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Entrevista a Tomás Etcheverry: de la pérdida familiar que le cambió la forma de ver las cosas a la revolución tras su gran Roland Garros

Etcheverry, en su Roland Garros de ensueño: llegó a cuartos de final (REUTERS/Clodagh Kilcoyne)
Etcheverry, en su Roland Garros de ensueño: llegó a cuartos de final (REUTERS/Clodagh Kilcoyne) (CLODAGH KILCOYNE/)

Atravesó un 2022 difícil por la muerte de su hermana y comenzó la pretemporada 2023 con el temor de retroceder en el ranking y tener que volver a empezar, pero terminó jugando los cuartos de final de Roland Garros. Tomás Martín Etcheverry, de ser casi un desconocido a ser señalado como uno de los posibles futuros Top Ten.

La carrera de Tommy (La Plata, 23 años) se inició en plena pandemia, jugando lo que le permitían y lo que podía, por proximidad, presupuesto y por su ranking. En 2021 se lanzó al mundo en giras extensas, por un error de cálculo fue deportado desde Alemania por excederse en la permanencia dentro de Europa y, luego, estuvo encerrado en la Argentina por positivo de COVID-19. Después de algunos cambios en su equipo, el segundo semestre del año pasado le trajo una propuesta. Wally Grinóvero, su actual entrenador, le dijo: “Yo tengo un plan y sé cómo hacerlo”. Tommy y su tío Sebastián confiaron en él y comenzaron esta primera nueva etapa, que arrancó entre temores y culminó a todas luces en el Philippe Chatrier, frente al alemán Sascha Zverev.

– ¿Sabés o te contaron lo que significa “The last Eights”?

– ¡Sí, sí! -dice en una mezcla de entusiasmo, sorpresa y gratificación- Me enteré, me contaron que por haber llegado a cuartos de final, en donde sólo quedamos ocho jugadores, los últimos ocho, desde ahora tengo una credencial de por vida en Roland Garros, para cuando quiera ir. Sí, sí. Y lo tenía en mente también en octavos de final, porque sabía que me estaba jugando eso.

– ¿Y eso no te generaba una presión extra?

– Bueno, yo sólo lo tomé como una motivación más, pero algunos lo pueden tomar como una presión, porque si no ganás no entrás al Last Eight. Pero a mí me gustó, porque salí a jugar también un poco por ese premio. Lo que no sé bien es cuáles son todos los beneficios que esto te brinda -dice sonriendo-.

– ¿Cuándo te diste cuenta de que podías construir algo importante en el torneo?

– Es como que en un momento experimenté un cambio, yo empecé a confiar muchísimo más en mí y en mi nivel de juego. Y eso me hace sentir que le puedo ganar a cualquiera. Todo el año ha sido un gran año para mí, creo que ese proceso y todos los partidos que vengo jugando fueron la clave de todo el proceso. Entonces, llegué a Roland Garros muy bien preparado y, además, como uno de los máximos ganadores en polvo de ladrillo. Por eso pensaba “¿por qué no voy a hacer un buen torneo, si yo en esta superficie soy uno de los mejores del año?”. Y así fue que terminé entrando entre las ocho mejores. Por eso te digo que fue un proceso de todo el año y no es que hubo un partido o un momento en Roland Garros en el que dije “ahora puedo”. No, simplemente, siempre pensé que podía.

– ¿Te dabas cuenta de lo que ibas generando y de las expectativas que levantabas en la Argentina?

– La verdad es que sólo después de que terminó el torneo, recién ahí vi todo el revuelo que se armó. Por mis amigos, mi familia, por todas las cosas que me llegaban. Fue ahí que empecé a caer un poco más en lo que había hecho. Porque en ese momento, durante las dos semanas, fue como que estaba muy, muy bien enfocado en lo que había que hacer.

– ¿Cómo fue el recibimiento de tu familia, de la gente?

– Todos como locos, sobre todo mi novia y mi mamá. También, hacía mucho tiempo que no volvía, la última vez que había estado en Argentina fue para el torneo de Buenos Aires. Entonces, más allá de este Roland Garros, que fue para coronar la gira, la reacción también fue por los cuatro meses que no estuve acá. Por eso me recibieron todos muy contentos. Mi papá, que está en Miami, mis tíos que también están allá, para todos fue una alegría enorme y, sobre todo, para mis amigos.

– ¿Qué te cambió después de Roland Garros? ¿Te saludan más, no te cobran en los restoranes, te piden fotos, te cortan el pelo el pelo sin cargo?

– (Tommy se ríe, todavía guarda algo de pudor y un nuevo corte de cabello) La gente me empieza a conocer mucho más, la verdad que sí. Sobre todo en La Plata, mi ciudad, ahí me están conociendo muchísimo más, es un cambio.

– Para la gente eras casi un desconocido y, de pronto, en menos de dos semanas comenzaron a admirarte. ¿Por qué pensás que le entraste así?

– (Se toma un tiempo para responder, mira para arriba y comienza la devolución) Me lo estuve preguntando últimamente. Yo, simplemente, trato de jugar al tenis, que es lo que más amo en este mundo, y ser lo que soy, un chico muy tranquilo, que trata de seguir tranquilo. Yo siempre que puedo intento ayudar a las personas y trato de ser correcto, porque es lo que hay que hacer en la vida, ser buena persona es lo principal y está antes que el tenis. Yo disfruto muchísimo lo que hago y creo que eso es lo que le gustó a la gente, seguramente eso tenga que ver. Yo sólo soy como soy y es lo principal.

– ¿Cuáles son tus miedos?

– (Vuelve a hacer una pausa antes de responder) No, miedo… No sé si tengo miedo, hoy por hoy -otra pausa, se ordena, la pregunta lo llevó a sentimientos personales y profundos-. Simplemente, es que, la verdad, aprendí mucho el año pasado. Tuvimos una pérdida familiar muy grande y eso me cambió muchísimo la manera de ver las cosas (su hermana Magalí, 32 años, falleció en septiembre por un cáncer de mamas). Entonces, no sé si tengo miedo. Simplemente, quisiera que tengan buena salud todos mis seres queridos y, también para mí, para poder disfrutar de este hermoso deporte.

– Esto te afectó desde lo emocional y afectivo, ¿de qué te aferraste o en dónde encontraste el soporte para poder seguir jugando? Porque fue en plena gira.

– Sí, me encontraba afuera cuando recibí la noticia. Mi hermana batalló un año y medio con esa enfermedad de mierda, así que vimos toda esa lucha, todo lo que lo que ella luchó y luchó, y eso a mí me enseñó muchísimo. Y, por eso, ella se transformó en mi guía, porque veía toda esa pelea que ella daba. Es muy difícil, cada persona se la toma muy diferente a una situación así. A mi familia la golpeó muy duro, a todos, y hasta el día de hoy. Y cada uno hace lo que puede. Yo, simplemente, empecé a entender diferente a las cosas. Antes me hacía problemas por un montón de boludeces y estas situaciones, estas pérdidas, te hacen dar cuenta de que la vida pasa por otro lado y eso es lo principal. Cuando pasa esto es una desgracia, ¡enorme! Y empezás a entender otras cosas.

– Y si lo trasladamos al tenis, ¿cuál es tu temor?

– Por ahí, no lograr mis objetivos, pero la verdad que últimamente los estoy logrando. Así que creo que sería el tema de las lesiones, eso es a lo que todos los jugadores le tienen miedo, porque es lo único que por ahí uno no se puede controlar y que te puede impedir estar adentro de la cancha. Eso es lo que a nosotros más nos duele, porque si vos estás bien, siempre vas a tener la oportunidad de poder estar ahí adentro disfrutando y batallando, qué es lo que nosotros queremos.

– ¿Qué tenés que trabajar para llegar al top 20 o top 10?

– Yo creo que mucho el saque, el revés y mejorar la derecha, sobre todo para jugar en otras superficies. Y tenés que tener preparada la mente. La mente es un arma que hay que permanentemente trabajarla. En cuanto a lo físico, hay trabajos que estamos elaborando con los kinesiólogos que, a raíz de eso, después van a influir dentro de mi rendimiento en la cancha.

– Tuviste un Roland Garros casi perfecto y es bueno saber cómo lo fuiste atravesando, por lo que se viene.

– Lo tomé muy tranquilo, muy día a día y eso me ayudó mucho a mí a estar siempre enfocado, creo que esa fue la clave de haber conseguido hacer un gran torneo. Tampoco me volví loco por lo que estaba logrando ni por si pasaba algo en el medio, siempre estaba como equilibrado, esa sería la palabra, equilibrado.

– Lo que se viene es una larga gira de tres meses, que comienza sobre césped y termina en canchas duras. Vos decías que eras un jugador de canchas lentas, pero tu juego parece ideal para el césped y cancha rápido. ¿Cómo te ves en esa en este nuevo desafío?

– Le tengo muchas ganas, es lo que le dije a Wally -su coach-. Tengo ganas de ir. Tengo ganas de jugar mejor en esa superficie, porque aunque no me fue mal las veces que jugué, ahora siento que con los cambios que he tenido y por cómo estoy jugando, puedo hacerlo mucho mejor. Veo una buena oportunidad por delante y eso es lo que me motiva.

– No jugaste mucho en césped aún.

– Es cierto, muy poco, debo haber jugado dos veces en mi vida en pasto. Por eso, tengo todo por aprender y progresar. Además, no hay que olvidarse de que es el primer año completo que juego el circuito grande, es como que todo es aprendizaje. Pero voy con mucha confianza, es así, estoy jugando muy bien, muy bien -le pone énfasis-, y creo que lo puedo hacer mejor. Y mi tenis, como vos decís, está preparado exactamente para esas superficies.

– Tu tenis está preparado, ¿y vos estás preparado?

– Buena pregunta -se sonríe-. Eso es lo que vamos a ver -vuelve a reír-, veremos cómo siguen estos meses, pero vengo trabajando muy duro desde chico y tenemos un proceso que nos va mejorando y yo siempre traté de ser y de hacer lo que mejor puedo todo el tiempo. Así que, creo que estoy listo.

– ¿Qué significa o qué representa Wally Grinóvero para vos?

– Hoy por hoy, es mi guía. Él le aportó mucha fortaleza a mi juego, logró grandes cambios en mí, que yo creía que no lo iba a poder lograr y él lo consiguió. Pero, sobre todo, me ayudó a ver el tenis de otra manera, por así decirlo. Empecé a aprender y sigo aprendiendo día a día. Aunque lo más importante es que Wally es una gran persona y eso es lo principal.

– Apoyás la cabeza en la almohada y soñás… ¿ganar Roland Garros, tal vez?

– ¡Sí, sí, sí! Ese siempre fue mi sueño de chico.

Tommy Etcheverry jugará los torneos de Eastbourne y Wimbledon, sobre césped, para luego cruzar el Atlántico y disputar los Masters 1000 de Canadá y Cincinnati, para culminar la gira, a mediados de septiembre, con el US Open. Luego, regresaría al país, en donde formaría parte del equipo argentino de Copa Davis que enfrentará a Lituania.

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