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El partido que Maradona siempre ignoró: debut en el San Paolo con 85.000 almas para verlo frente al River de Enzo Francescoli y Beto Alonso

Diego Maradona Napoli
Diego nunca se refirió al partido que con su flamante Napoli enfrentó a River Plate. Era un amistoso, a estadio repleto (Massimo Sambucetti/)

Nunca me quedó claro por qué razón él recordaba cada instante de su vida que lo fue empujando hacia Nápoles, pero siempre omitió contarme lo del partido amistoso contra River. Una y otra vez la historia recurría a esa memoria de Diego tan prodigiosa como sus pies; pero para la biografía oficial, la que nos narró en La Habana durante casi dos meses, aparecían mínimos detalles pero ni una palabra sobre ese amistoso en el cual la multitud habría de verlo jugar por primera vez luciendo la camiseta “azul cielo” del Napoli.

Siempre recuerdo con emoción la manera en que mi entrañable compañero, el gran escritor y periodista Natalio Gorin -quien ya no está entre nosotros; autor además del libro de “Astor Piazzolla, a manera de memorias”- nos contaba en rueda de redacción lo que había sido aquel acontecimiento. Y por cierto que su nota fue, como siempre, brillante. Decía entre otras cosas Natalio:

.”Ya se conocían, pero fue en una presentación formal, de protocolo, sin fútbol. Por eso esta noche napolitana del domingo 19 de agosto (de 1984) tenía un sabor especial, el de la primera vez. Diego Armando Maradona en la cancha, y en las tribunas una ciudad que lo hizo ídolo sin verlo jugar. Lo recibieron con fuegos de artificio, con un “¡Diego…Diego…Diego!” que me emocionó. Estaba viendo cómo me escribía la página inicial de una historia que acaso sea fantástica. Están dadas las condiciones para que así ocurra. Diego se siente bien entre los napolitanos y éstos los van a dar todo, simplemente a cambio de su fútbol, de su mágica zurda, de su talento invalorable y de su juventud dorada: apenas tiene 23 años.”

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Tapa de la revista El Gráfico con Diego Maradona y Norberto Alonso, imagen sacada del partido amistoso de 1984

Y nos contaba Natalio: “Ochenta y cinco mil personas en el estadio San Paolo. Los colores del Napoli, una gran bandera de Boca en el sector del “Comando Ultra” de la popular “B”, una gallina que cae cuando aparece River. Parece insólito. No. Todo está en función de él, rescatan hechos de su pasado para que se sienta bien, como en su casa”. Y continúa el recordado amigo a quien tuve el acierto de designar como enviado especial para ese acontecimiento:

‘Me emociona estar presente, vivir este fervor. “Napoli saluta il suo re”, decía “Il Mattino”, el diario de la ciudad, y no es un título descabellado, es la realidad. “Maradona une a Nápoles y la divide del resto de Italia”, agregaba la nota de tapa de ese influyente periódico que en muy pocas oportunidades le había dedicado su primera plana a un tema deportivo. Por aquí pasa la gran verdad, lo que está en juego. Nápoles espera ahora que su nuevo rey le devuelva alegrías, triunfos y títulos.” – ( Y vaya si se los dio…, agregamos hoy con orgullo y dolor). Sigamos leyendo la magnífica crónica de aquel momento:

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Foto de Diego Maradona llevando la pelota, lo acompaña Ricardo Daniel Bertoni, de fondo lo observa Roque Alfaro. Partido amistoso Napoli-River

“Diego entra a la cancha rodeado de fotógrafos. Lo veo tranquilo, sereno, seguro. Hace un jueguito con la pelota y una ovación formidable acompaña el movimiento que parece imaginado para un ballet. Lo veo estilizado, entrenado, ágil. Sabe que se va a jugar la gran carta de su vida. El Barcelona pasó sin fracaso pero con un gusto agrio y ahora lo espera el campeonato más lujoso del mundo (por entonces la Serie A tenía más prestigio que la Premier y la Liga de España), por estrellas, por dinero, por repercusión. Y lo aguarda la impaciencia de los napolitanos que hace muchos años ansiaban un momento como este…”.

Tremendo acontecimiento fue aquel. Sin embargo para la biografía oficial, Diego hace un salto histórico y no me refiere nada sobre este hecho que todos los periodistas conocíamos y especialmente nosotros, los de El Gráfico, pues siempre habíamos seguido a Diego desde que tenía 15 años. Lo que me cuenta en el 2000, durante una de esas noches en La Pradera, donde el espacio era dominado por un sereno sonido a brisa marina, saltea ese amistoso que se jugó por una deuda de 30.000 dólares que el Nápoli no había cancelado con River por el pase de Ramón Diaz en 1982. Eso ocurrió durante la presidencia de Don Rafael Aragón Cabrera y Hugo Santilli, su sucesor, se empeñó en cobrarla con denodado celo.

Aprovechando que River en esos días se hallaría de gira por España, le sugirió al presidente del Napoli, Corrado Ferlaino organizar el amistoso menos amistoso: un Napoli con Diego frente al River de Alonso, Francescoli , Goicochea, Merlo, Gorosito y otros jóvenes cracks que dirigía el entrañable Federico Vairo (crack en Central, River y la Selección en los ‘50). En total eran 70.000 dólares los que había que pagarle a River: 20.000 de cachet, 20.000 por gastos y 30.000 de deuda. Pero esa cifra debía ser abonada antes de que comenzara el partido, tal lo pactado. Y como el presidente de la delegación Carlos Weimberg –ilustre dirigente que secundó a varios presidentes desde Aragón hasta Aguilar- no la había recibido hasta las cinco de la tarde, la realización del encuentro corrió peligro de cancelación. Luego fue el presidente del Napoli, al hotel con unos muchachos “amigos” y le entregó un cheque a Weimberg, quien no pudo negarse a recibirlo. Era al portador; ojalá lo haya cobrado al día siguiente…

Antes de ese kilómetro cero de Diego en el Napoli ya se habían vendido abonos por 8 millones de dólares y se pensaba en habilitar circuitos cerrados en cines, clubes o teatros de toda Italia pues era una locura: todos querían ver a Maradona, la última esperanza para el pobre y postergado fútbol del sur de Italia.

Pero en su testimonio para el libro autobiográfico “Yo soy el Diego de la Gente”, omite este acontecimiento y su narración la inicia con crudo cronologismo. Entonces, me cuenta:

“En el ‘79, cuando todavía estaba en Argentinos, el Napoli ya me había venido a buscar…Si hasta me mandaron una camiseta al hotel donde yo estaba concentrado, con una carta que decía que estaban esperando que abrieran las fronteras a los extranjeros para llevarme. Me invitaban a pasar diez días allá, todo pago, viejo, todo pago, me querían llenar de regalos. ¡Yo no entendía nada! Por aquella época también se hablaba del Sheffield de Inglaterra, del Barcelona mismo, qué sé yo…Para mí, todos eran el Estrella Roja de Fiorito…Para mí, Napoli era algo italiano, como la pizza, y nada más”.

Estatua de Maradona levantada en su honor en Nápoles.
Estatua de Maradona levantada en su honor en Nápoles. (CIRO DE LUCA/)

“Lo curioso es que años después, cuando me vinieron a buscar a Barcelona seguía sin saber mucho más de ellos. Vinieron a por mí, dirían los gallegos…Y la verdad es que lo único que yo quería era irme de ahí, irme de España, irme de Cataluña, irme de Núñez (José Luis, presidente entonces). A cualquier parte. Todos me preguntan ahora: ¿por qué no Juventus, por qué no a Milan, por qué no a Inter? Y… ¡Porque el único que se preocupó por ofrecerme algo fue el Napoli! Y también porque Giampero Boniperti, que había sido jugador y era presidente de la Juve, había dicho que alguien con un físico como el mío no podía llegar a nada. Bueno, a algún lado llegué, ¿no? El fútbol es tan hermoso, tan incomparable, que le da lugar a todos. Hasta a los… enanos como yo. La cosa es que quería cambiar de aire y jugar. A ver si se entiende: no digo jugar bien, digo jugar. Jugar un campeonato entero. Y había más razones. Por un lado, cuando el Barcelona me vendió sabía muy bien adónde iba, a ver si le vas a ganar una a los catalanes: ellos no imaginaban a ese equipo italiano como un gran rival en Europa. Por el otro lado, lo más importante, algo que no he contado nunca en detalle: nosotros – la familia Maradona- necesitábamos un negocio porque no teníamos un mango, estábamos en cero. Sí, señor, quebrados…Quebrados económicamente. Cuando yo llegué al Napoli estaba en cero… Y con deudas. Esa es otra de las causas por la que no fui ni a Juventus, ni a Milan, ni a Inter. Salió lo del Napoli y apuramos todo. Tanto es así que vendimos la casa de Pedralbes y del millón y medio que me correspondía por el pase no vi un peso, todo fue para pagar deudas y arrancar de cero”.

“El día de la presentación, y sólo para verme, ¡fueron 80.000 napolitanos al San Paolo!. Fue el jueves 5 de julio de 1984. Yo lo único que les dije fue lo que me habían enseñado: “Buona sera, napolitani. Sono molto felice di essere con voi…”, y revolié la pelota a la tribuna. Los tipos deliraban y yo no entendía nada. Estaba vestido con un jogging celeste, una bufanda del Napoli, una remera blanca de Puma y parado encima de una bandera que habían extendido en el piso. Por primera vez escuché un himno que habían compuesto para mí: Maradona, ocupate vos/ Si no sucede ahora, no sucederá más / La Argentina tuya está aquí / No podemos esperar más. Y enseguida pasaron por los altavoces otra canción con la música de “El Choclo”, justo a mí, que soy un enamorado del tango… Estuve quince minutos, quince minutos, nada más, porque nos queríamos ir para Buenos Aires, de vacaciones. Cuando bajé por las escaleras del túnel, para irme del estadio, me encontré con Claudia y me abracé a ella llorando… Me temblaban las piernas, otra vez, como cuando había debutado en Boca. Todo había sido muy fuerte, en los últimos tiempos, y sabíamos que nos estábamos jugando la vida, que empezábamos de nuevo. Y en un lugar que tenía mucho que ver conmigo. Por eso les dije a los periodistas, sinceramente, algo que me salió del corazón: “Quiero convertirme en el ídolo de los pibes pobres de Nápoles, porque son como era yo cuando vivía en Buenos Aires”.-

“Yo caigo en el Napoli y, sin saberlo, caigo en un equipo de Serie B. un equipo de Serie B que juega contra uno de la Serie C, por la Copa Italia (el Arezzo), y termina apretado contra un arco. De contragolpe, no sé cómo, agarré una pelota y la clavé en el ángulo: ganamos 1 a 0, pero supe que iba a sufrir, que iba a sufrir mucho. A mí me dieron el historial del Napoli cuando ya había firmado: ahí me enteré que en las últimas tres temporadas había estado peleando el descenso, y que en el último campeonato, el ‘83/’84, se había salvado… ¡por un punto! Les pregunté, entonces, si por lo menos me garantizaban tranquilidad. Como me dijeron que sí, le metí para adelante.

Aparte, durante las negociaciones, los hinchas habían hecho hasta una huelga de hambre para que yo fuera. No exagero, ¿eh? ¡Huelga de hambre! Y uno de ellos, creo que se llamaba Gennaro Espósito o algo así, se había encadenado a las rejas del San Paolo. Entonces empecé a ponerme bien físicamente, porque sabía que para ganar en el fútbol italiano necesitaba otro cuerpo. Porque los defensores italianos no eran como los españoles: en España te mataban a codazos y a patadas, a mí me pegaron hasta en la lengua, pero en Italia no, porque la televisión los mandaba en cana a todos y porque entrenaban para marcar. ¡Y eso que yo tenía el recuerdo de Gentile, en el Mundial ‘82! Me fui adaptando, me fui adaptando y ahí, y ahí en esa etapa, fue fundamental Fernando Signorini.”.-

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Foto del primer gol de Maradona en Napoli, frente a la Sampdoria por la fecha 2 del campeonato Italiano, temporada 84/85.

‘El técnico era Rino Marchesi y debutamos contra el Verona, de visitantes, el 16 de septiembre de 1984. Nos hicieron tres. Tenían al danés Elkjaer-Larsen, al alemán Briegel… El alemán me hacía así, tac, y me sacaba de la cancha. Nos recibieron con una bandera que me hizo entender, de golpe, que la batalla del Napoli no era sólo futbolística: “BIENVENIDOS A ITALIA”, decía. Era el Norte contra el Sur, los racistas contra los pobres. Claro, ellos terminaron ganando el campeonato y nosotros…remamos.-

En esta textualidad, Diego refiere al debut en la Copa Italia y al debut en la Serie A, pero nada dice sobre un hecho que en su momento se convirtió en la mas importante noticia del universo deportivo: su primera vez en el San Paolo, estadio que hoy lleva su nombre. Las entradas para el partido con River se agotaron una semana antes y la crónica policial destacó un asalto a mano armada en un local de la Piazza Trento, donde dos forajidos intentaron conseguir por las malas lo que no pudieron obtener por ventanilla: entradas. Y continúa la nota sobre el partido que Diego omite:

“El partido con River, las ochenta y cinco mil personas en el San Paolo. Diego hace todo bien. Se muestra, toca, encara. El Tolo Gallego lo toma hombre a hombre cuando pasa la mitad de la cancha; a los 25 minutos le entra fuerte y abajo, y hasta el mismo Gallego se alarma porque Diego cae mal. A los 30′ la onda sísmica que convive con los napolitanos desde hace cuatro años parece ingresar estadio. Gol de Maradona. El piso tiembla. Pero hay que anularlo. El manotazo fue evidente.” –

“Hace todo bien pero la euforia inicial se va desinflando a medida que corre el encuentro. Napoli aguarda una victoria que no va a llegar porque River le plantea un partido sin urgencias, bien parado en el fondo y con circulación fluida de pelota cuando la tienen Gallego, Francescoli y Alonso. Es que River no quiso ser partenaire y tanto Diego como Bertoni siempre estuvieron bien marcados….-”

¿Qué es todo esto que estoy escribiendo? Gallego, Francescoli, Alonso, Mostaza, Goico…Y en el otro equipo el debutante Maradona al lado de Daniel Bertoni…Y 85.000 personas. La ilusión de una ciudad. La esperanza de una región. Un nuevo tema geopolítico en la agenda de Italia. Y entradas agotadas una semana antes. Y la prensa mundial desde Argentina hasta Japón. Y una paga de 20.000 dólares (¡20.000 dólares de cachet, lógica paga para la época!!) para ese River con tales estrellas que dos años después ganarían todo; torneo de AFA, Libertadores e Intercontinental.

Qué bello y que lejano es volver a escribir estos nombres gloriosos. Las manos parecen temblar. Y ahora puedo confesar porque creo que Diego nunca quiso que apareciera este partido en su biografía: como negar su afecto, respeto y reconocimiento para Enzo o para el Beto a quienes admiraba incondicionalmente, pero jugaban en River…

Archivo: Maximiliano Roldán

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