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Se destacó como futbolista y fundó la pizzería que se convirtió en el búnker de Maradona en Barcelona: los mitos alrededor de su vida nocturna

El Indio Vallejos y la pizzería que frecuentaba Maradona en Barcelona
Indio Vallejos, el ex delantero de Atlanta que puso una pizzería en Barcelona y se hizo amigo de Maradona

Justo en 1982, cuando llevaba cuatro años retirado del fútbol, Jorge “Indio” Vallejos tuvo la idea de poner una pizzería en la zona alta de Barcelona, cerca de donde vivía Diego Maradona, que acababa de llegar desde Argentina para incorporarse al club catalán, y en el exacto momento en el que comenzaba el Mundial de España, con la selección de César Luis Menotti jugando allí el partido inaugural.

Vallejos, un nueve de Atlanta que se fue a jugar a Grecia en 1972, se hizo amigo no sólo de Maradona sino de toda su familia, de Menotti, su director técnico también en el Barcelona, y de Joan Manuel Serrat. Y le contó a Infobae jugosas anécdotas de ese tiempo de bohemia, y noches largas de música y tertulias futboleras, y hasta cómo fue la experiencia de haber sido invitado al casamiento del Diez en el Luna Park y haber compartido el avión chárter desde Europa con los personajes más conocidos del mundo.

-Su pizzería “Corrientes 348″ llegó a ser una especie de centro neurálgico de la noche…

-Jajaja, sí, algo así. Es que yo la inauguré justo en 1982, el año del Mundial de España, al que la selección argentina llegaba como campeona del mundo, y le tocó jugar algunos partidos en Barcelona y también justo Diego Maradona se instaló para jugar luego en el Fútbol Club Barcelona. Después se sumó César Luis Menotti y el lugar terminó siendo de acogida para bohemios, músicos y hasta dentistas argentinos, que llegaban a montones en ese tiempo.

-¿Cómo se produjo exactamente su conexión con Maradona?

-Un periodista amigo me pidió permiso para entrevistarlo en la pizzería y allí cuando vino nos hicimos amigos. Yo ya lo conocía porque cuando en Buenos Aires jugaba en Atlanta y enfrentábamos a Argentinos Juniors como visitantes, notaba que en el entretiempo la gente no bajaba, como se acostumbraba en ese entonces, a tomarse su café o su bebida, sino que se quedaba en la tribuna, y era porque en esos 15 minutos veían sin creer los malabares que hacía Diego con la pelota cuando estaba en Los Cebollitas. Llamaba la atención. Es decir que, luego de esa entrevista, Diego empezó a festejar sus cumpleaños y los de sus familiares y amigos en mi pizzería, también los de Menotti y todo su grupo. Piense que también Diego estuvo mucho allí en el tiempo en el que no pudo jugar.

El Indio Vallejos y la pizzería que frecuentaba Maradona en Barcelona
Jorge Vallejos y Maradona

-Allí tendría más tiempo…

-Claro, porque él estuvo mucho parado por la hepatitis y por aquella tremenda lesión de (Andoni) Goicoetxea y venía mucho por la pizzería. Fueron tiempos de muchas reuniones, comidas, películas. Y aún así, perdieron las dos ligas españolas por muy poco y ganaron una Copa del Rey. A Diego le gustaba la pizza de jamón y morrones. Venía también con anchoas, pero yo se las sacaba porque sabía que no le gustaban.

-Cuando Maradona se fue al Nápoles, ¿siguieron en contacto?

-Claro., Diego me invitó a la presentación como jugador del Napoli y a su casamiento. Yo me subí al avión chárter en Madrid junto a Jorge Valdano, Alfredo Di Stéfano, y jugadores de la selección española como Antonio Camacho, Juanito, Rafael Gordillo, Marcos Alonso, el padre del jugador del Chelsea, y estaba todo el plantel del Napoli.

-Debe tener muchos recuerdos de ese casamiento…

– Fue muy especial, único. En mi mesa estaban Valdano y Di Stéfano con sus esposas. Estaban todos bailando y de repente, un muchacho pasa por delante de Diego y él lo llamó y le preguntó quién era y de parte de quién venía al casamiento, y le prometió que iba a quedarse en la fiesta pero que le dijera la verdad… Y era un colado (risas). También vi en la entrada, porque llegué temprano, que una persona discutía porque no la dejaban entrar. Resultó que era un decorador que Diego había contratado para darle una sorpresa a Claudia y el tipo dio una entrevista a un medio y contó de qué se trataba lo que tenía que hacer a la semana de haber sido contratado… Hubo dos mil personas y, a los dos días, teníamos que regresar a Europa así que volvimos y como yo tenía pasaje para Buenos Aires, volví a viajar y con mi hija de ocho meses. Recuerdo esos chárter de absoluto jolgorio. Me invitaron a un asado en La Rural, una locura lo de aquellos días.

-Se dijeron muchas cosas sobre aquellos tiempos de Maradona en el Barcelona: que no llevaba una vida ordenada, que allí empezaron sus problemas con la droga.

-Mire, yo le voy a decir la verdad, que no es la verdad que muchos quieren escuchar, pero estuve cerca de Diego en ese tiempo. Él comenzó a descarrilarse en Nápoles, pero en Barcelona, le puedo asegurar, él ni sabía lo que era el alcohol. Lo único que tomaba era Coca y Fanta. Por aquí hace poco se hizo un documental sobre sus años aquí y no me preguntaron porque yo iba a decir lo que le digo y eso no interesa que se diga. Vende más el problema, el lío. Como que reventaba la noche en “Up & Down”, la discoteca de moda en aquel tiempo. ¿Qué quiere que haga un muchacho de 22 años? Y le digo que íbamos todo un grupo de gente y él se iba a su casa a la una y media de la mañana y claro, nosotros nos quedábamos mucho más y hasta a veces pasaba que no veíamos más a Diego y preguntábamos dónde estaba y ya se había ido, y después uno leía en los diarios algo completamente distinto.

El Indio Vallejos y la pizzería que frecuentaba Maradona en Barcelona
Jorge Vallejos, con Diego, Claudia Villafañe y el "clan", tal como bautizaron al grupo que acompañaba a Pelusa en Barcelona

-Se llegó a decir que quien lo metió en la droga fue Julio Alberto, aquel lateral del Barcelona…

– No es verdad. Julio Alberto tenía otra clase de problemas mucho más graves y se refugió en temas mucho más delicados. Lo más increíble fue que hasta periodistas argentinos llegaron a decir que Maradona tenía una enfermedad venérea, que no era hepatitis, algo ridículo.

-También se habló del “Clan” Maradona…

-Mire, el clan era un grupo de seis. No molestaban a nadie. Lo cuidaban. No hacían daño. Maradona era una persona excepcional pero luego, en Nápoles, las cosas cambiaron.

-¿Allí perdieron contacto?

-No, siempre estuvimos en contacto e incluso él seguía viniendo cada tanto a la pizzería, aunque ya más aisladamente, pero incluso su hermano Hugo, “El Turquito”, que lamentablemente también falleció, estaba a punto de venir a Barcelona y yo le había encargado unas delicatessen, unas empanadas, cuando murió y no pudo viajar. Hace muy poco estuve en Buenos Aires con la hermana menor, Claudia, y me sorprendió el modo de vida que tienen, muy humilde, no se quedaron con nada. Me imaginaba que vivían mejor.

-Le debe haber afectado mucho la muerte de Maradona.

Un dolor muy grande. Estaba muy solo. Tuvo un final muy triste. Hace poco, Movistar Plus realizó un documental sobre Diego pero sólo quise hablar de fútbol. Él amaba a la pelota y al fútbol. Recuerdo muchas fotos con él y otros ex jugadores, pero en especial una en la que estamos con Carlos García Cambón (lamentablemente ya fallecido), Ángel Marcos, Rubén Cano…

-Usted fue futbolista…

– Sí, yo era del barrio de Villa Crespo y entré desde muy pequeño en las Divisiones Inferiores de Atlanta como ocho o diez, pero vino un director técnico, Aráoz, que me puso de nueve porque yo me desmarcaba bien, aunque no era mi posición. Encima enseguida debutó Cano y en ese partido le metió tres goles a Quilmes y fui perdiendo lugar, aunque con él hicimos una amistad grande y él se fue a jugar al Atlético Madrid y la selección española, y en 1972 apareció la chance de irme a Grecia y no lo dudé. Me fui al Larisa junto con mis dos compañeros Horacio Morales y Daniel Gil, los dos ya fallecidos, aunque sus familias siguen viviendo allí y las suelo visitar cada vez que puedo. Yo hablo griego y bailo su música.

El Indio Vallejos y la pizzería que frecuentaba Maradona en Barcelona
"Caminito" es el nombre del restaurant en el que Vallejos tiene una participación en la actualidad

– Si se fue de Atlanta en 1972 se perdió el gran equipo que dirigía Néstor “Pipo” Rossi en 1973 con Aldo “Pichón” Rodríguez, Alejandro Onnis, Jorge Ribolzi, Héctor “Gorrión” López, Juan Gómez Voglino, Cano…

– ¡Sí! Justo me fui y vino lo mejor con los pibes de aquel tiempo. Allí el equipo explotó. A mí me tocó bailar con la más fea (risas). Pero estuve en Buenos Aires entre marzo y abril pasado con muchos ex compañeros como el Baby (Osvaldo) Cortés, con hinchas, otros ex jugadores, socios, y en un restaurante que tiene el club que está muy lindo ahora. Lo pasé muy bien. En Atlanta llegué a conocer gente espectacular como el entrenador de básquetbol, León Najnudel.

-¿Y cómo es que terminó en Barcelona?

-Estaba de paso por la ciudad y me quedé a ver un Barcelona-Zaragoza, y mi amigo Juan Carlos “Milonguita” Heredia, que jugaba en el Barcelona, me dijo que por qué no me quedaba a un asado, le dije que no quería perder el avión. Me invitó, me fui quedando, perdí el avión y ya no me fui más (risas), y me probé en San Andrés, que estaba en Segunda, y ya seguí allí hasta que me retiré joven, a los 28 años, por varias dolencias, tirones. Antes, todo se arreglaba con infiltraciones hasta que me descalcificaron la cadera.

-Y allí instaló la pizzería…

– Sí, pero la primera era muy chiquita, veinte metros cuadrados en la calle Zaragoza, con pizza y empanadas, pero ya empezaban a llegar los bohemios y en ese lugar pequeño se escribieron varias letras de tango con poetas como Horacio Amor. Todo se acababa cuando venían los guardias avanzada la noche (risas).

-Pero esa pizzería no era a la que acudía Maradona…

-No, esa vino justo en 1982, “Corrientes 348″, en una zona alta de Barcelona, en la calle Mandri y Ronda General Mitre. Allí venían todos, desde Serrat hasta un charanguista. Estaba siempre lleno y hasta cualquier hora, y ya en el Mundial fue una locura…

-Cuente, cuente…

– Bueno, de hecho, le dejé mi casa a Pata Villanueva y a la entonces esposa de Mario Kempes, Maby Moll Martínez, y yo me fui a la casa de un amigo. A la pizzería venía hasta Ivo Pitanguy, el brasileño que se dedicaba a la cirugía estética, junto con su hermano. Tengo mil anécdotas, algunas con Serrat. Cuando me casé, le quise dar una sorpresa a mi esposa y llamé a su secretario para pedirle entradas para el recital y me preguntó cuándo quería ir, si quería ir ese mismo día… Dije que sí y me dijo que a la salida, Joan Manuel me esperaba en el camerino para saludarme. Cuando mi mujer, que es catalana, vio a Serrat, casi se desmaya. Joan Manuel es un fanático del tango. En el festejo de un cumpleaños de Menotti estaba tocando un famoso guitarrista, “Rabito” y de repente, Serrat se paró, le pidió permiso para cantar y estuvo hasta las siete de la mañana con tangos de los viejos. El guitarrista tucumano iba empinando el codo porque iba tomando entre los temas, pero se iba entonando con la música también (risas).

-Pero ahora ya no tiene la pizzería…

– No, después de la salida de Maradona y Menotti del Barcelona, todo cambió. Igualmente puse otra llamada “Távola” en la calle Nicaragua y Travessera de Les Corts, que estuvo veinte años, y en la que puse todos los cuadros de “Corrientes 348″.

-¿Y qué pasó después?

-Vinieron mucho paracaidistas y malas historias y ya no seguí. Volví a instalar “Corrientes 348″ pero al poco tiempo traspasé el local y ahora estoy ayudando a un amigo a montar el restaurante “Caminito” en Formentera. Él también tenía “Asar”, al que iban jugadores de tenis como Rafa Nadal y otros. Le hago empanadas salteñas.

-Por lo menos no extraña la pizza de Buenos Aires porque va seguido.

-Sí, en mi último viaje me metí en “Las Cuartetas” y, de repente, me vi en una foto de Atlanta. Entonces le dije al que estaba sentado en la mesa que daba al cuadro que por favor me sacara una foto con el póster de fondo. No me lo podía perder.

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