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Los “mandamientos” de Pablo Aimar en la selección argentina: lo que tomó de Bielsa y Pekerman, el valor de la camiseta y el fútbol como un juego

Pablo Aimar y Lionel Messi
Aimar y Messi, tras ganar la Copa América (Twitter)

“Yo creo que hay que seguir a Pablo Aimar. Es un señor. Los valores que les ha dado a las Juveniles y ahora a la Mayor. Cuando hablen con Messi, con Di María, pregúntenle por Aimar. Es un gran referente para lo que viene”.

Eduardo Domínguez, entrenador de Independiente, no es amigo del ex enganche. Pero a partir de su prédica en los contadas apariciones en los medios, y de la silenciosa huella que deja en sus dirigidos y en el predio de Ezeiza, lo señala como referente del porvenir del fútbol argentino. El orientador de la Selección Sub 17 y asistente de Lionel Scaloni en la Mayor aparece como una especie de faro en esta especie de reverdecer albiceleste.

Y, en los hechos, lo es. Alrededor del Payasito (aunque a dicho apodo hoy lo considere anacrónico) se gestó la renovación a nivel selecciones. Llegó, junto a Diego Placente, como parte de la estructura que desembarcó con Hermes Desio como director general. Pero ambos trascendieron cuando el proyecto mutó. Y como un puzzle coincidieron con Lionel Scaloni, de ideas similares. Hoy se sumó Javier Mascherano en el Sub 20. Y Bernardo Romeo cerró el paquete en el rol de coordinador general.

Aimar arrastra ideas propias, pero también el influjo de José Pekerman y Marcelo Bielsa, que dejó estela en su formación, y ese combo es el que transmite en cada gesto, cada actitud, cada trabajo, cada plan. Del Loco absorbió ese espíritu amateur que brota en cada paso de caminata del ex Leeds, o en la pose de Pensador de Rodin sobre la heladerita. “Cuando hablo del disfrute, hablo mucho de los juveniles. Él habla mucho en sus charlas de eso. Eso te hace salir a la cancha con un subidón maravilloso. Varias veces mencionaba a la persona en el Interior, que su única alegría de la semana iba a ser eso que iba a ver en la televisión y que empezaba dentro de cinco minutos, que era el partido que jugaba la Selección. Uno, en ese momento, que tenés 22 ó 23 años, sabés que ese alguien es tu tío, tu abuelo. Esas cosas hacen que uno juegue un partido con la palabra motivación, que encierra muchas cosas”, supo declarar.

De José, hoy entrenador de Venezuela, próximo rival de Argentina en las Eliminatorias, surgen las reglas internas de convivencia en los juveniles. Celulares en la mesa o en el vestuario, no. Hay una observación en las redes sociales: nadie les prohíbe nada, pero sí que el contenido mantenga una línea de respeto. “Incluso hemos tenido charlas en las que nos guiaron sobre qué contenidos pueden perjudicarnos. Nos explicaron que somos jugadores de la Selección todo el tiempo, no sólo en Ezeiza”, contó un joven que estuvo bajo su tutela.

Aimar y compañía también prestan atención para que los juveniles cumplan con las tareas del colegio, están pendientes de la formación académica de los chicos. “Son jugadores dos horas por día. El resto del tiempo son personas iguales a todos”, es una de las máximas del ex River Plate y Valencia. El DT y su equipo se respaldan en la “regla de las tres C”: “contención, comprensión y confianza”.

En 2019, antes del Mundial Sub 17 de Brasil, en la sala de juegos del predio de Ezeiza el cuerpo técnico pegó un cartel con “8 mandamientos” a seguir por las promesas bajo el título “nuestros valores”.

-Sentido de pertenencia (dar todo por la camiseta)

-Determinación (resolver con valentía)

-Humildad (reconocer errores, dejarse ayudar)

-Generosidad (dar más de nuestro 100%)

-Entusiasmo (tener ganas de hacer, contagiar)

-Respeto (por favor, gracias, permiso, buenos días)

-Trabajo en equipo (ninguno es tan bueno como todos juntos)

-Compromiso (siempre)

La enumeración termina con una frase motivadora para los juveniles: “Vestir esta camiseta… Si te emociona pensarlo, imaginate vivirlo!!!”.

Ese punto Aimar lo profundiza en continuado en su discurso, el externo, ante los micrófonos, y el íntimo, para los grupos a los que le toca comandar o acompañar. “Sus charlas no son tan largas, es muy concreto en lo que dice”, orienta otro jugador que lo tuvo como jefe de vestuario. Y en las mismas subraya que nunca se sacaría o la camiseta o el buzo de la Selección, aunque siempre disfrutando de ese privilegio, sin que se convierta en una presión o en un elemento paralizante.

Quedó en el recuerdo una frase suya en 2018, que se hizo viral y cada tanto resuena como un mantra albiceleste: “Lo primero que sentís es que no te querés ir nunca de la Selección. Hay familias que pagan en 24 cuotas esta ropa, y a ellos se la dan para entrenar. Es un privilegio muy grande”.

Pero, dicho quedó, todo en un contexto en el que la responsabilidad se mezcla con el juego. “Están obligados a pasarla bien, a disfrutar de lo que están haciendo, del lugar donde están. Pero sólo decírselo no, porque si les decimos que venimos acá para disfrutar y hacemos 800 pasadas de 4 mil metros es difícil. Habrá algunos que sí porque son atletas, pero los chicos que van a jugar al fútbol, me imagino que van a jugar al fútbol”, señaló en una entrevista con el programa radial Todo Pasa.

En el universo Aimar, el proceso tiene tanto valor como el puerto de llegada. “No pasa por el resultado final. Creo que hemos ayudado a estos chicos a ser un poco mejor de lo que eran hace cuatro meses, o por lo menos lo intentamos. Intentamos que no solo sea dentro de la cancha, que sean educados, respetuosos… Si termina con un título eso se ve. Si no termina con un título eso no se ve, pero el trabajo estaba hecho”, sostuvo tras la vuelta olímpica en el Sudamericano Sub 15 de 2017.

Lo mismo cuadra para el estilo futbolístico. El hoy DT usa la pizarra, pero como una herramienta, no como un dogma. Incentiva la inspiración de los chicos en cada minuto aprovechado en Ezeiza. En el imaginario Aimar, está la idea de desarrollar “espacios creativos”. Para ello, apela a los ejercicios en espacios reducidos como disparador. Pero las prácticas, por ejemplo, se inician con juegos; “lúdico” no es una mala palabra. La acción arranca con movimientos recreativos o tareas atencionales.

El 95% de los trabajos tienen a la pelota como reina. Es verdad, la base física los chicos la traen desde sus clubes, pero hay una búsqueda detrás. En el predio hay una cancha que no tiene límites, estilo Showbol, que Aimar pidió expresamente para fomentar el juego rápido, la asociación y la atención plena. Allí se desarrollan mini partidos de 15 a 20 minutos, de tres o cuatro tiempos, en los que los juveniles entran y salen sin detener las acciones.

Además, cuentan en el predio que el ex organizador de juego, de 42 años, hace un seguimiento diario de los campos de juego, pide que los rieguen, que sean un paño, para que la pelota corra bien y los jóvenes le pierdan el miedo, incluso, al error. “Hay que crearles entornos creativos a los chicos. El fútbol es mucho de imaginación, no es ajedrez. La torre va siempre para adelante y los costados. El caballo también hace siempre los mismos movimientos. En fútbol no. Ellos tienen que equivocarse. Si nosotros a esas edades sólo jugamos tácticamente no podemos esperar jugadores creativos. Y vuelvo a la defensa atrapada atrás, eso lo destraba un creativo. Uno que se imagina algo diferente. Tenemos que dejarlos y permitirles equivocarse, sobre todo a la edad que estoy yo, que son niños jugando al fútbol”, supo plantear.

Tal vez con aquel Payasito en el espejo, aquel al que un tal Lionel Messi eligió como ídolo, Aimar busca talento para cobijarlo, darle el entorno para brillar, en épocas de la mecanización del fútbol como discurso casi único, irrebatible. “No me gusta escuchar que no hay jugadores creativos y no me gusta tampoco escucharlo después de hacer 800 entrenamientos automatizados. Es muy probable que no haya jugadores creativos si todo es automático y si a uno que gambetea con 15 años le decimos que no lo haga si la pierde 2 ó 3 veces. A esa edad la van a perder 2, 3, 5 ó 10 veces. Entiendo lo del juego posicional, lo de atacar los espacios. Yo creo más en que los entrenadores nos tenemos que hacer cargo de esa supuesta, o real, falta de creatividad. Creo que esas defensas en bloque las destraba un creativo. Un creativo gambetea, inventa algo diferente cuando todo es monótono”, expuso en el Congreso Magistral, en el que también participaron los entrenadores españoles Dani Guindos, Óscar Cano y Rubén de la Barrera.

SU OTRO YO

Ese Aimar expansivo en las juveniles asume otro rol en la Mayor, a la que accedió a pedido de Lionel Scaloni, pero como uno más de un cuerpo técnico que tiene nombres de perfil fuerte, como Roberto Ayala o el Muro Walter Samuel. Y no se siente incómodo cediendo protagonismo. “No me sorprende lo que ha hecho Scaloni porque siempre fue un apasionado del fútbol. Lo que más le admiro es la tranquilidad con la que se tomó el lugar, lo bien que lo lleva, la comunicación y la comunión que tiene con los jugadores. No tengo dudas de que va a tener una carrera fantástica. Él, como cabeza de grupo, es alguien que toma riesgos y los asume, y es admirable la paz con la que se toma el lugar en el que está”, elogió desde su función de lugarteniente, por más que en Ezeiza todos saben que su importancia excede largamente el papel de actor secundario.

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