Aunque señaló que toma las denuncias de forma seria y que continuará con sus investigaciones internas, la entidad financiera dijo que esto parece ser parte de un “esfuerzo concertado” para desacreditar no solo al banco, sino a la plaza financiera suiza, que ha aplicado profundos cambios en los últimos años.

Los antecedentes

En el 2000, el Credit Suisse fue multado por las autoridades bancarias de Suiza con 750.000 francos de ese país –un poco más de USD 800.000– por violar las normas sobre el blanqueo dinero y aceptar 200 millones de euros de la familia del fallecido dictador nigeriano Sani Abacha, que fue presidente de ese país africano entre 1993 y 1998. El dinero procedía del robo que Abacha habría llevado a cabo en su país de USD 5.000 millones, y fue reclamado después por el Estado nigeriano. El Credit Suisse tiene a los hijos de Abacha como clientes, quienes tuvieron en sus cuentas, al menos, USD 214 millones.

Un tribunal de Francia sentenció en 2001 a cinco empleados de Credit Suisse que actuaban en nombre de Alfred Sirven, antiguo director general de ELF, la petrolera francesa que entonces estaba en manos del Estado, quien también fue condenado a cinco años de cárcel en uno de los mayores escándalos de corrupción del país galo Los trabajadores del banco suizo habían ayudado al directivo a blanquear 450 millones de francos suizos entre 1989 y 1993.

A fines de 2001, a través de la filial de Credit Suisse en Argentina, el Banco General de Negocios (BGN), clientes con depósitos con varios ceros pudieron saltar el “corralito” bancario impuesto por el gobierno de Fernando de la Rúa, y trasladar sus fortunas a paraísos fiscales para evitar así la inmovilización de sus activos. Al menos USD 50 millones salieron del país a través del BGN. Su presidente, José Rohm, fue acusado de blanqueo de dinero, fuga de capitales y asociación ilícita.

bancos cuando comenzó el corralito en 2001
Gente haciendo cola para retirar sus depósitos en Buenos Aires en diciembre de 2001 al implementarse el corralito (Diego Giudice/KRT/ABACA) (TNS/ABACA/)

En 2004 fue una investigación internacional sobre la mafia japonesa, la yakuza, la que puso en el candelero al Credit Suisse: en Zurich se incautaron 57 millones de dólares.

Estados Unidos multó en 2009 al Credit Suisse por mover desde Nueva York cientos de millones de dólares de forma ilegal en nombre de clientes de países sometidos al régimen de sanciones de Estados Unidos, como Irán o Sudán. Desde 2002 hasta 2006, el banco suizo procesó más de USD 700 millones en pagos que violaban esas sanciones.

Luego de que el gobierno de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania, comprara un disco duro con información de cientos de evasores fiscales, las autoridades federales germanas abrieron en 2010 una investigación sobre 1.100 clientes y empleados del Credit Suisse, sospechosos de ocultar dinero al fisco. La policía alemana allanó 13 sucursales y delegaciones del Credit Suisse por sospecha de fraude fiscal. El banco pagó 150 millones de euros al land de Renania del Norte-Westfalia para cerrar el caso.

El Credit Suisse también blanqueó fondos procedentes de Rusia. En 2011 fue vinculado al caso Hermitage Capital, un fraude de USD 230 millones denunciado por un abogado ruso que había muerto en la cárcel en circunstancias sospechosas dos años antes. Unos USD 24 millones pasaron por cuentas de Credit Suisse pertenecientes a sociedades ficticias.

Sanciones de la SEC

Estados Unidos, asu vez, puso bajo la lupa al Credit Suisse por su conducta varias veces más. En 2012, la Securities and Exchange Commission (SEC, equivalente a la Comisión Nacional de Valores en Argentina) acusó a cuatro directivos del banco suizo de sobrevalorar de forma fraudulenta los precios de bonos de alto riesgo por importe de USD 3.000 millones. Fijaron precios por encima del mercado para que el Credit Suisse obtuviera más beneficios. Ese mismo año, la SEC también le acusó de engañar a los inversores en las ofertas de RMBS, unos bonos respaldados por préstamos hipotecarios. El banco tuvo que pagar USD 120 millones de dólares al organismo de control norteamericano, pero no admitió ni negó las acusaciones.

En 2014, ocho ejecutivos del banco en Estados Unidos fueron acusados de ayudar a sus clientes a crear sociedades ficticias para ocultar cuentas no declaradas y fraguar sus declaraciones de impuestos. El Departamento de Justicia de EEUU le reclamó al Credit Suisse USD 2.600 millones.

Dos años después, la SEC volvió a multar a este banco suizo, esta vez por engañar a los inversores que utilizaban su plataforma dark pool, que permite ejecutar operaciones de forma anónima. Fue condenado a pagar multas por un importe total de USD 84,3 millones de dólares.

También en 2016, otro organismo federal, la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera (FINRA) de Estados Unidos, sancionó al banco suizo con USD 16,5 millones por infringir las leyes sobre blanqueo de capitales. Sus empleados no verificaban las operaciones de dinero potencialmente sospechosas. En abril de 2021, el Credit Suisse pagó 345.000 dólares para anular el proceso por sus “deficiencias en la supervisión”.

Asia y América Latina

Los escándalos también llegaron a Singapur en 2013. Su filial de banca privada Clariden Leu, que trabajaba con la firma gestora de grandes fortunas Portcullis TrustNet, creó más de 700 empresas en paraísos fiscales. Cuatro años más tarde, las autoridades de Singapur multaron a Credit Suisse por el escándalo 1MDB, el fondo de inversión creado por el primer ministro de Malasia, Najib Razak. Este fue condenado a 12 años de cárcel por haber desviado a sus cuentas privadas 4.000 millones de euros de ese fondo, que se lavaron con ayuda de Credit Suisse y otros bancos suizos.

En América Latina, el Credit Suisse también estuvo implicado en el caso del Lava Jato, en Brasil. Por cuentas suizas en este banco pasaron USD unos 1.000 millones en sobornos que tuvieron a las empresas públicas brasileñas Petrobras y Odebrecht en el centro de la trama.

En 2016 la empresa pública implicada era Petróleos de Venezuela (PDVSA). Suisse Secrets reveló, en los últimos días, que venezolanos implicados en la corrupción con la empresa estatal tuvieron cuentas condinero robado del petrñoleo en el Credit Suisse.

Al año siguiente, el Credit Suisse apareció en el centro de un caso de evasión fiscal internacional en Europa que implicaba a 55.000 cuentas bancarias sospechosas en Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Francia e incluso Australia. Fue en 2017. Las autoridades holandesas habían recibido de un informante los nombres de 3.800 titulares de cuentas bancarias. Tres años después, la Justicia de Bélgica descubrió que el banco había ayudado a 2.600 clientes a evadir impuestos entre 2003 y 2014.

También en 2017, una empresa con sede en Amberes (Bélgica) que trabajaba con la Autoridad Portuaria de Nigeria en el dragado de un río y un canal en ese país, apareció vinculada a una cuenta del Credit Suisse que se utilizó en 2017 para pagos dudosos.

En Angola, el banco suizo se vio implicado en 2018 en un caso de blanqueo de capitales y fraude masivo alrededor del Banco Espirito Santo. De los cientos de millones que el presidente de la filial angoleña de este banco desvió, USD 47,5 millones terminaron en una cuenta del Credit Suisse en Zurich a nombre de una empresa de Luxemburgo llamada World Property.

En Mozambique, tres oficiales del banco captaron préstamos por USD 2.000 millones de dólares, garantizados por el Gobierno de ese país africano entre 2013 y 2016, y los vendieron posteriormente a inversores de todo el mundo, incluido Estados Unidos, a través de dos instituciones financieras. La maniobra terminó en una estafa. El ex ministro de Finanzas de Mozambique, Manuel Chang, fue detenido a principios de 2019 en Sudáfrica a pedido de Estados Unidos, que solicitó su extradición por su presunta participación en ese fraude que afectó a inversores estadounidenses.

En Hong Kong, la filial del Credit Suisse pagó en 2018 una multa de USD 47 millones de dólares por conseguir negocios a cambio de contratar a funcionarios chinos o a sus familiares.

Ese mismo año, Patrice Lescaudron, gestor personal del banco en Ginebra, fue condenado a cinco años de prisión por fraude y falsificación. Confesó que cortaba y pegaba firmas de clientes, todos ellos ciudadanos ricos del Este de Europa, para desviar dinero y hacer apuestas en la Bolsa sin su consentimiento. Él ganó USD 32 millones, pero hizo perder a sus clientes USD 152 millones. Entre ellos, el ex primer ministro de Georgia Bidzina Ivanishvili y el oligarca ruso Vitaly Malkin. El Credit Suisse alegó que ningún otro empleado estaba involucrado en las operaciones de Lescaudron, pero los abogados de Ivanishvili sostenían que los responsables del banco conocían las actividades de quien pasaba por ser su gestor estrella para Rusia y no sólo no hicieron nada, sino que además continuaron cobrando comisiones por los productos financieros que vendían. Lescaudron se suicidó en julio de 2020.

Un año más tarde, otro empleado estrella del banco, Igbal Khan, saltó a las primeras páginas de los periódicos suizos. Khan abandonó el banco en julio de 2019 para marcharse a la competencia, UBS. En septiembre demandó a Credit Suisse tras enfrentarse en las calles de Zúrich con tres detectives privados que le seguían a él y a su mujer. El banco le había puesto bajo vigilancia porque sospechaba que iba a llevarse a UBS a clientes y a parte de la plantilla. El escándalo y la consiguiente investigación de la Autoridad Suiza Supervisora del Mercado Financiero (FINMA, el organismo gubernamental suizo responsable de la regulación financiera) terminaron con la salida del consejero delegado de Credit Suisse, Tidjane Thiam en febrero de 2020. En julio de 2021, el banco llegó a un acuerdo extrajudicial con Iqbal Khan.

En 2020, también, la fiscalía suiza acusó a Credit Suisse de blanquear dinero de una organización criminal búlgara, cliente del banco durante casi 20 años, respecto de la cual había ignorado los procedimientos de debida diligencia para prevenir el posible lavado de dinero. El Tribunal Penal Federal le condenó a pagar una multa de USD 5,5 millones.

Más recientemente, el fondo de inversión familiar Archegos le hizo perder a Credit Suisse USD 5.000 millones, tras derrumbarse los valores en los había invertido mediante arriesgados derivados financieros. Los sistemas de control de riesgos del banco suizo no funcionaron. Pese a que fueron destituidos la directora de Riesgos y el director del banco de inversión, el supervisor financiero suizo abrió un procedimiento civil contra Credit Suisse. También el banco japonés Nomura y UBS perdieron millones con Archegos, pero la pérdida de mayor cuantía correspondió a Credit Suisse.

No fue la última investigación que le abrió la autoridad financiera suiza al Credit Suisse, y le valió otro proceso penal en el cantón de Zurich. Credit Suisse Asset Management supervisaba USD 10.000 millones de dólares que invertían en los activos de financiación comercial de Greensill, que se dedicaba a ayudar a las empresas a pagar a sus proveedores. Pese a que se consideraba una inversión segura, las prácticas financieras de Greensill acabaron mal y forzaron la congelación de esos USD 10.000 por parte de Credit Suisse. Mientras, los inversores demandaron al banco, que se esfuerza aún por devolver el dinero. En septiembre anunció que había recuperado USD 6.300 millones, pero advirtió de que tendría dificultades para reintegrar el resto. El entonces presidente de Credit Suisse, Urs Rohner, renunció a su bonus de 2020, de 1,5 millones de francos suizos, y el Consejo de Administración no cobró primas. Pero el gesto sirvió para poco. El 30 de abril del año pasado Rohner cedió el mando del banco a António Horta-Osório, ex director general del británico Lloyd’s y ex director de Santander en Reino Unido.

El CEO del Grupo Credit Suisse renunció a principios de 2020, tras un escándalo de espionaje a su ex banquero estrella (REUTERS/Arnd Wiegmann/File Photo)
El CEO del Grupo Credit Suisse renunció a principios de 2020, tras un escándalo de espionaje a su ex banquero estrella (REUTERS/Arnd Wiegmann/File Photo) (ARND WIEGMANN/)

Horta-Osório anunció que llegaba al banco para reforzar el control de riesgos y la rendición de cuentas, pero apenas nueve meses después de acceder al cargo tuvo que dimitir por vulnerar las normas de cuarentena del COVID en Reino Unido. El ejecutivo había regresado a Suiza desde el Reino Unido en noviembre de 2021 y salió hacia Madrid antes de que se cumpliera el periodo de cuarentena de 10 días. El banco lo reconoció y abrió una investigación: Horta-Osório había roto la cuarentena también en julio al asistir a la final de tenis de Wimbledon en Londres. Las acciones de Credit Suisse perdió un 36% de su valor desde que, con una diferencia de apenas dos semanas, estallaron los casos Greensill y Archegos hace un año.

Suisse Secrets es un proyecto periodístico colaborativo basado en una filtración de datos bancarios de una fuente anónima al diario alemán Süddeutsche Zeitung, compartida con OCCRP y 46 medios aliados alrededor del mundo, entre ellos Infobae y La Nación, de Argentina. La investigación en nuestro país fue llevada adelante por Mariel Fitz Patrick, Sandra Crucianelli e Iván Ruiz (Infobae), y Hugo Alconada Mon (La Nación).

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