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Brilló en Belgrano, ganó un título histórico con San Lorenzo y hoy atiende una casa de quiniela: “Sé lo que es vivir abajo y también arriba”

Javier Arbarello
El Perro, con el Nuevo Gasómetro de fondo, donde vivió muchas alegrías (@lacuerveria)

Con 54 años, Javier Arbarello está instalado en Ballesteros, Córdoba, desde hace más de dos décadas. Volvió a su ciudad natal tras el retiro para vivir una vida alejada del fútbol profesional. “Tengo una quiniela y un local de cobranzas de servicios. Hay que estar todo el día acá adentro. Te demanda mucho tiempo”, cuenta el ex delantero que desde joven supo cómo ganarse el pan como integrante de una familia de nueve hermanos que ayudaban a sus padres a salir adelante.

“Antes de llegar a Belgrano a los 23 años, ordeñé vacas, fui panadero y albañil. Vengo de una familia muy humilde. Sé lo que es vivir abajo y también arriba”, remarca el Perro Arbarello, que arrancó su carrera en Alumni de Villa María en 1991 y una temporada más tarde recaló en el club del Barrio Alberdi, donde atravesó su mejor etapa como futbolista.

Producto de su buen andar, el Bambino Veira puso los ojos en él y lo pidió para que llegara a San Lorenzo de Almagro, donde ganó el tan ansiado campeonato de 1995 tras 21 años de sequía. “Algunos hinchas me dicen que es más importante aquel título que ganamos que la Copa Libertadores 2014″, sostiene el cordobés que disputó 18 de los 19 partidos del Clausura 95.

Tras un tránsito exitoso por el Ciclón, pasó por Platense durante una temporada y concluyó su carrera en Juventud Unida de San Luis sumando muy pocos minutos en cancha previo a sufrir una lesión que lo llevó al retiro profesional. “Ahora tengo algunos kilos de más. No tengo el físico de cuando jugaba y disfruto más del asado que de otra cosa (risas). No me privo de comer bien”, revela en un mano a mano con Infobae.

– ¿Qué es de tu vida, Javier?

– Estoy instalado en Ballesteros desde que dejé el fútbol profesional. Estuve ligado como director técnico en Talleres de esa localidad, un club de mi lugar de origen. Pero desde hace un tiempo me abrí para manejar negocios familiares. Además, trabajé en la Secretaría de Deportes de la Municipalidad de mi pueblo en la parte de gestiones de fondo para armar un polideportivo que se hizo con fondos nacionales.

– Fuera del ámbito futbolístico, ¿a qué te dedicas?

– Tuve un almacén y lo cerré. Hoy, estamos con otras actividades que hacen a la vida cotidiana de una familia, que nos dan de comer a todos. Tenemos una agencia de quiniela y de cobranzas de impuestos (Rapipago). Hace tres años y medio que llevamos a cabo estos emprendimientos y por suerte funciona bien. Ambos negocios quedan en el centro del pueblo, en la parte de adelante de mi casa. Está ubicado en un lugar estratégicamente bien pegado a una cooperativa, a media cuadra.

– ¿Se notó el cambio de vivir del fútbol primero y luego llevar adelante emprendimientos personales que no están ligados a la pelota?

– Fue un cambio absolutamente normal, no me afectó en nada. Cuando jugábamos en la década del 90 no se pagaba lo que cobran hoy los futbolistas, ni ganábamos el 1 por ciento de lo que perciben hoy, ya que cuando los jugadores se van al exterior firman un contrato millonario y se salvan de por vida. Lo mismo los que pasan por River y Boca. Es más, en mi época era muy baja la posibilidad de irte al exterior, ya que existían cupos de extranjeros reducidos. En la actualidad es libre, y encima existen las ligas de los Estados Unidos y de Arabia Saudita con sueldos importantísimos.

Perro Arbarello
El Perro Arbarello, en una reunión del San Lorenzo campeón en 1995

– ¿A qué edad debutaste?

– A los 23. Tuve un pasito de diez años y no amasé una fortuna para salvarme de por vida. La tenemos que luchar, pero por suerte estoy bien y mi familia también. No me afectó para nada el cambio. Hoy estoy en el medio y me enteré que a varios ex jugadores les afectó un montón el cambio pero a mí no, por suerte. Lo único es que extraño el fútbol porque me gusta jugar mucho a la pelota y disfruto de lo que esta profesión me dejó.

– ¿Cómo qué?

– Los amigos que conocí en el mundo artístico, político y deportivo, en todo aspecto. Es más, cuando voy a ver las carreras de caballos a Buenos Aires me encuentro con mucha gente amiga dentro del turf. También en el periodismo como Mariano Closs, Marcelo Benedetto, el Ruso Ramenzonni y Gustavo López. Disfruto mucho de eso, más allá de lo que me haya quedado en la parte económica.

– ¿Te pasó de tener amigos del “campeón”, como los definió en su momento Diego Maradona?

– Sí. Cuando estás en la cresta de la ola, mirás a tu lado y tenés como 300 amigos del campeón, nada más. Pero yo no reniego de eso, porque lo tenía bastante claro. Hoy, alejado de todo sabés quiénes son los amigos de verdad. Hoy, el que se arrimó cuando estuve en mi mejor momento lo saludo y nada más, pero valoro más al que estuvo siempre, al de la infancia. Con tal de tener a mis verdaderos amigos y a mi familia, soy feliz y los demás son secundarios.

– Hiciste un poco de todo en tu vida además del fútbol….

– Sí, hice de todo porque antes de ser futbolista tuve que ayudar a mis viejos. Ordeñé vacas, fui albañil. Integro una familia numerosa con ocho hermanos junto a mis padres, que hoy ya no están. Éramos once y todos debíamos ayudar en la casa. Tuve que trabajar de otras cosas, y lo del fútbol se fue dando de a poco. Me fui a Belgrano a los 23 años previo a jugar en un club de mi zona, donde competí en campeonatos provinciales, del Interior y de la Liga cordobesa. De mi pasado no me olvido de nada ni reniego. Yo dejé el futbol a los 33 y hoy tengo 54. Luego, volví a la vida normal porque el futbolista vive en una burbuja. En la actualidad, a los jugadores no les afecta la realidad que vive el país porque viven en otro mundo, aunque merecidamente ganado lo tienen. Hice de todo en mi vida y siempre le agradezco a Dios que me dio la posibilidad de haber sido futbolista.

– ¿Dónde pasaste tu mejor etapa como jugador?

– En Belgrano, durante dos años y medio. Luego, estuve cuatro temporadas en San Lorenzo y un año en Platense. En el Ciclón tuve altibajos en el campeonato que ganamos en 1995 porque había partidos que me tocó jugar y otros que no. El Bambino Veira decidía a veces jugar con el Pampa Biaggio, conmigo o con el Gallego González. En otros encuentros, íbamos rotando pero muchas veces me tocaba entrar. Tuve buenos rendimientos. Lo de San Lorenzo fue muy positivo y me tocó estar dentro de un plantel que salió campeón y en el torneo de las 19 fechas jugué 18. En el único que falté fue producto de una lesión. Entonces, fui parte de ese equipo que se consagró luego de 21 años.

– ¿De qué manera se vivió aquel último partido en Rosario ante Central previo a consagrarse campeón?

– Fue único. Contarlo es una cosa, vivirlo otra; no lo puedo describir con palabras. En aquel momento no tomé tanta dimensión como lo hago ahora, todavía me pongo a ver y repasar ese último partido y recién caigo de lo que hemos logrado. Tiene más valor haber sido campeón en el fútbol argentino que la plata que gané siendo futbolista. Como también haber jugado una copa Libertadores en instancias finales y enfrentar a River, el haber jugado amistosos en España e Italia, donde fuimos invitados por habernos consagrados en el fútbol argentino. También, haber jugado en las canchas más importantes del país y en otros estadios de Sudamérica. Me quedo con todo eso porque fue lo que me dejó el fútbol por encima de otras cosas.

Perro Arbarello
Grito de gol con la casaca de Belgrano, donde asegura haber mostrado su mejor nivel

– ¿Qué virtud destacás del Bambino Veira como líder del grupo de trabajo?

– Cuando estábamos fuera del entrenamiento y compartiendo una comida siempre se mostraba de buen humor, un tipo muy humano. Cuando yo no me sentí bien en lo deportivo, se me acercó para hablarme y acompañarme. Estuvo ahí preguntándome cómo estaba. La verdad que conmigo se portó muy bien. Además, muy serio para laburar y motivador por sobre todas las cosas. Recuerdo que perdimos el partido con Vélez en Liniers por 1 a 0 y parecía que el mundo se nos venía abajo ya que teníamos una ilusión muy grande de ganar el torneo. Entonces, entramos al vestuario visitante con la cabeza baja, por el piso, y él ingresó con mucha euforia y nos dijo que debíamos levantar la cabeza para lo que venía porque eran todas finales. Nos inyectó buena energía, salimos de ahí y el encuentro siguiente contra Lanús en el Nuevo Gasómetro lo ganamos 1 a 0. Después, la arenga que hizo para que a Rosario viajaran 25 mil hinchas fue increíble.

– Que hicieron mucho sacrificio para estar en Arroyito, ¿no?

– Sí. Conozco gente que se ha ido a dedo desde distintos lugares del país hacia Rosario. El otro día me encontraba en un pueblo que se llama El Dorado y me crucé con un hincha que me dijo que en aquel momento que fue caminando a Rosario sin plata para ver el partido contra Central y que a otros hinchas en la puerta del estadio los hicieron ingresar. Mirá todo lo que uno ha provocado y para mí la principal motivación que siempre tuve para jugar fue la gente.

– ¿Qué pensabas?

-”Yo por esta gente debo tirarme al piso y no guardarme absolutamente nada”, dije en su momento y lo llevé a cabo. Lo mismo cuando jugaba en Belgrano, que sufría problemas económicos, no cobrábamos ni teníamos para bañarnos, y sin embargo, dejé todo en la cancha.

– ¿Cómo manejaron la presión de ser San Lorenzo y tener que consagrarse campeones luego de 21 años?

– Fue un desafío importante que nos trazamos los integrantes del aquel plantel de jugadores y cuerpo técnico junto a los dirigentes. Le teníamos que devolver la alegría a la gente después de tanto tiempo. Éramos muy conscientes, y la motivación era que, sí salíamos campeones, podíamos quedar en el recuerdo de los hinchas para toda la vida y en la historia grande del club. Escucho a hinchas de San Lorenzo que me dicen que es más importante el título ganado en 1995 que la Copa libertadores 2014.

-¿Más importante que la que ganó el Ciclón con Edgardo Bauza?

– Sí, algunos hinchas me dicen eso. Yo les digo “no es para tanto”. Pero cada uno opina lo que quiere y siente. Pasa que fueron muchas generaciones que no habín visto campeón a San Lorenzo, y esa fue la primera vez que lo hicieron. Ese título tiene un sentimiento familiar. Recuerdo que Matías Lammens, el ministro de Turismo y Deportes de la Nación, un día me dijo que cuando era chico y lo llevaba su papá a la cancha, gritó un gol que marqué en el Nuevo Gasómetro contra Boca y es un recuerdo inolvidable para él, que le dio mucha satisfacción. Por eso digo que fue un sentimiento familiar ganar ese torneo.

– ¿Siguen en contacto los integrantes de aquel plantel campeón?

– Sí, tenemos un grupo de WhatsApp y se llama “Plantel del 95″. Están todos. El Cabezón Oscar Ruggeri, el Flaco Passet, Paulo Silas desde Brasil, Eduardo Bennett que está en Honduras, Gustavo Quinteros, el Diablo Monserrat, Fernando Galetto, entre otros. Hablamos casi todos los días, nos saludamos y escribimos sobre todos los temas. Hablamos del actual equipo azulgrana y sobre el trabajo que hizo Ruben Insua como entrenador, que es muy importante porque le tocó remar en un momento muy complicado del club, tanto en lo institucional como en lo deportivo. Se las arregló con lo que tenía, sin poder hacer grandes incorporaciones y en eso coincidimos todos.

– Tras dejar el conjunto de Boedo, recalaste en Platense que estaba en Primera División. ¿Qué cambio percibiste de un equipo al otro?

– Estaba Carlos Picerni como entrenador y sus ayudantes de campo eran Gerardo Tata Martino y Roque Alfaro. No tuve tanta exposición como en San Lorenzo, pero pasé un año lindo. Me tocó jugar con grandes jugadores e hicimos un gran torneo para mantenernos en Primera. Por ejemplo Pipi Vattimos, Fabián Cancelarich, Pablo Erbín, el Pelado Moner, el Ruso Claudio Sponton, el Turco Hanuch, entre otros.

Perro Arbarello
Con el Bambino Veira y el doctor Rodofile, símbolos del Ciclón

– ¿Por qué te retiraste a los 33 años?

– Porque tuve una lesión en el tendón de Aquiles. Tuve que operarme para poder caminar bien pero me imposibilitaba jugar a la pelota. Me retiré bien porque no tuve ninguna lesión de rodilla. Hoy juego muy de vez en cuando, porque le tengo miedo a la lesión de rodilla y no quiero volver a sufrir lesiones porque tuve muchos desgarros en los últimos tiempos. Para ir a jugar, debe ser muy relajado el partido para moverme un rato. Además, no tengo el físico de ese momento, sino algunos kilos de más porque comemos unos asados que hoy son más importantes que el fútbol (risas). No me privo de comer bien. Nunca tomé alcohol ni me drogué ni fume ni nada; no tengo ningún vicio. Llevé, y llevo a cabo, una vida muy ordenada en lo deportivo y en lo personal.

– ¿Qué delantero del fútbol es del perfil del Perro Arbarello?

– Sebastián Villa, el ex Boca, cuando jugaba en Argentina y hoy Ramón Sosa, el de Talleres de Córdoba, que tira muchas diagonales. Me siento identificado con ellos; otros no hay. Hoy cambió mucho la manera de jugar. En mi etapa, jugábamos con alguien bien por afuera y un 9 definido. Algunas veces jugaba con Biaggio y otras veces me paraba con el Pampa y el Gallego González. En Belgrano me destacaba por afuera y por adentro estaba el Luifa Artime.

– Por último, ¿por qué te dicen Perro?

– Un vecino de Ballesteros me lo puso cuando era chiquito por cómo jugaba y corría. Me decía que me parecía a un perro galgo por la manera de correr. Yo era flaquito y rápido. Êl decía “corre como un perro galgo”. Me lo repitió tantas veces que me quedó, y todavía me lo dicen.

Perro Arbarello
En Platense, donde recaló luego de su paso por Boedo. Allí, el ayudante de campo era el Tata Martino

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