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James Rodríguez y la última oportunidad de reconstrucción: ¿el mejor de todos o el “mecenas de los burdeles”?

Una inteligencia artificial vaticinó lo que será el paso de James Rodríguez por Sao Paulo. Foto: Sao Paulo (Twitter)
Una inteligencia artificial vaticinó lo que será el paso de James Rodríguez por Sao Paulo. Foto: Sao Paulo (Twitter)

Un colombiano de 16 años espera en la parada del colectivo 501 y piensa. Está en el Cruce de Lomas, cuenta los 75 centavos que lo llevarán hasta el centro de Monte Grande, un viaje de 5, 10 minutos hasta llegar al departamento en el que seguirá pensando. Está a más de 7 mil kilómetros de Cúcuta, de su mamá, de las arepas, de sus amigos, de su música. Creía que iba a llegar a Argentina para jugar en Primera y no logra acomodarse a los partidos de la Cuarta. Tiene un frasco de gel, compró un par de remeras ajustadas con palabras italianas estampadas en el pecho. Con las palmas de las dos manos y con sumo cuidado, moldea una cresta en su pelo. Y espera que al otro día no lo hagan correr tanto.

Quince años después, James Rodríguez pasó por 10 clubes en 10 países distintos. Arranca ahora su aventura en San Pablo, es la vuelta a Sudamérica, con el objetivo de una reconstrucción tras varias etapas erráticas en las que juntó más plata que satisfacción.

James Rodriguez
James con su mamá en Cúcuta, Colombia, donde creció

Vuelve a Brasil, el país en el que encontró el clímax cuando en 2014 fue goleador del Mundial. Y el destino le puede hacer un guiño si debuta este domingo ante Flamengo en el Maracaná, el mismo sitio en el que hizo su mejor obra con el golazo a Uruguay por los octavos de final de aquella Copa del Mundo.

Jugó a ser Cristiano Ronaldo frente al espejo y jugó con su ídolo de carne y hueso en el Real Madrid. Tuvo cortocircuitos con la mayoría de sus entrenadores. Superó con sufrimiento sus trastornos en el habla. Se autopercibe dentro del podio de los mejores jugadores colombianos de toda la historia. Según la plataforma Celebrity Net Worth construyó una fortuna de 80 millones de dólares. Más allá del fútbol, invirtió en muchos negocios, desde agua mineral hasta de piezas de NFT, pasando por locales de venta de café en Ibagué, Tolima, Bogotá y Medellín. La novedad más reciente es un restaurante de cocina italiana que inauguró en la zona Nogal de la capital colombiana. Con capacidad para más de 120 mesas, un bar subterráneo, platos que llegan a 340 mil pesos colombianos (alrededor de 80 dólares) y show de cantantes de ópera. En Colombia, toda la expectativa que generó y que supo plasmar durante sus primeros años de carrera, esa idea de ser el nuevo Pibe Valderrama, se fue opacando por lesiones, desplantes y polémicas por su conducta dentro y fuera de la cancha. Perdió el crédito. Si hasta le cuestionan el nombre del nuevo restaurante: Arrogante.

James cuando jugaba en Inglaterra, uno de los diez países por los que llevó su juego
James cuando jugaba en Inglaterra, uno de los diez países por los que llevó su juego (CLIVE BRUNSKILL/)

“Eran otros tiempos”, resume un integrante del plantel de Banfield 2008. Bajo ese paraguas aparecen todos los episodios en los que James, que había debutado en Primera a los 14 años en Envigado y ya había logrado un Ascenso siendo una pieza clave del equipo, amagó con volverse a su país.

Silvio Sandri, el empresario que lo trajo a la Argentina y que lo alojó en su casa los primeros días, era quien escuchaba los reclamos:

-¿Por qué ese hijo de puta no me llama por mi nombre? Colombianito me dice. ¿Quién se cree que es? Me tiene corriendo alrededor de la cancha todo el día. No quiero ir más.

-Yo vine acá para jugar en Primera y me tienen con la Cuarta.

-No me gusta la comida de aquí. Extraño la comida de mi madre, a mi novia, a mis amigos.

Como muchas de las cosas que salen bien en nuestro fútbol, la llegada de James se dio casi sin querer. Porque si bien las imágenes del DVD que Sandri le mostró a Héctor Clide Díaz, gerente de fútbol de Banfield, reflejaban un talento irreprochable, la idea de invertir en un colombiano de 16 años no terminaba de convencer al presidente Carlos Portell.

Banfield le envió un mensaje de cumpleaños a James Rodríguez. Imagen: @CAB_oficial.
James Rodríguez con la camiseta de Banfield, club que nunca lo olvida

El click llegó durante una gira con la selección argentina por Estados Unidos, donde Portell escuchó despotricar a Juan Carlos Crespi porque Boca no había logrado abrochar a una joya colombiana que semanas atrás le había recomendado Chicho Serna. Decía Crespi que el pibe estaba negociando con otro club de Argentina. Y Portell, sin necesidad de confesión alguna, se convenció.

En Brasil están sorprendidos por lo bien que habla portugués. No solo se lució con el speech para la presentación oficial, si no que en su primera conferencia de prensa se sentó ante los periodistas y respondió todas las preguntas en el idioma local. “Habla mucho mejor que en español”, escupieron en Twitter.

Es que James conoció el portugués cuando llegó al Porto y en ese momento comprendió mucho de lo que había trabajado con un logopeda durante su infancia en Colombia. Todos los problemas de tartamudez que aparecían en su idioma natal se esfuman cuando la lengua es otra, algo habitual en muchas personas que atraviesan el trastorno.

La llegada a San Pablo se da luego de un nuevo paso en falso en su carrera. La barra del Olympiacos lo despidió de Grecia con un comunicado fulminante: “No tiene como prioridad el fútbol. Era un mecenas de los burdeles”.

James Rodríguez Rafinha San Pablo
James con Rafiña el día de su llegada a San Pablo. Habla el portugués con facilidad tras su paso por el Porto

El asunto disparó un par de párrafos más en los habituales artículos de los medios colombianos sobre los problemas de disciplina del futbolista. Y en esa cadena, más allá de los asuntos privados, sobresale la inestabilidad desde su salida del Real Madrid. Ni en Everton, donde llegó cobijado por Carlo Ancelotti, pero terminó peleado con Rafa Benítez, ni en el Al-Rayyan de Qatar ni en su último paso por Grecia pudo acercarse a las expectativas.

“Que ponga el retrovisor para recordar los momentos difíciles del pasado, agachar un poquito la cabeza y salir adelante”, resume Hugo Castaño, su primer DT, el que lo hizo debutar con Envigado cuando tenía 14 años.

James nació en Cúcuta, en la frontera con Venezuela. Su nombre lo eligió su padre biológico y nada tiene que ver con el Agente 007. En aquellos primeros tiempos de entrenamientos en Luis Guillón se enojaba cuando lo pronunciaban con tono británico. “No es Yeims, es James”.

Wilson James Rodríguez también fue futbolista: jugó en Cúcuta, Envigado, Cali, Tolima y las juveniles de la selección Colombia. “No le pegaba con la punta -dice-, sino con el empeine. Jugaba de ocho o de diez también, igualito a James”.

Se cumplen nueve años del histórico gol en Brasil 2014
James marcó el mejor gol del Mundial 2014 (Mauricio Alvarado/)

Pero Wilson no fue quien lo crió. Se separaron cuando el nene tenía 5 años. María del Pilar Rubio, madre y sostén principal de James, se cansó de las peleas por los problemas de adicción al alcohol de su pareja, y se mudó con su hijo a Ibagué, al centro del país. Allí conoció a Juan Carlos Restrepo, la verdadera figura paterna con la que creció el nuevo jugador del San Pablo.

– ¿Me tengo que leer todo esto, Juanca? -, suplicaba James mientras volvía a abrir “Cien años de soledad”. El anzuelo para sacarlo de la PlayStation y llevarlo un ratito a la novela de Gabriel García Márquez era la promesa de acompañarlo a entrenarse a la Academia Tolimense, allí donde empezó todo.

“James es considerado aquí uno de los mejores jugadores de la historia colombiana -asegura el periodista de El Espectador, Nelson Fredy Padilla Castro, quien retrató la infancia del futbolista en un libro-. Si revisa su hoja de vida verá que no ha habido otro colombiano con los triunfos que él ha conseguido a nivel de mundiales, ligas y selección nacional”.

“Sin embargo -aclara Padilla-, como es un fenómeno social cualquier cosa que haga o diga, sus redes sociales impactan a cien millones de personas, siempre hay muchos interesados en criticar o destruir. Desde que lo vi y lo conocí en La Bombonera cuando fue campeón con Banfield contra Boca (2009) y luego en Brasil 2014, no he visto a ningún otro colombiano con esa calidad”.

En el libro, James es el personaje central de una investigación sobre 14 niños colombianos que intentan superar la pobreza y la violencia a través del fútbol. “Apenas otros dos de esa generación lo lograron: Juan Fernando Quintero y Mateus Uribe. Ahora, Lucho Díaz va por buen camino”, subraya el autor.

James Rodriguez
El Pibe Valderrama se saluda con James, dos figuras históricas de la selección colombiana

De reconstruirse se trata. Y en ese sentido, la competencia será más demandante que en las últimas dos escalas de James. “San Pablo es un reto mayor a que si hubiera optado por la MLS en Estados Unidos, como se rumoró. El fútbol brasileño es mucho más competitivo y lo mantendrá en mejor nivel pensando en sus intenciones de seguir siendo parte de la selección nacional”, apunta Padilla. Y cree que “puede ser el último reto profesional de alto nivel” antes de terminar su carrera en la MLS, Argentina o Colombia.

Cosechó 24 títulos, entre los que se destacan la Europa League con el Porto y dos Champions con el Real Madrid. Ahora, con 32 años y varios más para enderezar el rumbo la nueva etapa asoma como una bisagra. “James fichó en San Pablo para ser feliz jugando al fútbol -subrayó su excompañero Souza-. No es algo económico, si fuera por la plata habría elegido otra liga. Quiere rescatar la alegría de jugar”.

Cuando quedó libre a mitad de año, Julio Barraza, ayudante de campo de Falcioni en Banfield y excompañero de James en el equipo campeón de 2009, le escribió por WhatsApp al colombiano. “Ahora que estás sin club, fijate si pensás en la vuelta para acá -contó en el streaming de @soypedrofacio- así hacemos historia de nuevo…”

James Rodríguez fue el encargado de presentar la nueva camiseta de São Paulo, junto con Lucas Moura, en la última jornada de la Serie A de Brasil. Foto: São Paulo
James Rodríguez fue el encargado de presentar la nueva camiseta de São Paulo, junto con Lucas Moura, en la última jornada de la Serie A de Brasil

La vuelta para acá, tras más de 120 días inactivo, es en Brasil, el lugar del clímax. Es el décimo club y el décimo país para James. Envigado (Colombia), Banfield (Argentina), Porto (Portugal), Monaco (Francia), Real Madrid (España), Bayern Múnich (Alemania), Everton (Inglaterra), Al Rayyan (Qatar), Olympiacos (Grecia), San Pablo (Brasil).

Para encontrar la última alegría grande del San Pablo hay que ir hasta la conquista de la Copa Sudamericana 2012 en aquella bochornosa final contra Tigre con policías en el vestuario, peleas, suspensión y Pipo Gorosito desencajado en vivo ante las cámaras. La última década enrostra las peores campañas del Tricolor, tanto a nivel internacional como local, con tres campañas que casi lo mandan al descenso en 2013, 2017 y 2021. Ni siquiera los golpes de efecto con contrataciones rutilantes como la de Dani Alves le dieron resultado.

Es la mochila que le corresponde ponerse a James. Ya lo recibieron 50 mil personas en el Morumbí, ya tiene una selfie con el expiloto de Fórmula 1 Felipe Massa, que fue a un entrenamiento y llevó a sus hijos para conocerlo. Ya fue noticia su camioneta Mercedes Benz valuada en 120 mil dólares. Ya se escribieron en potencial artículos sobre su romance con una influencer. Y ya le sacaron fotos en un boliche con el cantante Luan Santana y varias modelos. Mientras ocurría esa fiesta, San Pablo perdía contra San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro.

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