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Maxi Savoretti: El “CURA” de las carneadas

El periódico «Nuevo Diario» de Villa María reflejó que para reunir fondos que permitan refaccionar el templo de la localidad, el sacerdote apeló a uno de los rituales gastronómicos del hombre de campo: produjeron chacinados y los vendieron a la comunidad. Hubo otros aportes económicos, pero la actividad movilizó a muchos colaboradores.

“El padre Maxi está haciendo carneadas para costear refacciones en el templo…”. La voz ganó las calles del pueblo y encontró de inmediato el eco de quienes respondieron con la compra y otras donaciones.

El sacerdote, Maximiliano Savoretti hace poco tiempo que está a cargo de las celebraciones religiosas en Ticino, Pasco y Ausonia. Esta vez de manera distinta al reparto habitual de las tareas y los templos, pero que “con mucho gusto hemos aceptado”, dijo. Savoretti admitió, además, que “son varias las carneadas ya”, a partir de la cual se compran o reciben chanchos donados para la elaboración de chacinados, los que “se venden antes de salir a ofrecer”. “Es una repuesta de la comunidad por una causa que los involucra”, marcó.

Los que saben hacen toda la factura, yo solo me dedico a cortar los dados” (risas).

El templo de Ticino está en trabajos de refacciones “externas e internas”, afirmó el sacerdote, lo que demanda una inversión “muy importante, que encontró respuesta de todos”. En ese marco, explicó que contrataron una empresa de Villa María, porque es necesario ejecutar trabajos en altura. El monto necesario tuvo los aportes de la Municipalidad y el Grupo Lorenzati con un millón de pesos, más unos 300 mil de parte de la Cooperativa de Servicios Públicos, Vivienda y Crédito local, que se suma a lo recaudado con las carneadas. De todas maneras, la cifra total de los arreglos y pintura superan los tres millones de pesos, por lo que el esfuerzo debe continuar.

Desde Villa Nueva

Pero el padre Savoretti, que está haciendo su experiencia en este oficio, prefiere señalar que “los que saben hacen toda la factura, yo solo me dedico a cortar los dados” (risas). “No tengo experiencia, pero me gusta estar con la gente”, agregó el párroco oriundo de Monte Buey y que lleva 18 años como sacerdote.

Recordó que “van varias carneadas ya”. “Esta iniciativa se había dado en Villa Nueva, a partir de un vecino que tuvo esa idea y siempre se vendió todo, rápido”, contó Savoretti, quien fue párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario.

Esta vez en Ticino, incluso, “dos días antes de la carneada, ya se había vendido todo y después cada familia elige si secar los chacinados o cocinar y comer enseguida”.

Fueron tres las ocasiones de este año en las que Savoretti e integrantes de la parroquia pusieron manos a la faena, habiendo adquirido uno de los cerdos en Estancia Yucat, para la primera carneada, otros dos de Costamagna para la segunda y tres de Dichiara y Bastino para la tercera

La carneada es un momento de celebración en las poblaciones de la región, colmadas por descendientes de inmigrantes italianos y españoles que arrastraron sus costumbres por estas pampas y hacen de esos días una gran fiesta.
Es parte de la cultura del hombre de campo, cada invierno en muchos establecimientos la carneada de cerdo es un “ritual” que fue pasando de generación en generación. El objetivo inicial, aprovisionarse de alimento y pasar, durante su proceso de elaboración, un momento agradable entre familiares, amigos y vecinos.
No es llamativo que pase a ser parte de festivales y en el propio Ticino se la había trasladado como un espacio dentro de la Expontánea, aunque no lo fue en la edición 2022.
Fuente: El Diario

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