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La inquietante historia del Loco Arrieta: de llegar a jugar en Primera a ser uno de los laderos de Rafa Di Zeo y Mauro Martín en la barra de Boca

Loco Luis Arrieta
Arrieta en el paravalanchas y como futbolista de Huracán

Su nombre volvió a sonar con fuerza diez días atrás cuando intentó ingresar al Monumental a ver el Superclásico de Reserva entre Boca Juniors y River Plate y la Policía lo detuvo en la puerta, chequeó sus datos con la base del programa Tribuna Segura y le impidió la entrada aún cuando estaba en la lista oficial que había llegado desde el club visitante. Así, Luis Arrieta se quedó sin disfrutar el partido y sin ver a su hijo, Luis Thomas, que integraba el banco de suplentes. Porque Arrieta padre es uno de los hombres más importantes de La Doce y tiene restricción de concurrencia como buena parte de la primera línea que comandan Rafael Di Zeo y Mauro Martín.

Pero Arrieta tiene algo que lo distingue frente a los dos jefes del paravalanchas xeneize: es el único que tiene un pasado de jugador profesional en un caso curioso en el mundo. Porque cuando se retiran los futbolistas generalmente se transforman en directores técnicos, representantes o comentaristas. Pero jefe barrabrava era un casillero vacío. Hasta que lo inventó Luis Arrieta. Que a mediados de los 90 clausuró durante 11 partidos el lateral izquierdo de Huracán. Y no sólo llegó a jugar por el torneo local sino que en un hecho inédito para el mundo barra, llegó a participar de un torneo sudamericano, la extinta Copa Conmebol, en la que participó en el año 94 defendiendo al Globito contra Cerro Corá en Paraguay, en lo que fue la eliminación del equipo argentino en los octavos de Final.

Arrieta había hecho Inferiores y llegado a la Primera de Huracán a los 20 años, en 1993 y a mediados de ese año debutó como profesional el 31 de julio cuando jugó en el empate dos a dos frente a Rosario Central en Arroyito entrando en el segundo tiempo. Pero no se asentó y recién volvió a participar al año siguiente, cuando tuvo acción en seis partidos del Apertura 94 y también participó del campeonato Clausura 95 cuando entró a la cancha en tres ocasiones, la última de ellas cuando fue titular en la derrota contra Belgrano de Córdoba como local el 28 de mayo de 1995 (fue reemplazado en el segundo tiempo por el Chipi Barijho).

Por entonces, si Huracán jugaba en domingo, los sábados cuando no era convocado se lo podía ver por Caseros, alentando a Estudiantes de esa ciudad del conurbano bonaerense. Y ahí recaló tras su paso por Huracán: la temporada 96/97 jugó nueve encuentros en el Ascenso para el Pincha. Hasta que a los 24 años no vio un futuro promisorio con los pantalones cortos y largó. Se sacó los botines pero decidió seguir en el mismo ámbito pero desde el otro lado del alambrado y convertirse en barrabrava. Y con el aura de haber sido jugador del club, con carisma para liderar a los barrios más pesados de la zona y la decisión de ir a por todo y como sea, en cuestión de días ganó la popular del Pincha que le pertenece desde hace ya 24 años.

Pero Arrieta no se conformó con ser el dueño de Caseros. Quiso más y lo logró: en 2008 consiguió comandar en La Doce la facción de la zona Oeste y a través de su relación con Mauro Martín y Maximiliano Mazzaro llegó a la primera línea de la barra en 2011. Tan meteórico fue su ascenso que cuando Martín y Mazzaro cayeron presos en 2013, se convirtió en el dos de la barra, secundando a Cristian Fido De Vaux. Eran los tiempos en que el Loco Luis, tal su apodo, se paseaba como pavo real por La Bombonera a punto tal que logró que el club le pidiera al gobierno bonaerense sacarle el derecho de admisión que en Provincia tenía desde meses atrás. Y lo lograron, claro. Insólito.

Con semejante impunidad, soñaba con quedarse en ese lugar para siempre. Pero ese sitial no le duró mucho: en medio de la feroz interna que se cobró dos vidas el 21 de julio de ese año (hecho por el cual están en juicio en este momento Di Zeo y De Vaux), el Loco Luis decidió bajarse. De hecho en aquel momento le confesaba a este cronista: “Yo soñaba con jugar en la Selección. Pero mi carrera como futbolista fue corta. Y siempre me tiró la tribuna. Por eso llegar a la barra fue lo máximo, me sentía de verdad el jugador número 12, estar ahí es lo más grande que hay. Pero esto no da para más: no soy una carmelita descalza, me agarré a trompadas miles de veces, pero ir a matar gente es demasiado. No llegué a La Doce para eso”.

Luis Arrieta
Arrieta, en el momento en el que fue interceptado en el Monumental, cuando intentaba ingresar para ver el Superclásico de Reserva

Cuando decía esto, Arrieta ya tenía heridas de batalla: había recibido dos balazos en dos enfrentamientos internos por el poder de la barra. Pero aunque anunciaba su salida de La Doce, no dejaba algunos negocios: seguía como delegado del gremio de Camioneros en la empresa Transportes Caccia, donde oh casualidad había conchabados muchos barras de Boca acusados además de romper las huelgas y por otro lado se había agenciado todos los puestos de comida y bebida en el estadio de Estudiantes de Caseros. Insólito: el jefe barra manejando legalmente esos negocios. “Planteado así suena mal, pero hubo una licitación y la gané yo y ahí trabaja toda mi familia, porque los Arrieta somos gente de laburo. Y nunca le traje problemas al club, si en Caseros para todos soy Luisito”, decía el capobarra que terminó en la comisaría por apretar al plantel y al cuerpo técnico en su momento.

Igual, la decisión de salir de La Doce le duró poco al Loco Luis. Una vez que Mauro Martín recuperó primero la libertad y después la barra asociándose a Di Zeo, hizo su rentrée en 2015 otra vez con todo su grupo. Y de allí en más nadie dudó sobre quién era el jefe de esa columna grande que cada domingo llega desde Caseros hasta la Bombonera. Pero a mediados de 2016, cuando el gobierno puso en derecho de admisión a 126 barras de Boca, su nombre quedó marcado con resaltador. Como el resto, siguió yendo en los torneos internacionales de visitante y en los amistosos mientras que en el torneo local acompaña a su gente hasta 500 metros, donde espera paciente con los otros jefes y vigila que nadie se interponga en el camino. Con la promesa de volver a los estadios en abril del año que viene cuando venza el derecho de admisión, Arrieta por ahora bebió de su propia medicina: no pudo ver a su hijo en el primer Súper desde que a fin del año pasado Sebastián Battaglia lo subiera a entrenar con la Primera. Igual confía en que el próximo se produzca otro hecho inusual en el fútbol mundial: hijo jugando de titular y padre jefe barra alentando desde la popular.

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