Política

Susana Malcorra impulsa la participación de mujeres en ámbitos de poder: “Hay demasiada testosterona en las decisiones”

Susana Malcorra
La ex canciller Susana Malcorra

Tras haber dejado hace varios años el Ministerio de Relaciones Exteriores que supo ocupar durante la primera parte del gobierno de Cambiemos, Susana Malcorra decidió dedicar su tiempo a luchar por una causa con la que está “plenamente comprometida”, que es la de lograr una mayor presencia de las mujeres en los principales puesto de poder de los ámbitos internacionales.

Instalada en España, la ex funcionaria preside la GWL Voices for Change and Inclution, una organización que fundó junto a otras dos importantes lideres mundiales, como lo son Helen Clark e Irina Bokova, ex cancilleres de Nueva Zelanda y Bulgaria, respectivamente.

Volvió a Buenos Aires por primera vez desde que estalló la pandemia del coronavirus para participar de la XV Conferencia sobre la Mujer de América Latina y el Caribe. Lo hizo junto a María Fernanda Espinosa, ex presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas y ex ministra de Relaciones Exteriores de Ecuador, que es la actual directora ejecutiva de GWL.

Ambas comparten muchas cosas en común: una de ellas es que compitieron en su momento por ser secretarias generales de importantes entidades internacionales, Malcorra de la ONU y Espinosa, de la OEA, y en los dos casos perdieron ante un hombre. Sin embargo, en diálogo con Infobae, también coincidieron en que esos puestos van a quedar “inexorablemente” en manos de mujeres cuando sean las próximas elecciones.

La primera parte de la entrevista es a la ex canciller argentina:

— ¿Sigue vinculada de alguna forma a la ONU?

— Sigo involucrada, pero desde un ángulo distinto, que es el de la sociedad civil, armado un grupo que nos trajo a la Argentina nuevamente, que se llama GWL. Somos 63 mujeres que ocupamos posiciones importantes en nuestros respectivos gobiernos o en las Naciones Unidas, puestos de dirección, de toma de decisiones, y que estamos vinculadas con el objetivo de trabajar en dos cosas: en el empoderamiento y el derecho de las mujeres, que está retrocediendo, en el contexto del multilateralismo, y en la revisión y replanteo de la organización de la ONU que queremos en el siglo XXI. De hecho, las fundadoras competimos para ser secretarias generales y perdimos, y ahora nos juntamos en esta tarea, y en eso estoy.

— En 2016 buscó ser secretaria general de la ONU, después de todos estos años que pasaron, ¿hizo un análisis de su paso por la organización? ¿Por qué cree que no la eligieron para ese puesto?

Por supuesto que en este tiempo hice mi reflexión y un análisis de mi contribución a la ONU. Estuve 12 años allí, trabajé en el mundo humanitario, fui jefa de Gabinete de la Secretaría General y por supuesto que fue una experiencia increíblemente enriquecedora, y siento que, además de los aportes que hice, fue transformadora en lo personal. En cuando a por qué no me eligieron, yo creo que, en lugar de por mí, preguntaría por qué no una mujer. En 2015 había sido el festejo de aniversario de la ONU y todos decían que era obvio que después de tantos años la próxima secretaria general iba a ser una mujer. Éramos 13 candidatos, de los cuales siete éramos mujeres, que ocupamos Ministerios relevantes en nuestros países, que teníamos trayectoria, y parece que ninguna de las siete cumplía con las condiciones necesarias. Me parece que ese es un indicio de que hay algo así como un techo cristal, o no sé cómo llamarlo, pero lo cierto es que hubo un freno a una cosa natural, que era que después de 70 años apareciera en la pared en la que están colgadas las fotos de todos los secretarios generales, la de una mujer. Por eso yo hablo de la próxima secretaria general, no como posibilidad, sino como algo que inexorablemente va a suceder y no hay opción en eso, es algo absolutamente natural.

— Actualmente preside el GWL Voices for Change and Inclution, ¿de qué se trata esta iniciativa? ¿Cuáles son sus principales objetivos?

— Somos una organización que aboga por la instalación de los temas, no tenemos el proyecto de trabajar en el terreno, sino el de influenciar, tanto en las agendas públicas de los países, donde existan problemas, como en la de reforma en las Naciones Unidas. Somos muy activas, copresidimos una coalición de 440 asociaciones civiles. Queremos insertarnos en todos los procesos para que los cambios sean con visión de mujer. Estamos también trabajando en Afganistán, en Yemen, en conflictos importante, influenciando, mediando, generando canales privados que nos permitan ayudar a resolver esas situaciones y, al mismo tiempo, abordamos la problemática de las mujeres en esos conflictos, que siempre son las más afectadas en esos lugares, muchas veces olvidados a la luz de lo que está pasando en Ucrania, que se lleva todos los titulares, pero también existen otros conflictos.

— ¿Qué importancia cree que tendría para el mundo y las relaciones entre los países que la próxima secretaria general de la ONU sea una mujer? ¿Qué cree que podría cambiar?

— En Primer lugar, creo que las mujeres podemos aportar una perspectiva distinta. Yo no digo que todas las mujeres tengamos una visión feminista de los problemas, así como también hay hombres que sí la tienen. Con esto no quiero descalificar a los hombres, pero sí creo que tener a una mujer en la ONU, ante esta realidad tan compleja como la de ahora, aportaría una perspectiva nueva, superadora, generaría que haya una visión de diálogo más intenso. La realidad geopolítica está muy difícil y una mujer traería una visión más colaborativa. Está claro que no va a resolver los problemas en el mundo, que son muchos, pero generar espacios de diálogo me parece fundamental.

Susana Malcorra y María Fernanda Espinosa
Susana Malcorra junto a María Fernanda Espinosa

— ¿Cree que si eso ocurriese, además inspiraría a otros organismos e instituciones a seguir el mismo camino?

— Te corrijo, no es “si eso ocurriese”, esto va a ocurrir, tenemos que instalar la convicción de que después de 80 años de la ONU, tiene que haber una mujer al frente. Yo creo que sería una inspiración, no solo para el sistema de multilateralismo, sino también para los propios países. Hoy hay 22 países de los 193 que componen la ONU con una jefa de Estado mujer, lo cual es poco más 10%, por lo que pareciera ser que tiene que ser la hora de la representación más femenina. Esto debiera inspirar a los parlamentos, que en su mayoría tienen apenas el 25% de mujeres en su composición, aunque hay países en los que tienen 0%. También hay ejemplos como el de Ruanda, donde la representación llega al 50%, pero son los menos. Esto no es una cuestión de mujeres contra hombres, sino de mujeres y hombres trabajando juntos, codo a codo, para resolver los problemas actuales, que necesitan una perspectiva multifacética, por eso es importante la participación de ambos, pero como los hombres ya tienen su representación, luchamos por la de las mujeres.

— En un contexto global tan complejo como el actual, con la guerra de Rusia en pleno desarrollo, donde además hubo denuncias por violaciones a mujeres, ¿cómo se puede instalar la agenda del feminismo?

— Claramente, los conflictos afectan más a las mujeres, que son las que se quedan atrás, las que sostienen la economía familiar, pero además las mujeres y las niñas son armas de guerra, como ya lo hemos visto. Hay una técnica desarrollada, no solo en Ucrania, en todos los lugares, en la que se debilita al enemigo a través de la violencia sexual contra las mujeres, y esta es un arma de guerra que nosotros criticamos vehementemente. Hay demasiada testosterona en todos los procesos de decisión y es momento de poner calma y buscar soluciones a los problemas. Las cuestiones actuales son asuntos muy difíciles de resolver, cuando escuchamos a líderes autócratas dar respuesta sencillas, nos mienten. El cambio climático, la inequidad, la desigualdad de género, son temas que requieren de un abordado muy sensible y del interés global, y eso solo es factible si se representa a la sociedad en su totalidad, hombres y mujeres, al 50% cada uno. Estamos convencidos, y los datos así lo muestran, de que cuando una mujer aporta una solución, esta se sostiene más en el tiempo. Esto es estadísticamente así. Entonces, ¿por qué razón no hay más mujeres en las negociaciones? ¿Por qué cuando se negoció en Afganistán no hubo mujeres sentadas en esa mesa? Después llegaron los talibanes y pasó lo que pasó. No estamos usando todo el potencial que nuestra sociedad tiene.

Susana Malcorra, en su época de canciller (NA)
Susana Malcorra, en su época de canciller (NA)

— En el mundo, ¿cómo ve que está actualmente el proceso de incorporación de la mujer en los puestos de poder? ¿Ha habido avances?

— Hay avances tibios, pero cuando uno mira a la representación de las mujeres, y esto aplica también a las grandes multinacionales, porque en las principales empresas de Europa y de Estados Unidos son pocas las mujeres que están a la cabeza, uno ve que la representación en los directorios es muy escasa y todo eso hace que el aspecto social y económico siga en manos de los hombres. En mis orígenes, cuando era más chica, creía exclusivamente en la meritocracia, creía que el mérito lo era todo, pero después aprendí que es necesaria, pero no suficiente. Se necesitan también políticas propositivas, que obliguen a las empresas a incorporar a más mujeres, parlamentos que tengan un cupo de representación femenina, para que la voz de las mujeres se escuche, porque si es una sola en el desierto, su voz se pierde.

— ¿Qué pueden hacer los gobiernos para ayudar en ese proceso?

— Para empezar, los Congresos deberían producir legislación que apunte a esto. Nosotros venimos de dar una charla en la que hablamos de la economía del cuidado, que como se sabe está concentrado en las mujeres, porque son las que se encargan de las tareas de la casa y porque en el sector de la salud el 70% del personal es femenino. Esto quedó en evidencia durante la pandemia del coronavirus, en la que las mujeres tuvieron que dejar de trabajar para hacerse cargo de sus familias. Todo esto requiere de un reconocimiento, porque es trabajo no remunerado o en negro. Incluso, hay sectores en los que las mujeres ganan un 24% menos que los hombres por hacer las mismas tareas. Para cambiar esto se requiere de una legislación, una regulación, y explicitar la situación, poner en valor lo que pasa y hacer crecer la torta. Hay que implementar medidas para que las mujeres puedan tener una familia y trabajar, lo cual viene de la mano con la corresponsabilidad del cuidado de los hijos con los hombres, por ejemplo, pero también tener soluciones, y eso es algo que se puede hacer del Estado.

— ¿Podría pensarse en una agenda, como sucede con el cambio climático, que aborde de manera regional o incluso global la problemática de la desigualdad entre el hombre y la mujer?

Eso ya existe, porque, de hecho, está mencionado en el punto cinco de la Agenda 2030, el cual apunta a la igualdad, y es transversal a todos los otros puntos, además. No es que no haya agenda, es que no hay apropiación política de esa agenda, por parte de la política de los gobiernos, pero también es necesario un reconocimiento para entender que esto no es un problema de suma cero, no es que ganan terreno las mujeres y lo pierden los hombres, sino que se trata de ampliar las oportunidades para que todos ganemos.

— A nivel internacional, ¿qué organismos o instituciones ve que están más avanzados en cuestiones de género?

Me cuesta muchísimo. Fijate, por ejemplo, que en la Unión Europea ahora está Ursula von der Leyen, que es la presidenta de la Comisión Europea, y debés haber visto que cuando fue a visitar al presidente de Turquía junto a la otra pata de la UE, que es un hombre, a Von der Leyen la dejaron en una silla lateral. Te estoy hablando de Europa, que se supone que es una región avanzada. Y eso no fue lo peor, sino que lo peor fue que su colega europeo no registró el tema. Hay que visibilizar más, poner estas cosas en valor, porque son pérdidas de valor económico y social. No es algo que hacemos porque somos unas empecinadas activistas de las mujeres, somos unas empecinadas activistas de la sociedad, que tiene casi mitad y mitad de hombres y mujeres. Todos tenemos que estar representados.

— ¿Está de acuerdo con las últimas declaraciones del Papa Francisco respecto de que él viene de un pueblo muy machista, haciendo referencia a la Argentina?

— Es difícil no coincidir con el Papa. Creo que la Argentina tiene muchas características culturales con contenido de machismo, pero también fue pionera en temas muy importantes para las mujeres. Una de cal y una de arena. El voto femenino, por ejemplo, en eso el país ha sido pionero, y ese es un enorme avance. Me parece que tenemos que no ser autocomplacientes, porque todavía queda mucho para hacer, pero tampoco perder de vista que hubo muchas cosas que se hicieron. A veces es difícil traducir eso en cosas concretas, en impactos reales, porque lo más difícil no es crear estas iniciativas, sino que se implementen y funcionen.

— Si Juntos por el Cambio ganara las elecciones del próximo año, ¿volvería a ocupar algún cargo o es una etapa cerrada para usted?

— Yo creo que estoy en otro punto de mi vida, en otra circunstancia, haciendo otra cosa y apoyando una causa en la que creo muchísimo, en el mundo de los sistemas multilaterales. Creo que en la política argentina mi tiempo ha pasado, incluyendo por razones personales. Nunca se puede decir nunca, eso ya lo aprendí, pero por el momento creo que es una etapa terminada para mí.

María Fernanda Espinosa: “Creo que la OEA necesita un cambio y que debería ser una mujer su próxima secretaria general”

Susana Malcorra y María Fernanda Espinosa
María Fernanda Espinosa no buscará otra candidatura a secretaria general de la OEA

— María Fernanda, usted fue presidenta de la Asamblea General de la ONU, por su experiencia allí, ¿qué deudas cree que todavía tiene el organismo con respecto a la agenda feminista?

— Bueno, yo creo que el sistema multilateral y las Naciones Unidas tienen un rol fundamental en la legislación del derecho de las mujeres y la igualdad, por las distintas conferencias que desarrolla sobre el tema, por la icónica conferencia de 19998 de la mujer en Beijing, que ha sido la carta de navegación de las políticas de género en el mundo entero. Tenemos el Comité de Avance de los Derechos de las Mujeres, tenemos la Comisión sobre el Status de las Mujeres, varios mecanismos donde se reúnen los Estados para compartir, las experiencias nacionales, por lo que me parece que es un rol fundamental, incluso para acompañar a los países en avanzar con sus políticas de igualdad, porque a veces la competencia positiva genera avances positivos. Hay que añadirle a esto la lucha de los movimientos feministas en todo el mundo, que empujan a sus gobiernos y parlamentos a actuar en forma correcta. No es un proceso lineal, hay retrocesos grandes, como la pandemia, en la que se incrementó la violencia doméstica contra las mujeres y el trabajo no remunerado en los hogares, ya que la tarea de cuidadora, de garantizar el bienestar de las familias, de dar el alimento, es de las mujeres. Además, más del 70% del sistema de salud es femenino. Hay que desfeminizar el trabajo de cuidado, por eso estamos en Buenos Aires, para tratar esos temas.

— Además, fue candidata a secretaria general de la OEA en 2018, ¿por qué cree que perdió contra Luis Almagro?

— Bueno, yo pensaba que los países que apoyaban mi candidatura creían que era necesario un cambio en la OEA, porque la región estaba viviendo una mayor polarización, una falta de diálogo, entre los principales problemas que afectaban a la región, y a veces para eso está un secretario general, para ser más secretario y menos general, funcionar como un puente de acercamiento, dejar ejecutar los mandatos de los países, pero ser un gran facilitador. Ahora está bastante mejor la región, pero en ese momento el nivel de tensión era tremendamente notorio, eso es malo para la integración, pero más aún para las sociedades. Era un momento de cambio de conducción, de estilo, pero no se dio, y ese es el sistema. A diferencia de la ONU, en la OEA son los votos de los países y decidieron que querían que siguiera Almagro.

— ¿Le gustaría volver a competir por el cargo?

— No. Yo creo que eso fue en una situación en la que hubo una convergencia de países que me pidieron participar, me invitaron a ser candidata a secretaria general, pero yo creo que ya hay una decisión personal de no volverlo a hacerlo. Creo sí, firmemente, en que la OEA necesita un cambio y que debería ser una mujer su próxima secretaria general, porque nunca existió una secretaria general de la OEA mujer, y es tiempo. Creo que hay muchas mujeres, muy valiosas, que podrían dar la pelea y aportarle muchísimo a la OEA.

— ¿Por qué decidió sumarse a GWL?

— Yo he sido miembro desde que salí de mi rol de presidenta de AGNU y pienso que es una red maravillosa, compuesta de 63 mujeres, y sigue creciendo, todas con experiencia acumulada, y lo que nos junta es el deseo de que el sistema de multilateralismo se adapte mejor a esta nueva realidad, ponga a las mujeres y a sus derechos en el centro. Es un privilegio, es un placer, porque además de ser la directora ejecutiva de GWL, tengo una gran responsabilidad por delante y lo hago feliz, porque es un privilegio trabajar de la mano de Susana Malcorra y de tantas mujeres tan talentosas. Es un espacio muy necesario, porque no hay muchas redes trabajando por las mujeres desde el multilateralismo.

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