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Los recuerdos del Mono Perotti: de la gloria con Maradona en Boca Juniors a su lucha contra la depresión y el cáncer tras su salida del club

Hugo Perotti
Junto con Brindisi y Maradona, el día del homenaje a Diego en La Bombonera, en 2020

Si uno pudiera viajar en el tiempo y detenerse en 1977 se encontraría que en el fútbol argentino había irrumpido con toda la fuerza el Boca de Juan Carlos Lorenzo, ganador de los dos torneos locales del año anterior y de la Copa Libertadores, viejo anhelo de la institución. Eran tantos los partidos que aquel equipo disputaba entre el certamen doméstico, amistosos y compromisos internacionales, que comenzaron a aparecer varios futbolistas surgidos de las divisiones inferiores en en Primera División. De todos ellos, enseguida se destacó uno, que prontamente se ganó un lugar entre los consagrados Gatti, Sa, Suñé, Mastrángelo o Zanabria, a fuerza de goles y velocidad. Se hizo dueño de la camiseta número 11 y no la soltó más: Hugo Osmar Perotti, quien lleva los colores de Boca en el alma y el corazón, ese que ha sufrido un poco en el último tiempo, pero que con la misma fuerza con que encaraba a los marcadores laterales, logró sobreponerse.

“Llegué al club porque el padre de un amigo conseguía una carta para que pudiera probarme. Era una gran oportunidad, pero no fui porque estaba de viaje con mi colegio para disputar la final de los torneos Evita. Entendieron la situación y quedó el compromiso para que me dieran otra oportunidad, que finalmente se dio un tiempo más tarde. Recuerdo perfectamente que fuimos 42 chicos y solo quedamos con Marcelo Bachino, que también llegó a la Primera de Boca. Tuve la suerte de hacer 7 goles ese día. En el año ‘75 fui campeón con la Séptima División y se dio el caso curioso de que también di la vuelta olímpica con la Sexta, porque lo habían expulsado al puntero izquierdo titular y entré en ese lugar”.

Aquellas consagraciones de Boca del Metro y Nacional ‘76, esta última en una final contra River en cancha de Racing, festejada hasta la locura, le había dado la chance de regresar a la Copa Libertadores. Allí Lorenzo decidió armar un equipo alternativo para el certamen local: “Con 18 años, a mediados del ‘77, me citaron para entrenarme con la Primera. No lo podía creer, porque era un sueño que se estaba haciendo realidad. El debut como titular fue el viernes 9 de septiembre contra Atlanta en La Bombonera, en el clásico partido que se adelantaba para la televisión. Marqué un gol cuando apenas se inició y fue una emoción inmensa”.

Hugo Perotti
Equipo de Boca en el Monumental en 1980. Arriba: Mario Zanabria, Pancho Sa, Oscar Ruggeri, Vicente Pernía, Hugo Orlando Gatti, Jorge Ribolzi y Carlos "cacho" Cordoba. Abajo: Jorge Coch, Carlos Veglio, Carlos Salinas y Hugo Perotti

Pocos días más tarde, el 14 de septiembre, los Xeneizes alzaron por primera vez la Copa Libertadores de América, en una definición por penales para el infarto contra Cruzeiro en el desempate disputado en Montevideo. El joven Perotti lo vio por televisión con un grupo de amigos sin saber que pronto sería protagonista vital en ese equipo: “El Toto Lorenzo fue el mejor entrenador que tuve en mi carrera. Tácticamente era un fenómeno, un verdadero adelantado a su tiempo. Lo único que tenía es que era medio complicado con los más chicos y a los grandes los manejaba de otra manera. Era un genio total, que te enseñaba un montón, pero es justo reconocer que era un obsesivo”.

El ‘78 asomaba diáfano para los sueños de Perotti, con la consolidación cercana en el equipo titular, pero sufrió un par de desgarros seguidos que le quitaron continuidad. Recién en agosto volvió al ritmo habitual, justo a tiempo para arrancar el grupo semifinal donde había que defender el título de la Copa Libertadores: “Nos tocó una zona tremenda con el Atlético Mineiro de Paulo Isidoro y un River que estaba lleno de muchachos que habían ganado el Mundial. Fue clave la victoria en Belo Horizonte por 2-0, ya que nos dio ánimo para la recta final. El choque en el Monumental era decisivo, porque llegamos con ventaja y ellos nos tenían que ganar. Fue una noche inolvidable, con el 2-0 por los goles de Mastrángelo y Salinas, les dimos un baile bárbaro (risas). Hice expulsar a Merlo y Saporiti por las patadas que me pegaron. La final con Deportivo Cali fue otra batalla, sobre todo en Colombia, porque en la Bombonera goleamos 4-0 y marqué dos goles, en lo que fue una fiesta extraordinaria”.

Hugo Perotti
Escenas del histórico gol de Perotti a Ferro en 1981

La gran actualidad de Perotti y la idea manifiesta de César Menotti de incorporar nuevos elementos al equipo nacional con la mira puesta en España’82 hizo que su convocatoria fuera un hecho casi natural. Y así ocurrió en los primeros meses del ‘79, aunque el vínculo no tuvo el desarrollo esperado: “Llegar a la Selección fue una hermosa satisfacción y hacerlo en el plantel campeón del mundo, mucho más. Al mes de debutar comenzaba la gira por Europa y el mismo día que la delegación debía embarcarse, Boca disputaba un partido importante de la Libertadores contra Peñarol en la Bombonera. El club hizo el pedido y Menotti me vino a consultar para saber qué es lo que quería yo. Le respondí que sí, ya que la opción era jugar esa noche, salir en un vuelo en la mañana siguiente y luego unirme al resto. Así se dio, ganamos 1-0 y viajé. Pero los medios habían comenzado a reavivar la vieja polémica y decían que Lorenzo le había ganado la pulseada a Menotti. Eso le molestó mucho. Se la agarró conmigo, porque me la hizo pagar, ya que me puso solo un partido. Es un entrenador que no me dejó nada”.

La derrota de Boca en la final de la Copa ante Olimpia de Paraguay precipitó el fin del ciclo de Juan Carlos Lorenzo. El ‘80 fue un año muy malo para el club, con muchas goleadas en contra y un cuadro que no encontraba el rumbo, bajo la dirección técnica de un símbolo de la institución como Antonio Ubaldo Rattín: “Fue un año para olvidar. Había muchos jugadores de edad en el plantel y a eso se le sumó que no se realizaron incorporaciones y sufrimos una gran cantidad de lesiones. En la primera rueda anduvimos por los últimos puestos, pero después repuntamos. En mi caso, el balance me dejó el hecho de haber tenido continuidad y de haber marcado varios goles, sobre todo dos a River en La Bombonera. Uno es muy recordado, porque nos sirvió para ganar 1-0 y se la clavé en el ángulo al Pato Fillol”.

Tras haber padecido cada día del año ‘80, la temporada siguiente le presentaba a Boca la ilusión de una revancha. Había culminado el extenso ciclo de 20 años de Alberto J. Armando como presidente y como técnico asumió Silvio Marzolini, gloria del club. Arribaron refuerzos de categoría, como Miguel Brindisi y Marcelo Trobbiani, hasta que 48 horas antes de arrancar el torneo, se produjo el estruendo mayúsculo, el sueño que parecía imposible y se hizo realidad: la llegada de Diego Armando Maradona: “Él era un fenómeno dentro y fuera de la cancha. Se adaptó enseguida al grupo, de manera natural y siempre fue uno más. El debut contra Talleres fue una cosa de locos, con una Bombonera que explotaba y donde se deben haber recaudado casi un millón de dólares. Ganamos 4-1 y los matamos a pelotazos. Son esos días en los que un equipo parece que hubiese jugado junto desde siempre. Con altos y bajos, nos consolidamos en todas las líneas a lo largo del campeonato. Una defensa sólida con Pernía, Ruggeri, Mouzo y Córdoba, más el Chino Benítez y Krasosuki en el medio. El Pichi Escudero y yo por las puntas con Diego y Brindisi que cambiaban posiciones”.

Hugo Perotti
Hugo Perotti: "Con Diego tuvimos siempre una gran relación porque éramos de la misma edad"

Fue un título que quedó en la historia, pero enmarcado en un certamen en el que Boca nunca estuvo cómodo, porque Ferro le dio pelea mano a mano. Cuando el cuadro de Caballito lo alcanzó a pocas fechas del final, el plantel recibió una inesperada visita en la concentración: “Estaba hablando por el único teléfono que teníamos, uno negro antiguo que estaba pegado a la cocina, con las piernas estiradas sobre un mármol, con Diego parado al lado. De golpe entraron como 20 de la barra y me gritaron que cortara la comunicación. Les dije que no y entonces uno arrancó el cable de la pared y chau teléfono (risas). Nos dijeron que la cosa no era con nosotros, con los más jóvenes. Diego saltó enseguida y yo también, porque estaban insinuando que no poníamos todo en la cancha. Estaban armados y la cosa se puso brava”.

En medio de ese clima, al día siguiente enfrentaron a Estudiantes en La Bombonera, donde Perotti marcó el gol de la victoria, que arrancó en una jugada típica de Gatti: “El Loco volvió esa tarde a la titularidad en lugar de la Pantera Rodríguez. Cortó un avance saliendo lejos del arco y gambeteó a un par de rivales. Siempre dijo que me dio un pase, pero si yo no bajaba se le iba afuera. La tomé en mitad de cancha, fui encarando, pasando adversarios y definí cruzado. Fue un golazo”.

Dos semanas más tarde llegó el choque decisivo contra Ferro, en el que la sociedad Maradona – Perotti quedó inmortalizada en el Olimpo xeneize: “En la semana discutí mucho con Marzolini, porque él pretendía que no lo siguiera hasta el fondo a Mario Gómez, el lateral derecho que subía mucho, pero yo quería hacerlo hasta mitad de cancha. Al final arreglamos con el Chino Benítez repartirnos la marca. Y ahí apareció la magia de Diego, que me metió una pelota increíble, me dieron una tremenda patada pero seguí y cuando me salió Barisio se la toqué por el costado. Fue un gol importantísimo y que produjo una de las avalanchas más grandes que se recuerden”.

Hugo Perotti
Peorotti arriba del arco que da a la "12" en la Bombonera tras ser campeón de la Libertadores '78

Con Diego tuvimos siempre una gran relación, porque éramos de la misma edad. Primero fuimos rivales, luego compañeros en la Selección y en aquel Boca inolvidable. Lo que él generaba era único, en cualquier parte del mundo, con giras épicas, en cada país que visitábamos. Por ejemplo en Costa de Marfil el avión no podía aterrizar por la cantidad de gente que había en la pista esperándolo. En el tren bala de Japón estaba prohibido escribir en las paredes o pegar carteles, pero cuando nosotros fuimos, se había llenado de posters de él. En los hoteles, sobre todo en nuestro país, no podía ni bajar al lobby, se tenía que quedar en la habitación y solo salía para comer. Cuando fuimos de gira con la Selección, el Papa Juan Pablo II no comenzó una misa para poder saludarlo”.

En el mundo Boca, entre 1981 y 1982, en lugar de un año pareció que pasó un siglo, por todos los avatares que atravesó, comenzando por la partida de Maradona. Los problemas económicos se multiplicaban y se producían atrasos en los pagos a los futbolistas. En medio de ese caos, Perotti fue transferido al fútbol colombiano: “No me quería ir, pero yo era del escaso patrimonio que le quedaba al club, porque la mayoría de los muchachos estaban a préstamo, entonces me vendieron al Atlético Nacional de Medellín. Me fui molesto porque no me dejaron despedirme de lo gente jugando, incluso con un seguro que yo mismo ofrecí pagar. Me quisieron dar una plaqueta, que no acepté. Regresé en el ‘84, en uno de los años más caóticos de la historia de la institución, complicado en todos los sentidos. Negocié para poder quedarme un año más y cuando se venció el préstamo los directivos colombianos pidieron una suma muy elevada. Entonces les pedí que me vendieran definitivo y a Boca, porque si no, yo no jugaba más. Y como no accedieron me retiré”.

Pasaron diez años y la pasión por Boca se mantenía intacta. Entonces fue el momento de regresar al club, ahora en otra función, con la arribo de Mauricio Macri a la presidencia: “Llegó Jorge Griffa y se creó el área de captación y allí comencé en esa tarea, que la desarrollé mucho tiempo, con grandes personas, como Malleo, Horacio García, Jorge Raffo, Daniel Garnica y Claudio Vivas, entre otros. Mi salida se dio en 2018 y fue muy dolorosa, tanto que me produjo lo que los médicos llaman shock emocional. Pasé por un montón de cosas, con operaciones y tratamientos”.

Hugo Perotti
Al día de hoy Perotti sueña con volver a ser captador en Boca

El impacto lo sumergió en una depresión, que derivó luego en un cáncer de pulmón. Gracias a la quimioterapia pudo salir adelante, pero más tarde el coronavirus lo atacó, al punto de estar casi un mes con oxígeno por una neumonía. Nada quiebra la voluntad del Mono: “A principios de 2021 por suerte se terminó y ya estoy curado del todo”.

El sábado 7 de marzo de 2020 se grabó a fuego en los corazones Xeneizes. Esa noche, Boca fue campeón al vencer a Gimnasia, superando por un punto a River. La fiesta había comenzado antes, con Perotti de protagonista: “Desde el consejo de fútbol me llamaron para estar con Miguel Brindisi y entregarle una camiseta a Diego a modo de homenaje. Fue un regalo maravilloso, que me puso contento. Es algo que no sucede todos los días. Diego no estaba bien, pero igual me preguntó por mi salud. Siempre fue un fenómeno, lástima que ya no lo tenemos con nosotros”.

El apellido Perotti continuó con su hijo Diego, en esa transfusión de pasión futbolera entre padres e hijos amantes de la número 5: “Hizo las inferiores en Boca y luego se fue a Deportivo Morón. Allí inició su paso por Europa, actuando en Sevilla. Se puso por pocos partidos la camiseta Xeneize y más tarde estuvo en Genoa, Roma, Fenerbahce y Salernitana. Que Diego siguiera los mismos pasos que yo es un hermoso orgullo. Mucho más por haber actuado 15 años en Europa, donde está todavía, al igual que el hecho de que haya podido vestir las camisetas de Boca y la Selección nacional. No hay plata que pague eso para un papá bien futbolero”.

Activo y vital, sigue soñando con volver a su casa: “Estoy en contacto permanente con los muchachos del Consejo. Ojalá Riquelme me dé la posibilidad de estar nuevamente en el puesto de captador, que ocupé buena parte de mi vida”. Es el anhelo de Hugo, el que siempre tendrá el 11 en la espalda y la 12 en un corazón pintado de azul y oro.

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