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Ocho años, ocho anécdotas: el costado más exigente de Gallardo en River

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Marcelo Gallardo se despidió del Estadio Monumental en una jornada emocionante (Foto: @RiverPlate)

El paternalismo con la exigencia máxima. Rendirse nunca, relajarse jamás, podría haber sido el lema del River de Gallardo en estos ocho años y medio que lleva el Muñeco al frente del equipo. Siempre combinó un trato cercano con los futbolistas con una búsqueda incesante de la mejor cara de cada uno de ellos. El mandato que intentó transmitir el técnico se vio reflejado durante buenos tramos del ciclo más exitoso de la historia de River, con la obtención de siete títulos internacionales y de siete a nivel local.

Aquí, ocho anécdotas a lo largo de estos ocho años que quedarán en la historia de River, en la antesala del último encuentro oficial de Gallardo como técnico del equipo, hoy a las 17 ante Racing en el Cilindro:

1- Los primeros dos jugadores que sintieron en carne propia la exigencia de Gallardo fueron Matías Kranevitter y Ariel Rojas. Cuando en el comienzo del ciclo era suplente de Leonardo Ponzio, a Kranevitter le dijo, palabras más, palabras menos: “Sacá el culo de entre los centrales. Te quiero ver de mitad de cancha hacia adelante y ayudando a todos con la presión. Si te vas a parar retrasado, conmigo no vas a jugar”. A partir de entonces, el tucumano cambió por completo su juego y se convirtió en uno de los mejores mediocampistas centrales del fútbol argentino, agresivo y simple con la pelota. La frase que el Muñeco le destinó a Ariel Rojas fue: “Salí de esa quintita cómoda en la que jugás”. Con Ramón Díaz, el mediocampista jugaba al lado de Cristian Ledesma, como un interior izquierdo, y su radio de acción era más bien reducido. Gallardo, que al principio lo tuvo de suplente de Osmar El Malevo Ferreyra, le pidió más despliegue y dinámica, y desde entonces comenzó a pisar seguido las cercanías del área rival y también la propia. “Tenes que ir de área a área. Necesito mucho más de vos”. Al principio le costó un poco pero con el tiempo, ya adaptado al modo Gallardo, Rojas realizó a la perfección el trabajo que le pedía el técnico.

Kranevitter, uno de los primeros juveniles que brilló bajo el mando de Gallardo
Kranevitter, uno de los primeros juveniles que brilló bajo el mando de Gallardo

2- “Gabi, si no terminas la jugada en la línea de fondo rival, te voy a sacar. Necesito que pases seguido al ataque”. La amenaza de Gallardo a Gabriel Mercado, en el último trimestre de 2014, surtió efecto más temprano que tarde y el defensor, algo limitado con la pelota, se olvidó de esas dificultades y en base a determinación y personalidad se volvió un lateral de corte mucho más ofensivo. “Quiero que tengas mucho protagonismo en el campo adversario”, le insistió y es el día de hoy que Mercado le agradece a Gallardo que lo haya sacado de la zona de confort en la que jugaba, tratando de cumplir con sus responsabilidades defensivas y de vez en cuando colaborando con algún gol de pelota parada. El Muñeco lo transformó en un lateral mucho más integral y moderno, al punto de que Jorge Sampaoli terminó llevándolo al Mundial de Rusia 2018, en el que fue titular de la selección argentina.

3- Osaka, Japón, el 11 de agosto de 2015. River le ganaba 3 a 0 la final de la Copa Suruga Bank al Gamba Osaka y conseguía su cuarto título internacional en 245 días, después de la Sudamericana 2014, la Recopa Sudamericana 2015 y la Copa Libertadores 2015. Siete días antes, en el Estadio Monumental, había levantado la primera de las dos Libertadores que le dio Gallardo. Salvo para el Muñeco, todo era alegría en aquella nochecita japonesa. Faltaba poco para el cierre del partido cuando el técnico le dio una patada al botiquín de Jorge Bombicino. El kinesiólogo lo miró sorprendido y el técnico le respondió: “No puedo disfrutar. Estamos jugando mal”. Inconformista y exigente, no lo tranquilizaba ni una victoria por tres goles de diferencia que le daba a su equipo otro título internacional.

4- Al día siguiente de que Ignacio Scocco la rompiera en una victoria por 2 a 0 contra Olimpo, el 3 de febrero de 2018 en el Monumental, Gallardo discrepó con todos los medios gráficos que calificaron la actuación de Nacho con 8, 9 y 10 puntos. A sus colaboradores más cercanos les dijo lo mismo que al futbolista en privado: “Si no aprendés a jugar sin la pelota y no empezás a sacrificarte un poco más cuando no la tenemos, vas a jugar poco. Los mejores futbolistas son los que saben jugar sin la pelota”. El técnico fue crudo y frontal incluso luego del golazo anotado por Nacho al dejar en el camino a seis rivales para el segundo de su equipo. A la semana, Scocco habló con la prensa y dejó en claro que había aprendido la lección. “Tengo que aprender a jugar sin la pelota. Sé que le tengo que dar mucho más al equipo”. Alumno aplicado, “compró” el discurso del entrenador y desde entonces trabajó para ser un delantero más completo y solidario.

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Nacho Scocco, otro que brilló bajo la mano de Gallardo (Foto: Reuters)

5- Podría decirse que Eder Álvarez Balanta fue una víctima del método de trabajo de Gallardo. El colombiano no soportó ese nivel de exigencia y se fue de River al Basel de Suiza en julio de 2016, dos años después del desembarco del entrenador más exitoso de la historia del club de Núñez. Lejos de tolerar la presión que implicaba ser dirigido por Gallardo, pasó de ser uno de los futbolistas de mayor proyección del equipo a padecer los pedidos del técnico. Lo sintió como una carga y en cuanto pudo se fue a Europa, donde desde septiembre de 2019 forma parte del plantel del Brujas, de Bélgica. Incluso llegó a lesionarse antes de entrar a jugar un partido frente a Quilmes, el 8 de febrero de 2016. “Me exigí mucho en la elongación previa al partido. Fue justo antes de arrancar y no tuve tiempo de avisar”, dijo aquella vez el colombiano y agregó: “La intención era tratar de probar si con el paso de los minutos se pasaba y si era una molestia momentánea, pero no se pudo”.

6- Ante todo, Luis González se sinceró con él mismo. El 24 de junio de 2015 firmó con River un contrato por dos años, pero no lo pudo cumplir. O -mejor dicho- decidió no cumplirlo. Un día entendió que no podía seguir el ritmo que Gallardo quería en los entrenamientos y decidió irse de River. Fue doce meses después de su llegada, cuando decidió marcharse al Atlético Paranaense, de Brasil. “Marcelo quiere que estés siempre al palo, es muy exigente y yo lo entiendo perfectamente porque por algo le va tan bien en su carrera. Al ver que no podía responder como él quería, decidí irme”, le dijo a un amigo cuando ya había llegado a Brasil. Hoy es el técnico del Ceará y -seguramente influenciado por Gallardo- entre sus íntimos reconoce tener un perfil más exigente del que él mismo hubiera imaginado.

7- Desde que asumió, en junio de 2014, Gallardo impuso un sello: en los entrenamientos había que responder del mismo modo y con la misma entrega que en los partidos. Los futbolistas lo tuvieron claro de entrada: terminaban exhaustos cada jornada de trabajo en aquella primera pretemporada del ciclo, en Sunrise, en las afueras de Miami. Por eso el técnico en 2015 debió interrumpir más de un partido de práctica por la vehemencia con la que sus dirigidos iban a disputar cada pelota. Si no los frenaba, la cosa podía terminar mal en aquel River que tenía una defensa titular dura como pocas: Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Ramiro Funes Mori y Leonel Vangioni. En el fondo, a Gallardo eso le gustaba: nadie regalaba nada, como a él le gusta. Desde otro ángulo, José Paradela comprobó rápidamente lo que se rumorea en el ambiente del fútbol argentino respecto de la intensidad de los entrenamientos que comanda el Muñeco: el ex Gimnasia terminó vomitando varias veces durante el primer mes de prácticas con sus nuevos compañeros. En el conjunto de La Plata no estaba acostumbrado a correr tanto y a tanta intensidad, y su cuerpo lo sintió hasta que se acostumbró a la exigencia Gallardo.

8- Amistoso ante Saprissa en Orlando, el 8 de julio de 2018 en plena pretemporada. Entretiempo de un partido que River le ganaba 1 a 0 al equipo costarricense sin jugar bien. Gallardo reunió a sus futbolistas y les dijo, enfático y contundente en su mensaje: “Tenemos que provocar nosotros, con o sin goles. Es un entrenamiento, como un partido oficial pero en pretemporada. Por eso, reiteración de esfuerzo. Ta, ta, ta, ta. ¿No doy más? ¿Estoy cansado? Salgo. Mañana volvemos a trabajar. Pasado volvemos a trabajar. La puesta a punto es ésa. Si vas a trabajar sin esfuerzo, para pasarla bien, prefiero entrenar. Porque después, cuando vayamos a jugar un partido en serio, nos van a pasar por arriba. ¿Estamos? Estamos trabajando para hacer el esfuerzo”. Gallardo nunca tuvo piedad con esas cuestiones: el compromiso y la entrega no se negocian. En el segundo tiempo, River tuvo un poco más de actitud pero el resultado no se modificó y lo ganó por aquel gol de Ignacio Fernández en la etapa inicial.

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