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El huracán que le cambió la vida, las dudas que tenía sobre Ginóbili y las aventuras extremas con Oberto: la historia completa de Tim Duncan

DUNCAN Y SU CONEXION ARG
Duncan con Oberto comiendo una picada en Argentina, durante el viaje que hicieron juntos por la Ruta 40

18 de septiembre de 1989. Es de madrugada en Saint Croix, Islas Vírgenes. De repente, cerca de las 2, lo que se presagiaba, llega. Con toda la furia de la naturaleza. El Huracán Hugo devasta la zona en pocas horas. Hablamos de uno de los ciclones tropicales más violentos jamás experimentados en las Indias Occidentales. Con una categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, provocó la muerte de 100 personas y dejó a 56.000 más sin hogar en Puerto Rico, Guadalupe, Montserrat y los estados de Carolina del Sur y del Norte en USA. Las Islas Vírgenes se llevaron una de las peores partes, con seis muertos y pérdidas materiales calculadas en 1.800 millones de dólares, afectando al 90% de su infraestructura. A tal punto fue el caos que hubo saqueos y el presidente George W. Bush tuvo que enviar tropas al territorio del Caribe dependiente de Estados Unidos –las compró por 25 millones de dólares en 1917-. Aquel desastre natural modificó la vida de todos allí, en algunos casos de manera decisiva, como fue el caso de Tim Duncan, para muchos el mejor ala pivote de la historia del básquet y, sin dudas, uno de los 10 más importantes jugadores de siempre en la NBA.

La casa de los Duncan, construida por el padre, albañil de profesión, aguantó, pero no todos tuvieron esa suerte. Así rememoró Tim aquel momento y la crisis posterior, tras la devastación. “Lo primero que recuerdo fue un fuerte boom de las ventanas que se volaron de nuestra casa. Mi madre y hermana entraron en mi habitación y me llevaron por la mano hacia otra. Pasamos el resto de la noche sentados en un pequeño cuarto de baño, con los ojos bien abiertos. Ninguno pudo dormir. Escuchamos las explosiones y los ruidos de escombros. De vez en cuando, miraba por el pasillo a mi padre, que estaba con la vista fija en nuestro techo. Una de las vigas tenía una grieta y, durante la noche, se hizo más grande. Creo que mi padre rezaba… Por suerte mi casa aguantó, pero otros no fueron tan afortunados. Algunas personas murieron y muchas otras resultaron heridas. Aquellos que sobrevivimos nos despertamos en un vecindario destruido. A muchas casas de la cuadra les faltaban los techos, incluso paredes enteras. Nuestros vecinos linderos perdieron su casa, pasaron la noche escondidos en los armarios de la cocina. Terminaron mudándose con nosotros por un tiempo… La economía se paralizó, muchos perdieron sus negocios y trabajos, no tuvimos luz por seis meses y a la escuela no fui por dos… Recuerdo que tenía que bañarme con un balde… Pero me adapté, como todos”, recordó Tim en 2017, justo cuando otro huracán, el Irma, volvió a castigar a su isla, 18 años después, y él pidió ayuda al mundo con una carta conmovedora.

Para aquella primera tragedia, Tim tenía 13 años y prácticamente no había jugado al básquet. En realidad era un excelso nadador con potencial internacional, cuando aquel tifón destruyó la única pileta competitiva que tenía la isla y casi que obligó al talentoso muchacho a abandonar el deporte y dedicarse a otro. “Al principio me entrené en el mar, pero no era lindo. Además, como buen competidor, yo quería nadar por tiempos y como no había torneos, la natación perdió un poco el efecto interesante en mí”, recordó Duncan en un mini documental que se hizo con él en uno de los regresos que tuvo a las islas, en 2015. También, aseguran los que lo conocieron que en esa zona del Caribe el mar suele estar patrullados por tiburones y el miedo, suyo y de su familia, terminaron extirpando la idea de practicar en el océano.

Islas Vírgenes, la tierra natal de Duncan, siempre a merced de los huracanes. Uno de ellos -Hugo-, le cambiaría la vida para siempre
Islas Vírgenes, la tierra natal de Duncan, siempre a merced de los huracanes. Uno de ellos -Hugo-, le cambiaría la vida para siempre

Para completar el combo, pocos meses después, justo un día antes de su cumpleaños N° 14, los Duncan perdieron –por un cáncer de pecho- a la madre, Ione, principal soporte familiar y quien empujaba a Tim a seguir con la natación. Claro, también habían hecho lo propio sus dos hermanas mayores, Cheryl y Tricia, ambas nadadoras. En el caso de Tricia, con mucho suceso, participando en los Juegos Olímpicos de 1988 en representación de USA. Ella finalizó 34° en los 100 metros espalda y 30° en los 200 metros de la misma especialidad, en la cita en Seúl. Aquella experiencia, que Tim siguió por TV, lo marcó para siempre y quiso seguir su camino. Hasta el punto de soñar con llegar a Barcelona 92.

“Tim, como muchos chicos de la isla, comenzó con las clases de natación a los 5 o 6 años. Le gustaba y seguía mucha a su hermana, que era más grande. En la pileta siempre se sintió como pez en el agua”, contó Bill Sullivan, primer coach de natación. “Lo recuerdo como un flaquito que vivía en la pileta, aunque hiciera frío”, aseguró Francis Malloy, amiga de la familia. “Todos lo miraban porque era muy alto pero luego quedaban impactados por cómo nadaba”, agregó la tía Amonteen Doward.

Para 1987, con 12 años recién cumplidos, ya se había ganado el derecho a competir internacionalmente con el país. Y en varias especialidades: 100, 200 y 400 metros libres. “Recuerdo que fuimos a Florida (USA) y se clasificó para los nacionales. Fue cuando pensamos que teníamos algo especial entre nosotros. Era realmente muy bueno”, recordó Sullivan. Siempre con una característica muy del Duncan que el mundo conocería años después, como basquetbolista profesional. “Era muy tímido, como podemos observar en esta foto –precisó Sullivan durante el documental- en un torneo en Santo Domingo, República Dominicana. Tim está atrás de todos, casi espiando detrás del hombro de una de las chicas”.

“En esa época nadaba entre 5000 y 8000 metros por día. Y me sentía bien en el agua”, recordó Timmy, quien contó sobre el rol que ocupaba su madre en aquellos comienzos deportivos. “Mamá trabajaba hasta tarde, pero llegaba y nos llevaba a natación, siempre estaba alentándonos”. Ione, partera de profesión, asistía a todos los encuentros, generalmente gritando lo suficientemente fuerte como para que Duncan la escuchara aunque estuviera bajo el agua. Se trataba, además, de una madre que se enfocaba en inculcar una fuerte ética de trabajo en sus hijos. Todavía hoy Duncan repite su frase de cabecera: “Bien, mejor, mejor. Nunca dejes que descanse, hasta que tu bien sea mejor y tu mejor sea el mejor”.

En los Spurs ganó cinco títulos de la NBA
En los Spurs ganó cinco títulos de la NBA

Tim sufrió mucho la partida de su madre. Lo mismo que la destrucción de la pileta. Dos tragedias -de distinta índole y magnitud- que lo sumieron en la tristeza. Fue justo cuando apareció su tabla de salvación, el básquet. “Dios te bendice de distintas formas y esta es la que usó conmigo: me envió en otra dirección. Así fue que empecé con mis amigos, en séptimo grado. Recuerdo que íbamos a la Jungla y allí jugábamos”, rememoró.

En el documental, Duncan camina entre la profunda vegetación de la isla, sube una pequeña loma y, de repente, pasa por debajo de un árbol y aparece la “Jungla”. Así llamaban Tim y sus amigos a la canchita ubicada en el medio de la nada, en la isla, rodeado de profunda vegetación. Tim camina por ahí, agarra el soporte del ya oxidado tablero y lo mueve para ver si está firme. Enseguida cuenta que el aro no estaba a la medida reglamentaria. Estira sus brazos y queda a pocos centímetros de tocarlo mientras cuenta, con una sonrisa, que “muchos chicos aprovechaban para tratar de volcarla”. Al piso, de cemento, se lo ve dañado, erosionado por el paso del tiempo, incluso con grietas y algunas matitas de césped que crecen guachas… “Esta es nuestra cancha, la Jungla. Y yo era horrible, malo, para nada coordinado. Pero jugaba, me divertía en esa época…”, cuenta durante el video, hoy un verdadero hallazgo.

Al básquet llegó por intermedio del esposo de Cheryl, su hermana, quien con la muerte de su madre, decidió volver de Estados Unidos para ayudar a una familia golpeada. Ricky Lowry había jugado al básquet colegial en Ohio y fue quien animó a Duncan para que comenzara. Le regaló una pelota y eso se sumó a un tablero que ya tenían en la casa, tras la Navidad del 88. Así, con consejos simples de Lowry, Timmy arrancó. Luego llevó su juego a La Jungla y, de repente, casi sin darse cuenta, terminó jugando torneos en otra cancha, más cerca de la playa. “Ibamos a jugar con un grupo de amigos y no les agradábamos a los otros. Fue mi primera competencia”, relató Duncan. “Recuerdo que, cuando vino, le dije que tenía talento, pero que debía fortalecerse, para no dejarse golpear”, agregó uno de sus amigos en el documental.

De a poco, Duncan comenzó a mejorar y a ganar fama en la isla. Claro, dentro de un lugar sin mucha tradición y con un talento limitado. Y el salto lo dio en el secundario St. Dunstan’s Episcopal. En su último año, promedió 25 puntos, 12 rebotes y 5 tapas. A pesar de los artículos entusiastas en las páginas deportivas locales, Duncan recibió relativamente poco interés de las universidades. Hasta que un grupo de novatos de la NBA llegó a las Islas Vírgenes para una serie de partidos exhibición. Chris King, un alero que estaba en la NBA pero había pasado por la Universidad de Wake Forest, quedó impresionado por la actuación de Duncan, nada menos que un duelo que tuvo ante Alonzo Mourning, y llamó a su antiguo técnico, Dave Odom, para alertarlo. “Vení a verlo, es realmente muy bueno y puede ser aún mejor”, le dijo. Odom no perdió tiempo y se tomó un avión hasta St. Croix. Enseguida se dio cuenta de que King tenía razón, pero le costó conectar con un tímido y reticente adolescente. Durante una charla que tuvieron, Duncan se la pasó mirando la TV mientras Odom hablaba… Hasta que el coach finalmente le preguntó si podía apagarlo para tener toda su atención… Para asombro de Odom, Duncan repitió cada palabra que había dicho, dejando claro que estaba interesado en lo que tenía para decirle.

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Reacio al glamour y a las cámaras, Tim se manejó en el otro extremo de muchas figuras mediáticas que tuvo la NBA

No fue fácil para Tim dejar las islas. “No me quería ir… Tengo hermosos recuerdos de aquella época. Crecí en un ambiente de playa, de mucha diversión, donde todo era una aventura. Era un lugar donde todos te conocían. Podías ir a cualquier lugar, sin problemas ni preocupaciones”, recordó. Estados Unidos es otra cosa y la adaptación le costó. Un poco en el día a día y un poco en la cancha, donde promedió 9.8 puntos y 9.6 rebotes durante la primera temporada. Pero era Timmy siempre fue una esponja y cada cosa que le enseñaban, la aplicaba rápidamente. Tenía esa habilidad de trasladar lo aprendido a la cancha, rápidamente. Y así fue que, en la segunda temporada, pasó a 16.8 y 12.5. Eran otros tiempos, donde los prospectos universitarios se quedaban más tiempo en sus facultades y Tim completó el curso, pese a ya ser una estrella en su cuarta temporada, cuando ganó el premio John Wooden al mejor jugador de la NCAA tras promediar 20.8 puntos, 14.7 recobres (líder de la NCAA) y 3.3 tapas (10°). Ya estaba listo para el salto a la mítica NBA, siendo el consensuado N° 1 del draft de 1997.

Aquella elección cambió el destino de una franquicia para siempre. Los Spurs venían de una serie de desarreglos hasta que Gregg Popovich asumió como general manager en 1994. Estuvo dos años en el puesto hasta que en la temporada 96/97 despidió a Bob Hill y él mismo asumió el cargo que ostenta hasta hoy. Arrancó mal: al sexto partido se lesionó su figura, David Robinson, quedando afuera de toda la temporada. Eso se tradujo en muchas más derrotas (47) que victorias (17). Pero a veces, en la NBA, perder no es tan mala noticia. Los texanos ganaron la lotería del draft y eligieron a Duncan, un líder silencioso que lo ayudaría a construir una de las dinastías más importantes en la historia del deporte estadounidense.

Con el regreso de Robinson se formaron las famosas Torres Gemelas y, ya en la segunda temporada, los Spurs se consagraron campeones. Sería el primero de cinco anillos que Pop y Timmy D ganarían juntos, en 15 años. Luego es historia conocida, Tony Parker se sumaría en 2002 y nuestro Manu Ginóbili en el 2003. Una etapa de oro que vivirían hasta 2016, cuando Tim dijo basta a los 40 años. Fue cuando tuvo más tiempo para volver a su tierra natal, en un par de ocasiones por placer, como cuando llevó a sus hijos y hasta jugó un partido de básquet y recibió el reconocimiento de los locales. Y, en otras, lamentablemente, luego de que irrumpiera otro huracán, El Irma, categoría 5, la misma que aquel que sufrió Duncan en 1989. Fue cuando escribió una carta para pedir ayuda al mundo entero –la colecta recaudó 2.600.000- , anunciando una donación de 250.000 dólares –luego agregaría 750.000 más- y liderando una colaboración humanitaria que juntó, entre otras cosas, 500.000 kilos de comida. Tim lo llevó personalmente, en avión, tras conseguir la ayuda de los supermercados HEB y de Federal Express.

Junto con Ginóbili y Parker hicieron uno de los mejores tridentes de la historia
Junto con Ginóbili y Parker hicieron uno de los mejores tridentes de la historia

“Debe ser la primera vez en mi vida que agradezco ser famoso”, dijo en Christiansted, su pequeña ciudad dentro de St. Croix, “Me hubiese gustado que nada de esto pasara, pero debo reconocer que para mí ha sido importante poder venir y devolver algo. Si no, seguramente hubiese seguido viviendo dentro de una burbuja”, declaró. Fue una de las pocas veces que salió de su perfil subterráneo, de lo reservado que siempre fue en su discurso. Reacio al glamour y a las cámaras, Tim se manejó en el otro extremo de muchas figuras mediáticas que tuvo la NBA, justamente cuando cambió el mundo de la tecnología y las redes sociales coparon nuestras vidas. Tim habló siempre en la cancha, no le interesó otra cosa…

Aquel perfil cuajó perfectamente dentro de esa familia que han sido los Spurs de Popovich. Lo mismo que las otras figuras, Parker y Ginóbili. Los tres formaron un Big 3 para la historia, el más ganador de todos los tiempos. “No puedo esperar verlos a ustedes acá arriba. Y no estar yo. Fue un honor compartir la cancha con ustedes. Gracias por su amistad, hermandad y experiencias compartidas”, les dijo a ambos cuando fue entronizado en el Salón de la Fama, en 2021. En septiembre seguramente esté “abajo” cuando Manu esté “arriba”, recibiendo ese mismo reconocimiento.

Ambos tuvieron una gran relación. Tim lo aprendió a querer y a valorar, porque al principio no lo conocía. “Yo, habitualmente, me sentada a ver el draft, aunque no tenía muchas ganas porque generalmente elegíamos a gente que nunca había sentido ni nombrar. Y esa noche lo vi, cuando escuché su nombre (imitó el apellido de Manu, con su pronunciación), lo llamé a Pop para ver quién era… Me dijo ‘va a ser grandioso, no sé qué más’. Y yo le dije ‘okey, Pop, como digas’”, dejando claro Tim que no le tenía mucha confianza a la selección. Un par de años vio por primera vez a aquella “loca” apuesta del entrenador. “Lo encontré un verano, se me acercó, me dijo su nombre y que estaba en los Spurs”, rememoró en un especie de documental que los Spurs hicieron con el tridente y Pop sentado en la mitad de la cancha, recordando los inicios del trío. “No, no lo estás, pensé yo, como que era uno más de los experimentos de Pop que ni siquiera llegaría a conocer”, comentó mientras todos reían.

Popovich admitió que Duncan dudaba sobre si el argentino era lo que necesitaban para volver a ganar. Más cuando Manu llegó lesionado, producto del esguince de tobillo sufrido en la semifinal del Mundial 2002 y le costó recuperarse. Tim no veía básquet internacional, como gran parte de los NBA. Apenas sabía que había sido subcampeón del mundo con Argentina pero lo relativizaba. “Está rengueando, ¿qué querés que haga?”, le dijo el coach, como para Tim le tuviera paciencia. Al final de ese primer año, el pivote admitió que su producción a partir de febrero había sido esencial para el segundo campeonato de los Spurs.

Cada año la confianza en él subió, en especial en 2005, cuando Manu estuvo a un voto de compartir con él, justamente, el MVP de las finales que le ganaron a los Pistons. El alto nivel de MG20 y el impacto siempre productivo en el equipo hizo que le diera las riendas del equipo hasta que luego, con el tiempo, ya le pertenecerían a Parker. Los tres sumaron tres títulos más, el tercero, en 2007, con otro integrante argentino, Fabricio Oberto, con quien Timmy desarrollaría un feeling especial.

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Duncan y Oberto pescando en el sur argentino

“No sé, hay cosas que pasan… Yo lo sigo desde que me tocó jugar contra él, en aquel Panamericano U22 en Caguas, en 1996. Imaginate cuando pude jugar con él… Y ser campeón junto a él. Fue tremendo”, cuenta el cordobés en diálogo con Infobae. El pivote llegó en 2005 a los Spurs y, de a poco, hizo cada pequeña cosa para ayudar al equipo y, puntualmente, complementar a Timmy D. A tal punto que se ganó la titularidad, a partir de los playoffs 2007, cuando se consagró como un gran ladero camino al campeonato. En la final contra los Cavs de LeBron, que terminó 4-0, jugó 21 minutos por partido, promediando 4.3 puntos y 4.3 rebotes. Y terminó siendo el héroe del Juego 4, cuando Cleveland desprotegió a Fabri para cubrir a Duncan y Oberto metió cinco puntos seguidos a falta de 2 minutos. En la primera jugada fue un doble y falta que Duncan festejó con todo, levantando a Fabri del piso. Una foto icónica en la carrera de Fab O. En total, fueron cuatro temporadas del cordobés en SA, en las que pegó mucha onda con Duncan, una relación que se afianzó con el tiempo.

“Es una persona tremenda. Por su mentalidad, por su claridad, por todo. Tengo una gran admiración por él. Como jugador y amigo. En todo sentido está en otro nivel. Es una de esas personas, como Manu, que te hace mejor, que siempre te hace pensar o aprendés algo. Por suerte he tenido la chance de compartir viajes a lugares hermosos, muchas charlas y aventuras con él”, comentó. Ambos comparten la curiosidad de visitar lugares y la pasión por las motos como medio de transporte. Hubo dos viajes que los marcaron a ambos. El primero fue a Marruecos, donde estuvieron por días transitando el Desierto del Sahara, incluidas algunas rutas del Rally Dakar. Allí los acompañó Scottie, el hermano de Duncan, quien es productor audiovisual y los ayudó a grabar allí un videoclip para New Indians, el grupo musical de Fabri. Incluso Tim participó de la grabación y sale en el tema Home. “En el video nadie sabe que es él, hace de un beduino que está tapado con una túnica azul”, informó el cordobés.

No es la única anécdota increíble que dejó aquel periplo. “A los dos se nos rompió la moto y nos quedamos en el medio de la nada. A él, claro, es Tim (se ríe), lo vinieron a buscar enseguida y a mí recién a la noche. Fueron como nueve horas solo, rodeado de arena, de un silencio que asusta, sin poder bajarte de la moto o tirarte a la arena por la cantidad de bichos que pueden venir cuando sienten el calor de tu cuerpo y de la moto: alacranes, víboras… Hasta llegué a filmar un video con el celular para despedirme de la gente (se ríe). En un momento, en el medio de la noche, veo que empezó a aparecer gente de todos lados. Pensé que venían a robar, qué les doy, qué tengo, me pregunté… En realidad me venían a socorrer”, cerró esta historia con final feliz.

Con Tim también anduvieron por Argentina y Chile, en 2017, recorriendo la ruta 40, en moto. “Cuando me dijo, nunca pensé que realmente vendría. Y sí, cayó con Scottie y un amigo. Fuimos de Osorno a Chile, luego cruzamos a San Martín de los Andes y seguimos por acá. Tim quedó enloquecido con la visita. Muchas veces estábamos solos en lugar increíbles. Y yo no podía creer estar con él…”, contó. Aunque intentaron por todos los medios mantener el anonimato, como a ambos les gusta por el perfil bajo que tienen, en un pueblo de Chile reconocieron a Duncan y ahí se viralizó la primera foto. Luego hubo otras, pescando en un lago y comiendo una asado en tierra argentina.

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Duncan quedó fascinado con el sur argentino

A partir de ese día, los lugareños enterados comenzaron a esperarlos en distintos lugares para saludarlos. “La gente iba calculando por dónde íbamos a pasar y en cada estación de servicio había una persona esperando. Fue una locura”, comentó Fabri. Para el futuro tienen pensado otros destinos, como Nueva Zelanda y el desierto de Gobi. Pero, claro, por ahora es complejo, ya que Duncan trabaja para los Spurs. “Cuando me enteré que Tim había firmado como asistente de Pop, el primer mensaje que le mandé fue de eso, que no estaba pensando en el grupo y los viajes que nos quedaban…”, finalizó. Ya habrá otras oportunidades. Sin dudas, pensando en el espíritu aventurero que Duncan cultivó en aquellos años en Islas Vírgenes, nadando, jugando al básquet o disfrutando la isla…

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